09 enero 2005

No asustarse...

... si de pronto el blog desaparece o empiezan a salir signos raros. Cosas que no debieran estar ahí o deberían estar de otra manera. Es que estoy decidida a entender esto de una buena vez y voy a dedicarme a sonreír al ordenador, al htm, al template, y hasta, si es muy necesario, a la vecina de abajo que es una superfashion antipática.
Si se diera el caso de desaparecer de forma total, ya os haré saber mi nueva direccion :))

07 enero 2005

Silencio, por favor...

Padezco "ruidofobia". Desde pequeñita. Ya en la cuna, lloraba tan bajito que nadie se daba cuenta y tardaban horas en traerme el biberón. Varias veces llegué al borde de la muerte por ese motivo y por otros que de puro escatológicos, prefiero no comentar. Y sigo lo mismo con la única diferencia de que ya no corro peligro de morir de inanición porque aprendí a cocinar hace tiempo.
Cuando aún vivía en la casa familiar mi madre decía que entraba como un fantasma; que nunca me oía llegar. Eso tenía un remedio fácil. Bastaba con dar un portazo que hiciera temblar los cimientos y listo. La verdad, solo de pensarlo me estremezco.
Y es cierto que la gente le da a las puertas con una energía que luego les hace falta para otras cosas. No me extraña la baja productividad laboral de la que gozamos. Toda la fuerza se va en generar ruido. ¿Os habéis fijado en el jaleo que se organiza con solo guardar los platos? Y qué decir de la gente que habla por teléfono en las cabinas públicas? Enfrente de mi casa hay una y os aseguro que podrían ahorrarse el gasto de la llamada. Les oirían igual sin necesidad de descolgar el auricular. Entiendo que los horarios entre países obligan a nuestros inmigrantes a llamar a horas un poco especiales y eso me está creando un dilema. No sé si aplicarme con el árabe y el rumano y así poder ir practicando el acento con lo que escucho o pegarle un leñazo a la cabina y conseguir dormir unos cuantos días. El trauma que me produciría generar tanto ruido se compensaría con algunas noches de pacífico sueño.
Juan Corbella, eminente psiquiatra, escribió un libro llamado "Miedo al silencio" y explica perfectamente bien los motivos que tienen muchas personas para torturar de continuo sus tímpanos y sus vidas con toda clase de ruidos. Les comprendo, les compadezco, me dan una pena terrible. Incluso les amo. Pero.. ¿les importaría irse con su ruido unas pocas calles mas lejos...?

06 enero 2005

Perder, perderse...

Esto es para ti, Miguel, amigo.
Mi pérdida no es como la tuya. Mi padre murió hace ya dos años y aún todos los días hay lágrimas por él. Y las seguirá habiendo durante mucho, mucho tiempo. Y esta sí es una ausencia irreparable. No digo que otras, no tan drásticas puedan tener mejor destino, pero se puede encontrar otra esposa, otro novio, otros amigos. Otro padre o madre o hermano, nunca.
Aunque el duelo es el mismo en ambas situaciones porque nos separa de lo que amamos. Lo perdemos y nos perdemos. Después del primer impacto de dolor, de rabia y de impotencia, llegan las preguntas. "¿Y que hago ahora? Como voy a seguir viviendo con este vacío? Seré capaz de superarlo?" Y tantas otras que no hace falta que te cuente. Las sabes y siguen ahí, doliendo mucho.
Perder es una palabra terrible a la que no tenemos más remedio que hacer frente. Nos va a suceder repetidamente a lo largo de nuestra vida.
Perderse en un mar de sentimientos complejos que van del amor al odio y de la esperanza al desencanto en una rueda inacabable, nos sucederá también pero acabaremos encontrando la salida. Un día, de pronto, notaremos que ya no rodamos tan rápido y tendremos un poco de paz para reflexionar.
Cuando sucederá es algo que no te puedo decir. Todos tenemos nuestro propio ritmo vital y unas diferentes capacidades para recuperarnos de los golpes, pero sucede. Y eso no resta nada a lo dicho en el post al que te contesto, porque lo nuevo es compatible con lo anterior y aunque nada borre nuestro sentimiento porque hemos perdido el ayer, tampoco se nos impide amar el mañana.
Es hora de empezar a ganarle el juego a lo perdido. Saca algún as de la manga de tu fortaleza y no te importe hacer trampa. ¡Gana...!

05 enero 2005

A veces se me va la olla...

... y no me importa reconocerlo. No quería escribir un post tan serio ayer. Sólo quería... bueno, no sé lo que quería exactamente pero salió así. Y ya que está escrito quizá valga la pena hacer una segunda reflexión al hilo del dolor.
Todos los especialistas en dolores del tipo a que me refería, dicen que el duelo por una pérdida dura un año, mes más o menos, y que a partir de ese espacio de tiempo nuestro sentimiento se atempera. Sé que es cierto en cuanto a la intensidad pero falso en cuanto a la duración.
Cuando nos abandona alguien a quién hemos amado mucho no pasará ni un día de nuestra vida sin que recordemos, directa o indirectamente, a esa persona. Pensaremos mil veces en lo que queríamos decirle y nos callamos; en lo que podíamos haberle proporcionado y no le dimos; en las veces que nos llamó y no acudimos. Nos torturará el pensar qué hubiéramos podido hacer mejor; porqué no estábamos allí en el momento preciso, porqué, porqué, porqué...
No hay ninguna forma de evitar eso. La razón nos dirá si es cierto o no que hicimos cuánto pudimos, pero no sirve de nada en ninguno de los dos casos.
Algunas personas creen que una conciencia tranquila resuelve esos problemas. Yo más bien diría que sólo un insensato puede dejar de reprocharse algo. Claro que eso depende del nivel de exigencia que cada persona tiene con respecto a sí misma. Y los reproches que nos hacemos, conscientes o inconscientes, aumentan y dilatan el dolor en el tiempo.
Así que quizás (y solo quizás), empezar a perdonarnos a nosotros mismos sea el mejor camino para ir dejando atrás nuestro dolor.
No sé si se me ha vuelto a ir la olla.
Por si acaso,lo dejo aquí.

04 enero 2005

A vueltas con las Fiestas

A trancas y barrancas vamos superando las fiestas. Aún algo dormidos; aún demasiado llenos de comida, aún algo melancólicos por todo lo que no hemos podido tener.
En unos días más, empezaremos a recordar sólo lo bueno y divertido. Las anécdotas de la sobremesa, las travesuras de los críos de la familia y, "'¡cómo han crecido, si parece que fue ayer cuando empezaban a gatear..!"
A mí también me parece que era la semana pasada cuando aprendí a leer o me compraron mis primeros zapatos con un poco de tacón. No tengo conciencia exacta de todo el tiempo que ha pasado desde entonces. No puedo recordar ni la milésima parte de las cosas que me han ido pasando y que debo tener guardadas en alguna neurona que tampoco recuerdo como se activa.
Leí una vez una historia breve titulada "Olvidamos porque debemos olvidar", y la conclusión a que se llegaba al final de la historia era que olvidamos porque no nos sería posible soportar todo el dolor que acumulamos a lo largo de nuestra vida. Porque el dolor tiene muchos nombres; decepción, desilusión, engaño, abandono, promesas incumplidas, proyectos fracasados, miedo, pesadillas, olvido, muerte...
Añadid vosotros a esas palabras el contexto en que sucedió. El resultado es dolor. Y nuestra mente nos protege olvidando la mayor parte, con la única condición de que el tiempo transcurra.
Y hay que mantenerse en la esperanza de que dentro de poco, habremos olvidado la mayor parte de todo lo que no es imprescindible para nuestra supervivencia.
Esa es la fuerza de la especie.

02 enero 2005

Ya es definitivo

Empieza de verdad el año. Algunos afortunados aún estarán en las nubes de las fiestas, con los zapatos llenos de confetti y algún rastro de dulce o de salsa en la ropa. Pues nada; disfrutadlo y no os despertéis hasta mediodia que hay que aprovechar lo bueno.
Otros nos vamos ya al trabajo. Hay mucho que hacer ahí fuera y será mejor ponerse manos a la obra y empezar a sacudirse los gramos (o kilos) que nos han caído encima con tanto turrón y tanto café con leche. Aún queda alguna comida de compromiso, algunas llamadas que hacer o devolver, algún regalito que comprar. Y alguna cosa aparecerá que se nos ha quedado en el tintero del olvido.
Lo principal esta hecho. Hemos superado otros 365 días y vamos a por más.
Que nos sean leves los nuevos retos y logremos todos, si no vencer, llegar.

01 enero 2005

Acabando el 1

Se acaba el primer día del año. Se nos escurrió entre los dedos porque es un número muy delgadito y casi no hay forma de sujetarlo. No es como el 2, que tiene ese ganchito tan mono o como el 8, con esa cintura tan marcada.
El 1 de Enero siempre se va como si no hubiera llegado. Casi sin tiempo para decirle "hola !" o "que te trae por aquí?"
Nada. Llega en silencio y cansado y se va de igual modo. Tal vez un poco más ojeroso, con algo de dolor de estómago y pensando que no le hemos hecho ningún caso. Y tiene razón.

Feliz Año Nuevo...!

29 diciembre 2004

Amigas del alma

Todos los días subo al autobús en la misma parada. Todos los viernes, una señora mayor, vuelve del mercado y acostumbro a ayudarla con las bolsas y el carrito. Siempre tiene una palabra amable y una sonrisa pronta.
Llevaba un par de semanas sin verla y hoy la he encontrado de nuevo. Que un catarrito la tuvo sin salir y que hoy tiene que ir al funeral de una vecina joven que ha muerto de cáncer. Se le escapa una lágrima. Y yo, tonta de mí, quiero consolarla y en vez de eso, le cuento mi experiencia con la enfermedad. Lo duro que fue superar la quimio, los años de dolores insufribles y... "míreme ahora que bien...". Y allí, en la calle, esperando el autobús, como dos bobas, nos abrazamos llorando...
No sé su nombre, ni ella sabe el mío. ¿Qué importa eso? Lo que sí sabemos es que nos hemos convertido en amigas del alma para siempre.

27 diciembre 2004

Tempus fugit

Es verdad. El tiempo huye de nosotros como si oliéramos mal. Y eso no puede ser, especialmente en estas fiestas en que TODO el mundo te regala colonias y jabones. Hay alguna honrosa excepción pero desde el 24 de diciembre hasta el 6 de enero, hago todo el acopio necesario de tales productos hasta el próximo diciembre. Incluso más.
Debe ser otra la razón por la que el tiempo vuela. A veces, estoy que no puedo con el calendario. ¿Cómo es posible que sea lunes otra vez? ¿Dónde diablos está mi fin de semana...? ¿Estaré viendo el calendario equivocado y hoy es viernes? Y luego resulta que no, que no está equivocado y que sí, que es lunes. ¡Ay...!
Será mejor no ponerse a contar todos los lunes que tiene el año. El que viene, porque a este 2004 ya no le queda ninguno más.
En cierto modo es una tranquilidad saber que acabaré el año sin ver otro.


No, no, eso que se mueve no soy yo. Es el próximo lunes intentando enseñarme como debo encararlo.

25 diciembre 2004

Charlas de sobremesa

Las sobremesas de Navidad suelen ser largas y dan para hablar de muchos temas. Este año, entre otras cosas, hemos hablado de Feng Shui. No muy a fondo porque, excepto mi sobrina, nadie sabía apenas nada sobre el tema.
Ella ha seguido un curso hace poco y nos ha contado algunas cosas interesantes. Me he quedado con tres conceptos que, según cuenta, son los principales en esta disciplina; tirar, limpiar, ordenar.
Palabras sencillas para asuntos complejos.

Tirar: lo que ya no usamos y previsiblemente no vamos a volver a usar. Es razonable, pero ¿nunca os ha pasado haber tirado alguna cosa y al día siguiente necesitarla de forma imperiosa...?

Limpiar: eso si que es imprescindible y sería estupendo conseguir mantener esa limpieza general que acabamos de hacer. Por mi parte, estoy dispuesta a conseguirlo y desde mañana ataré a los gatos para que no anden frotándose el lomo, subiéndose a los muebles, ráscandose las uñas, ni soltando pelo por todas partes.

Ordenar: sólo hay que decidir cómo. Los libros, por orden alfabético de autores. No, no puede ser porque a veces olvido algún nombre. Lo haré por títulos. No, no me conviene porque de mis autores favoritos tengo muchos y va a ser una lata tener que buscar por toda la biblioteca su obra si quiero consultar algo. ¿Por tamaños, por colores, por encuadernación...? ¿Por fecha de edición, de compra, de prefencias, de...? Vale; esto lo soluciono en otro momento.

De todas maneras, estoy decidida a hacer algo relacionado con el feng shui. ¿Será suficiente si voy a ducharme ahora mismo..?

23 diciembre 2004

Olores, sabores, recuerdos...

Si alguna ventaja tiene vivir sola es que nadie te da conversación cuando no la deseas. Y hoy no la deseaba. Llevo toda la tarde en la cocina y las manos trabajan por libre. Ya saben lo que tienen que hacer y apenas si necesitan atención. Cortan, trocean, baten, encienden hornos, apagan hornillos, friegan, secan, moldean y envasan, mientras el pensamiento vuela a las cocinas de las abuelas, de la madre, de las amigas.
A mi abuela materna no le gustaba nada cocinar. Si querías verla enfurruñada sólo había que darle algún trabajillo relacionado con la comida, y aunque le gustaba comer bien era capaz de contentarse con un puñado de almendras y un panecillo antes que encender un fogón.
Al revés, mi abuela paterna cocinaba cordon bleu y eran famosos en la familia sus estofados con chocolate y especies.
Mi madre... esto... bueno, mi madre odia tener que hacerlo, pero cocina. Claro que es posible que gratine unos macarrones con pan rallado en vez de queso o que añada una buena cantidad de azúcar a una paella valenciana, pero ya se sabe que a cocinar así ahora se le llama innovar o nouvelle cuisine. Tampoco es tan horrible, salvo para el que tiene que comerlo.
Y nosotros que somos muy respetuosos con nuestros mayores, nos comemos lo que sea y lo alabamos porque, al fin y al cabo, madre solo hay una y tampoco vamos a darle un disgusto por indigestión más o menos.
A mí sí me gusta cocinar y no sé si es tanto por la comida en sí, como porque me permite volver a pensar en las mujeres de mi familia a las que he visto moverse entre fogones y de las que he aprendido lo que sé y no solo de cocina. Es evidente que muchas cosas las aprendemos solos porque no nos sirve la experiencia ajena, pero las personas con quienes hemos compartido nuestra vida más joven, nos han abierto puertas al pensamiento, han estimulado nuestra curiosidad y nos han enseñado el olor y el sabor de la vida. Una gran cocina llena de condimentos que hay que aprender a conjugar. Como los verbos.

22 diciembre 2004

Presencias ausentes...

... o las dos caras de la Navidad.
Todo el mundo lo sabe. Hay ausencias tan presentes que no pueden dejarse en el recibidor. Hay que dejarlas entrar y compartir la mesa y los regalos, aunque no haya una silla en el lugar de siempre y ningún paquete navideño lleve su nombre.
La mesa para ellos está servida en nuestro corazón y en todos esos recuerdos que intentamos callar ante los demás para no entristecer la fiesta. Y nos tragamos las lágrimas cuando en la mesa real aparece el plato preferido del ausente o, por la fuerza de la costumbre familiar, se relata aquella historia que nadie contaba como el que ya no puede hacerlo.
Y a cada momento piensas "si viera esto ¡cómo lo disfrutaría..!" Y vuelves a tragar el sollozo y sonríes y haces como todos; disimulas.
Y en algún momento especial, alguien tiene que ir a buscar alguna cosa que no necesita y vuelve con los ojos enrojecidos y nadie pregunta que le pasa. Y otro alguien le abraza, así, como al descuido y le da un beso o una palmadita o le coge la mano y uno sabe que el otro sabe porqué fue a buscar lo que no hacía falta.
Porque a buscar lo que realmente nos falta, no podemos ir.

20 diciembre 2004

Y llega el invierno...

Mañana mismo. Ya no puede esperar más en el calendario. Es su día de estreno y seguramente quiere llegar bien anunciado porque, la verdad, hoy hace mucho frío por estas tierras. Ya sé, ya sé, comparado con Siberia no debe ser nada, pero yo vivo en España, en una ciudad costera del Mediterráneo y aquí +7 grados ya es para helarse, que una no está acostumbrada a mucho más.
Hace unos 4 o 5 años, nevó y no creo que quedara ni una sola persona que no saliera de casa cámara en ristre a fotografiar el acontecimiento ¡ y eso que sólo había una capita de unos 3 cms en los sitios más abrigados y secos..!
Pero una playa mediterránea nevada, por poquita nieve que haya, no se ve todos los días. En fin, que fue divertido.
Lo más genial fue ver la cara de susto de un pequeño cubano, hijo de una amiga, al ver todas aquellas gotas tan raras que caían del cielo...! Y luego, el trabajo que tuvo queriendo atrapar y conservar alguna en la mano para cuando viniera su papá.
Pues eso; que todo es relativo y algunas veces, maravilloso.
Feliz invierno..!

16 diciembre 2004

Feliz Navidad..!

Ya casi estamos en las fiestas navideñas y deseo que sean para todos un motivo de felicidad y alegría.
Ahí os he dejado una imagen que pertenece a la felicitación del año pasado. Lo siento, pero la de este año el blog no me ha dejado subirla. Bien, seamos justos. YO no he sabido subirla... snifff...!
De todos modos en el link está la de este año y por si tenéis una montaña de sobrinos, primos o hijos a quién entretener, también os dejo la dirección de los cuentos y poemas de Navidad de la web esa de que tanto hablo, que soy una pesada, ya lo sé...!
http://www.hadasyleyendas.com/cuentos.htm
Ea, a soñar con los angelitos...