26 junio 2009

Conjuros

Alrededor de los solsticios la magia parece estar en todas partes. Y me refiero a esa magia de color de rosa de las revistas de colorines y los magazines mañaneros de la tele. Consejos para dejar atrás los malos momentos; dar saltos sobre el fuego o sobre las olas, buscar hierbas mágicas, escribir lo que nos molesta en nuestro entorno, quemarlo sobre una vela blanca y aventar cenizas a las 12 en punto, son sólo los más conocidos de los que tocan en verano. Las 12 uvas, las lentejas o la ropa interior roja, quedan para el invierno. Pero hay otras cosas, no pensadas para lo positivo sino todo lo contrario.
No soy ninguna entendida en vudú, magia negra o similares, pero os contaré algo que hoy he recordado leyendo el blog de mi amigo Ricardo Guadalupe .
Pasé varios años de infancia con la sola compañía de mujeres adultas, aparte las horas de colegio, claro está. Dónde quiera ellas fueran, me llevaban. Y había una prima lejana, a quien llamábamos Luisa "la guapa" (por lo fea que era, pobrecilla) muy amiga de echar las cartas, poner fotografías de alguien dentro de un pañuelo, atarlo y hacerle unos pases mágicos, y, lo que más gracia me hacía, colocar montoncitos de sal debajo de las camas. Recuerdo perfectamente, una mesa camilla cubierta con una especie de pañolón estampado y muy oscuro, y las cartas brillando encima. Baraja española, por cierto. Normalmente, mi abuela me mandaba al balcón a jugar, pero algo debí oír o medio entender, porque una tarde yo también hice un conjuro: le pinché los ojos con un alfiler a la foto del novio de mi tía. Y además lo hice con una saña, que hubo que traer otra fotografía de repuesto.
La cosa es que, desde mi punto de vista, motivos no me faltaban. Mi tía, que tenía unos doce años más que yo, era la que me llevaba de paseo, al cine y al parque. Me dedicaba tiempo y yo me lo pasaba muy bien con ella, hasta que ¡oh, infortunio! se cruzó en su camino un novio. Y ahora Trenzas, se quedaba por las tardes en casa, mientras el impostor se iba con su tía al cine y al parque.
Me llevé una buena reprimenda, aunque negué con absoluta vehemencia mi participación en el desaguisado y mi defensa fue que debía haberlo hecho Luisa "la guapa" Nadie me creyó y menos que nadie mi futuro tío, al que no le hizo ni pizca de gracia el asunto de los alfilerazos.
No hace falta decir que el conjuro o magia, no surtió ningún efecto y que mi tía se casó al año siguiente con el objeto de mi odio infantil. Creo que mi tío ya no me guarda rencor porque, de vez en cuando, lo comenta y nos reímos, pero a mí me sigue dando vergüenza que me lo recuerden. Nunca más se me ha ocurrido hacer ni el más inofensivo de los conjuros.
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"A París" Carlos Cano, en homenaje a Edith Piaf
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10 junio 2009

Agua salada


El primer mar que vi fue el Cantábrico. En las playas de Gijón bebí mi primer sorbo de agua salada y me sentí muy engañada por ese sabor ingrato, tan diferente de lo que parecía. Mi padre nos llevó, al único hermano que por entonces tenía y a mí, a la playa, y nos acercó sin soltarnos de la mano hasta la misma línea de las olas. Enseguida nos pareció muy divertido aquello, pero nada comparado con lo que pasó cuando empezó a levantar algunas rocas sueltas, debajo de las cuales bullían una enorme cantidad de bichos rarísimos. Cada vez que se alejaba una ola, mi padre volvía a levantar las piedras y, cada vez, era un descubrimiento. Habrá que decir, antes de seguir que, por aquel entonces, todavía podías moverte por las playas a placer y que era más que fácil, en las del norte al menos, encontrar en sus rocas, no sólo las omnipresentes lapas, sino multitud de cangrejillos, pequeños peces, erizos y muchas, muchísimas conchas y caracolas ya vacías. Y a nada que escarbaras un poco, berberechos y otros moluscos. Mi padre, incluso sacó un pulpo medianito de un hueco en las rocas. No nos quedamos nada que estuviera vivo, pero yo recogí cantidades industriales de conchitas y caracolas, tantas, que hubo que habilitar un par de servilletas bien anudadas para cargar con el botín. Yo no quería soltar ninguna de aquellas pequeñas maravillas y, si me hubieran dejado, me habría llevado todas las que me salían al paso, que eran cientos y cientos. Es una manía que aún no he perdido. Aunque logro controlarme un poco mejor, no concibo un día de playa sin traer a casa unas cuantas conchas. Bien es verdad que ahora las playas están expoliadas de todo lo natural y apenas si se encuentra nada en las que yo tengo al alcance, si descontamos alguna "galleta" de chapapote o lindeza similar.
Ya de mayor, me hice con una pequeña colección, a base de ir comprando por las tiendas de los diferentes lugares costeros por los que pasábamos en vacaciones, conchas y caracoles foráneos. Casi todos vienen del Índico o del Pacífico, y no tienen la gracia de haberlos cogido con las propias manos, pero siguen siendo mágicos. Tengo repartidos en los estantes de la biblioteca unos cuantos recipientes de cristal llenos de tesoros, y una pequeña estantería para los ejemplares más grandes. En la foto que os he dejado se ve la mitad de ellos.
Cada uno tiene sus manías y yo necesito volver de la playa con alguna pequeña muestra de que mis recuerdos son ciertos; que había una vez un padre y unos hijos que se maravillaban con lo que el mar traía en cada golpe de agua, y que ...
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"Ebb Tide" Versión de The Righteous Brothers
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01 junio 2009

Recuperando ritmo

Escribir es como bailar; estás perdido si olvidas ese ritmo interior que te hace marcar los pasos adecuados sin apenas darte cuenta. La música hay que sentirla desde el interior del cuerpo y notar como fluye hasta los pies, y las palabras hay que sentirlas sobrevolando la cabeza, condensarse y resbalar hasta la punta de los dedos. Y, de vez en cuando, ese ritmo se rompe. Algunas veces por causas ajenas a nuestra voluntad y otras, porque "se nos ha ido el santo al cielo", como suele decirse, y nos hemos metido en un mar de confusiones.
De todo ha habido en estos días que llevo alejada del blog. Pero hoy es día 1 y es mejor empezar el mes a tiempo, así que aquí estoy, con mi cabra, mi gato, los ficus y las tórtolas. Al completo.
Ayer tuvimos una pequeña fiesta familiar. No estábamos todos, porque es muy difícil reunir a toda la familia (y tampoco hubiéramos cabido en mi casa) pero hubo buena representación. Una comida informal y luego mucho juego; mucho parchís, mucho 21, mucho Scrabble....
Y muchos chistes, muchas anécdotas familiares y mucha coca-cola y café. También aproveché para que mi sobrino, el técnico, me enseñara a manejar mejor la cámara de fotos y me solventara algún problemilla en los ordenadores. Hay que echar mano de los cerebros familiares cuando se puede :)
Fue un día estupendo, que necesitaba para salir del impasse en que me había metido. Una especie de catarsis o una terapia de risas. En todas las familias se pasan malos momentos; alguien se enfada con alguien; a alguien le parece que otro alguien "se ha pasado"; a unos les molesta el calor y a otros el frío; unos adoran el silencio y otros, la gresca sin fin. Pero todo eso no importa; no es determinante para una buena relación y para que cada cual se guarde sus preferencias y comparta las de los otros en armonía. No siempre es así, desde luego, pero estoy contenta de poder hablar y divertirme con todos los miembros de mi familia y que no haya barreras insalvables entre nosotros. Eso; un día estupendo.
La cabra, contentísima también porque tuvo ocasión de practicar los saltos por encima del sofá, cosa que de ordinario no le permito. Ayer se lo permití para que no tuvieran que levantarse los comensales cada vez que se le ocurría ir a buscar algo para picar a la cocina o al balcón. A recordar; la próxima casa a la que vaya a vivir, debe tener un comedor más ancho.
Dicho esto y esperando haber recuperado mi ritmo interior, os dejo o no me dará tiempo de ir a ver lo que habéis hecho en estos días.
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"April in París" Versión de Ella Fitzgerald

07 mayo 2009

Poner en valor

Esta mañana he recibido carta de una amiga. Me transcribía un párrafo de la carta que yo le había mandado con anterioridad y me aconsejaba que lo enmarcara. He tenido que leerlo varias veces para averigüar el motivo, o para lo que yo creo que es el motivo. Es que ella es, al contrario que yo, parca en palabras. Ambas llevamos a cuestas una mala temporada, que ya se está haciendo muy larga y cansada. Con su carta en la mano, me ha venido a la cabeza la expresión que figura en el título del post: Poner en valor, es un galicismo que se emplea con el significado de conseguir beneficio de algo que en la actualidad no rinde lo suficiente, creando para ello las condiciones necesarias. Y da lo mismo si la empleamos para temas económicos o para temas morales, físicos o psíquicos. Yo voy a poner en valor la carta de mi amiga y lo que en ella decimos las dos. Es verdad que las circunstancias pueden amargarnos la vida y que, muchas veces, los acontecimientos nos arrastran a lugares que, otrora, fueron impensables. Pero he decidido que no quiero quedarme ahí ni un minuto más de lo estrictamente necesario. Si las cuotas de paz y tranquilidad han caído drásticamente, habrá que valorar mucho más lo poco bueno que nos quede, y como ella dice, enmarcarlo y recrearse mirándolo a diario, o muchas veces al día.
Voy a intentar crear las condiciones para que aumente el beneficio de las cosas amables que tengo a la vista. Quizás eso signifique no hablar más que de tórtolas y gorriones, y del sol que luce en este momento; de lo feliz que parece mi gato durmiendo a pierna suelta en su cojín; de la ropa limpia, que huele a luz y, un poco, a mar; de lo ordenados que están los armarios o de los colores de la verdura preparada para comer. Porque si espero un gran acontecimiento que ponga fin a esta mala época, y cifro en él todas mis esperanzas de vida y de futuro, me voy a estrellar contra el mismo muro, una y otra vez.
Y yo ya no tengo la cabeza para muchos golpes más. Mejor pongo en valor lo poco que tengo y procuro sacarle dividendos, siquiera sean pequeños, en felicidad.
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24 abril 2009

De tórtolas y primaveras

En el post anterior os conté que dudaba de que las tórtolas fueran capaces de sacar adelante a sus polluelos por culpa de este abril descontrolado, pero me equivoqué. De repente, aparecieron dos pollos en el nido; bueno, vale, ya sé que no se hicieron grandes de la noche a la mañana, pero como no los veía, creí que la pollada se había perdido sin remedio y me puse a saltar de alegría cuando los vi en la cornisa, acicalándose las plumas o siguiendo atentamente el movimiento de la calle. Estuvieron ahí dos días y luego, desparecieron del nido. ¡Otro susto...! ¿Dónde podrían haber ido con esas rémiges tan cortitas, que apenas sirven para estabilizar el vuelo...?Y esta mañana, los padres tórtola han traído a uno de los dos pollos a comer y beber a mi balcón. Sólo a uno. No sé que habrá sido del otro. Espero que esté bien y que puedan acercarlo hasta aquí. Han llegado los tres juntos y se han aposentado alrededor del comedero; primero le han dado ellos de comer al pollo, pero luego le han instado, con bastante energía a que comiera solo, y en cuanto el pollito se ha soltado a picar en el bol de la comida y en el del agua, han levantado el vuelo y se han ido dejándolo aquí solito. Eso me ha permitido hacerle la foto, porque los padres, en cuanto me acerco a los visillos, salen a toda velocidad, pero éste, pobre, no sabe aún que hay muchas personas malas y no se ha asustado cuando me ha visto. Eso sí, el balcón no lo he abierto para no meterle el miedo en el cuerpo con el ruido. Y ahí sigue, paseándose arriba y abajo por las jardineras y tomando buchitos de comida y agua cuando le apetece.
De vez en cuando, los padres vienen a darle una miradita y hacerle unas carantoñas y se vuelven a ir. Cuando se van, aparto unos centímetros el visillo, muy lentamente, a ver si el pollito se familiariza y puede acostumbrarse a verme de cerca, sin sobresaltos.
Este acontecimiento que parece tan nimio, es lo mejor que me ha pasado en muchos meses, porque lo cierto es que, emulando a mi tocaya la reina Isabel II de Inglaterra, llevo un "annus horribilis" y no sólo por la pérdida de neuronas, que no sería mayor problema.
En fin, que a pesar de mis fatalismos, la primavera ha dado algún fruto en esta casa y que estoy contentísima por las tórtolas, que han visto premiado su desvelo y sus muchas horas de empollar.
¡Que tengáis un feliz final de Abril...!
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Os vuelvo a poner "La vida es bella", porque sí, porque lo es y porque de vez en cuando, hay un "annus mirabilis". La versión es de André Rieu.

08 abril 2009

Astenia primaveral...

... y otras cosillas. De esas que surgen en esa vida que todos tenemos fuera de aquí y que, demasiadas veces, nos dejan lo bastante cansados o faltos de humor como para dedicarnos a las cosas que, de verdad, nos gustan. Es un poco como las plagas bíblicas; cuando se acaban las langostas, empiezan los mosquitos; siguen las moscas, las ranas y las tinieblas. O las lluvias torrenciales. Eso sí; las más horribles no han pasado por estas tierras, gracias sean dadas.
El caso es que por unas u otras cosas, entre las que se encuentra esa astenia, o pereza primaveral que me ha atacado sin piedad, los días y las semanas han pasado, sin sol y sin suerte, por este blog. Hoy tampoco hace sol y tampoco me ha sonreído la fortuna de modo especial, pero la Cabra se ha puesto de un pelma que no ha quedado otra sino ponerse a escribir.
Le he prometido empezar, mañana mismo, con las vitaminas y el ginseng y también he prometido traerle muchas manzanas, porque los ficus están tan pachuchos, a fuerza de temporales, que no les quedan, apenas, hojas aprovechables para sustentarla. De hecho, creo que sus motivos para hacerme salir del marasmo, tienen una base alimenticia básica; la suya.
También he estado preocupada por las tórtolas, a las que veo poco en el nido y eso me hace pensar que no hubo suerte con la nidada; vigilan atentamente mis movimientos desde el árbol de enfrente, y en cuanto les lleno el comedero y he cerrado la puerta del balcón, se lanzan a comer como flechas, pero no las veo irse con el pico lleno como antes. Habrá que esperar a que el tiempo mejore para que se decidan a aumentar la familia.
Aunque es posible que, a este paso, se les pase la edad de procrear antes de que los hados sean propicios para tales menesteres.
Sí, lo sé; sólo llevamos 3 semanas de primavera y ya se sabe que "en Abril, aguas mil", pero a mí, que soy quejica por naturaleza, se me antojan millones de aguas y años de primavera desperdiciados miserablemente :(
Aún recuerdo los tiempos en que el Domingo de Ramos se estrenaban blusitas claras y zapatos a juego y en cuanto salías de bendecir la palma, te quitabas la chaqueta, se la dabas a tu madre y te ensuciabas, felizmente, jugando entre los árboles, que ya tenían montones de hojas y te desconchabas la piel de los zapatos frenando el columpio del parque. ¡Ay, que tiempos aquellos, cuando no tenías que pensar en el calentamiento global ni en los cambios estacionales que nos traería...!
A ver si este nuevo gobierno que acaban de regalarnos, se comporta y nos trae, no sólo un buen frenazo al paro, sino un tiempo, incluso meteorológico, más llevadero.
Os dejo hasta mañana, (o no) deseando que paséis una estupenda Semana Santa, mientras yo me quedo suplicando que regresen mis neuronas.
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13 marzo 2009

Los colores de mi calle

Casi lo primero que hago por la mañana es abrir el balcón y salir a ver el día. Quiero saber si todo está en el mismo sitio que lo dejé ayer; si las plantas están vivas, si las tórtolas se han levantado y de que color está el cielo. Y algunas veces me encuentro con algo espectacular, cómo este sol que fotografié encarándole sin piedad el objetivo de la cámara. Tenemos un refrán en Cataluña que asegura que: "Sol rogent, pluja o vent" Podríamos traducirlo, por "Sol rojo, lluvia o viento", pero lo cierto es que al traducirlo pierde mucho de su sentido amenazante. Ampliando la foto, sí que da un poco de miedo, pero no pasó nada. Sigo viviendo tan feliz.
Lo curioso de esta foto, es que sólo 15 minutos antes, había tomado ésta otra, desde el mismo balcón y en la misma dirección de enfoque. La calle era verde; me fui a tomar un café y cuando volví, ahí estaba esa estrella incendiada dominándolo todo. Hay que mirar para ver, según dicen, y estos son de esos momentos en que mirar atentamente, compensa mucho.
Esta calle, en la que llevo viviendo muchos años, no tiene nada de espectacular, pero a mí me gusta. Tiene esos árboles, ahora llenos de muñones, pero que muy pronto empezarán a brotar para que yo los disfrute durante todo el verano y el otoño y estamos tan cerca del mar que las gaviotas nos sobrevuelan a diario, gritándonos desde su altura. Además tenemos una numerosa población de tórtolas, cómo ya sabéis y algunos gatos callejeros en una pequeña placita que hay al final de la calle, con buenos escondites para que las mamás gato oculten sus camadas. Ahí encontré a Gato y también a Gato Mayor, que ya murió. Creo que esa es una de las cosas que también me gustan de esta calle; saber que siempre habrá algún gatito que recoger, si su madre me lo permite.
Y como sigo bastante desneuronada, os dejo en compañía de los rojos y verdes de mi calle.
¡Hasta mañana...!
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07 marzo 2009

No progreso adecuadamente

O sea; poco y mal.

Quería escribir un post ya hace días, pero no se me ocurría nada que contaros. Creo que la brusca interrupción del buen tiempo, aplastado bajo esa ola de frío que acabamos de pasar, me congeló las ideas. O puede que sea una crisis de tipo neuronal, o el pánico por el hundimiento de la Bolsa, o el resultado de las últimas elecciones autonómicas. No sé. El caso es que me quedé sin ideas y así sigo. Nada. Y la Cabra, igual. Se pasa el día rumiando ficus, con la mirada perdida en el horizonte del bloque de enfrente y maldiciendo, de vez en cuando, porque las bajas temperaturas han machacado los brotes nuevos.
Lo más inteligente que he hecho estos días, ha sido buscar en Google una receta de mermelada de plátanos. La encontré, pero luego decidí no hacerla porque tiene mogollón de calorías y no nos la habríamos comido. Y además, me daba mucha pereza. También he seguido alimentando a las tórtolas, que no tienen la culpa de nada, y porque me hace mucha ilusión verlas en la barandilla recogiendo los trozos de magdalena y salir volando con el pico lleno. Casi puedo imaginarme a los pichones abriendo la boca a más y mejor. Imaginar sólo, porque verlos, aún no he visto a ninguno.
Total, que no he hecho nada de nada. Estoy empezando a preocuparme por mi futuro. Si esto sigue así, lo veo negro. Un enorme vacío mental se cierne sobre mi cabeza y amenaza con quedarse ahí para siempre.
"Lo más llamativo en la autopsia de Trenzas, ha sido constatar que su cavidad craneal estaba ocupada por una negra masa gelatinosa, aún por determinar, pero totalmente carente de neuronas..."
¡Ay...! ¡Cómo duele...!
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"La luz de la Luna" Fernando Sor. Intepréte Diego Wentao

15 febrero 2009

Más sobre memes

Los memes son ideas originales, útiles o divertidas, cuyo atractivo hace que la gente las adopte y comparta con otros. La Red se ha convertido en un entorno especialmente apto para la difusión de estas ideas infecciosas, que han encontrado en la blogosfera su medio ambiente natural.
Un meme puede ser desde un broma hasta un negocio, pasando por una aplicación útil, un proyecto comunitario, una leyenda urbana, un concurso o un juego. La capacidad memética de la blogosfera se está utilizando de manera creciente para impulsar estrategias de marketing viral, en las que la idea de base circula no sólo por su atractivo (Gmail), sino también por su intencionada promoción (FON).
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El artículo completo está aquí:
y es del año 2006. Al final del post os dejaré otros enlaces desde los que acceder a más información sobre este asunto.
Lo que ya no está tan claro es por qué una tesis que empezó como científica, se ha convertido, por obra y gracia de la blogosfera en algo básicamente insulso, y perdonadme los entusiastas de los memes, que no tiene ninguna intención ni finalidad que, realmente, importe.
Richard Dawkins, en su libro "El gen egoísta" que tengo aquí mismo dice: "Cuando morimos, hay dos cosas que podemos dejar tras nuestro: los genes y los memes" y explica como la cultura ancestral se perpetúa en esos memes mucho más tiempo que los genes, de los que, al cabo de unas cuantas generaciones, apenas quedará rastro. Quizá ya no quede ningún gen de Leonardo, pero su meme, su aportación a la memoria colectiva, sigue perfectamente intacta.
Es mucho más complicado que esta sucinta explicación, pero sirve para ilustrar la idea.
Y como estoy segura de que ni la Cabra ni yo, dejaremos ningún meme que la posteridad pueda, ni deba, recordar, no me gustan los memes blogosféricos :)
Reconozco que algunos tienen una cierta gracia y pueden servir como una forma agradable de pasar el tiempo; jugando un poco, como el que hace un rompecabezas o un crucigrama, pero son los menos. Los más, tienden a repetirse, con ligeras variaciones, acerca de cómo uno se ve a sí mismo, lo que no debería satisfacer a nadie, ya que nadie, se ve como realmente es, así que mal puede contarlo a otros.
Y como ya os he dado bastante la vara y no estoy segura de haberme explicado, os dejo unos enlaces para que sigáis, si os apetece a aquellos que no sepáis de dónde viene la palabreja, seguir investigando un poco acerca de los memes.

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Y ya está. ¡Hasta mañana...!

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"Sevilla" Isaac Albéniz

08 febrero 2009

De "meme" por la vida

Hace ya un montón de días que Arare me encargó un meme de esos en que tienes que contar algunos hechos de tu vida. Siete, para ser exactos. Y hay que hacer otras cosas, como pasarles el testigo a otras siete personas, cosa que no voy a hacer. A muchos, entre los que me incluyo, no nos gusta contar de nosotros "a plazo fijo" sino cuando nos apetece y el cuerpo nos lo demanda. Pero como ya toca escribir un post, pues lo mismo da que sea ésto. Eso sí, para contar siete hechos, harían falta siete posts, a menos que te limites a decir que es un "hecho" que te gusta el pan blanco o las aceitunas rellenas de anchoa.
Este blog lleva ya 332 entradas, en las que os he contado de todo. Cosas divertidas, cosas tristes, lo que me gusta y lo que no. Y hay más, porque en mis otros dos blogs hay, respectivamente, 56 y 183 entradas más, lo que da un total de 571 posts y en todos ellos estoy yo, con todo lo que soy y siento en el momento en que los escribo.
Sabéis que hablo con mi Cabra virtual, que es tanto como confesar que hablo mucho conmigo misma y que tengo ciertas contradicciones mentales.
Sabéis que vivo felizmente sola, si descontamos a Gato. No cuento a Canario porque el pobrecito se murió hace como un mes.
Sábeis que leer es casi más que una pasión para mí.
Sabéis que me gusta escribir.
Sabéis que disfruto muchísimo estando aquí, con vosotros, leyendo vuestros comentarios y vuestros blogs, y las muchas veces que he dicho que no es casualidad ni literatura el nombre que lleva el apartado de enlaces; es que, realmente, me ayudáis a vivir.
Sabéis que mi trabajo es duro y comprometido y que me encanta.
Y sabéis que, con frecuencia, se me va la olla y me arranco por peteneras en el momento menos pensado.
Todo eso, está ahí, en mis entradas, distribuido ordenadamente en las etiquetas, porque también sabéis, y éste es el "hecho" número 8, que tener las cosas ordenaditas, es la pasión siguiente a la de leer.
Lo que no sabéis, porque no lo sabía ni yo hasta esta mañana, es que en el alero que hay por debajo de mi balcón, dos parejas de tórtolas están construyendo sus nidos y que suben de vez en cuando, hasta la barandilla a comerse mis plantas crasas. Eso me ha convencido para ponerles un par de recipientes con comida y agua para intentar salvar a mis pobrecitas echeverías que, justo ahora, empezaban a florecer.
¿Quedan cosas que no he contado? Claro que sí; muchísimas, pero convendréis conmigo en que está bien que quede algún velo no rasgado; algún pequeño misterio que, tal vez, nunca sepamos los unos de los otros y que suele ser mejor no saber.
Bueno, y esto es todo por hoy.
Disfrutad lo que queda de domingo.
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28 enero 2009

¡Detente, bala!



Santa Margarita María Alacoque -1647-1690 - en uno de sus trances religiosos, se vio tan reconfortada por el Corazón de Jesús, que decidió llevar prendida en sus ropas una efigie de la Imagen Sagrada. Tiempo después, parece que la distribución de otras muchas de estas imágenes, durante una epidemia, tuvieron la virtud de detener la enfermedad. Y ahí empezó la devoción por el Sagrado Corazón y la historia del famoso "Detente, bala" que, según creo, en España se empezó a llevar por los soldados requetés durante la Tercera Guerra Carlista.
Las mujeres bordaban para sus hijos, maridos o novios estos pequeños emblemas, que tendrían el poder de detener cualquier bala destinada al cuerpo de sus seres queridos. Este es de la época a que me refiero.
Unos cuantos relatos de soldados que lograron esquivar a la muerte, de esa forma casi milagrosa en que, a veces, suceden las cosas, le dieron tanto prestigio al emblema, que viajó con los militares españoles por todas las guerras que vinieron después en la Península y también en aquellas por las que perdimos nuestras últimas posesiones en ultramar.
La familia de mi padre, que era republicana y nada proclive a la religión, no dudó en darle uno cuando fue reclutado y me contaba que muchos compañeros de armas los llevaban, al igual que los franquistas. En eso, fervientes católicos o no, todos se parecían, aunque los lemas y los colores que se añadieron a los emblemas, variaron según se militara en éste o en aquel bando. Y es que el miedo no reconoce ideologías y cualquier cosa que parezca tener algún poder para salvarnos, es bienvenida y venerada. Encontraréis bastante información en la Red, si os apetece profundizar en el tema.
El caso es que la exclamación "¡Detente, bala...!", ha quedado como una suerte de exorcismo para intentar apartar de nuestra vida aquello que, sabemos, va a causarnos un efecto terrible. Deseamos que esa "bala" dirigida a nuestros sentimientos se detenga o se desvíe; que no nos toque, que no nos haga llorar.
Creo que ahora mismo muchos se apuntarían a una prenda parecida que dijera ¡Detente, crisis...!
O algún otro lema de similar contenido. Y eso aunque fuera sumamente incierta su efectividad.
Lo que sí he observado es que muchos políticos utilizan ese Detente, para desviar las preguntas-bala que los indignados ciudadanos les dirigen. O será que tienen un emblema especial que les deja igual de vivos y embusteros, por muchos proyectiles que den en el blanco.
Ea, que ya me estoy enfadando. Lo dejo aquí.
¡Hasta mañana...!

22 enero 2009

Patrimonio Inmaterial

Además del patrimonio mueble que disfrutamos, tenemos otro, inmueble, que no se puede tocar físicamente. Por ejemplo: mi ordenador es un mueble y lo que pienso, inmueble. Esto ya lo sabéis, claro está, pero la Cabra ha insistido en que lo diga porque dice que está harta de oírme decir eso y quiere compartir su sufrimiento con vosotros. Poco caritativo por su parte, pero es que hoy está de un humor de perros.
¿Y ésto, a que viene?, pensaréis vosotros. Pues viene a que he leído que España ha presentado para este año, varias candidaturas a Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, entre las que se encuentran el Silbo Gomero, el Tribunal de las Aguas de Valencia, y el Consejo de Hombres Buenos de Murcia. Y aún hay otra, ésta presentada en conjunto, transnacional, junto a Grecia, Italia y Marruecos. Una curiosa candidatura ya que se trata de elevar a P. Inmaterial, la Dieta Mediterránea. Y aquí he necesitado unas cuantas aclaraciones, de las que he sacado en claro ésto:
Etimológicamente la palabra dieta, procede del griego díaita, que significa estilo de vida, lo que nos lleva, directamente a pensar que la citada dieta es una idealización de algunos patrones dietéticos de los países abocados al Mediterráneo, y que debe referirse a una similitud o conjunto de prácticas , habilidades y objetos asociados a la forma de alimentarse de estos pueblos.
Lo de que sea una idealización me consuela un tanto, porque no acabo de entender que tiene que ver la polenta italiana con los garbanzos españoles, aunque aceptaría una similitud de la mousaka griega con los canalones catalanes o la lasaña de Italia.
Tendremos que pensar un poco más en lo que nos une, culinariamente hablando, como en el aceite de oliva, el vino y el jamón, aunque ya estoy diferenciando porque el jamón y el vino, no deberían entrar en la dieta de los marroquíes. ¿O sí?
Una similitud no debería bastar para proclamar cualquier cosa Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, como no nos bastaría un parecido razonable de cualquier edificio con el Taj Mahal para que fuera Patrimonio Material.
Pero bueno; ahí queda la propuesta y quién sabe. A lo mejor funciona.
Os dejo un enlace para lo que no os cuento.

13 enero 2009

Martes y 13

Tal día como hoy, nadie debería, no ya ponerse a escribir un post, sino ni siquiera salir de casa. Y mucho menos casarse o comenzar un crucero. Por suerte, para ninguna de estas dos últimas posibilidades tenemos planes, ni la Cabra ni yo. Todo lo más, navegar en seco por la red y mirar alguna foto antigua de esas que sale gente casándose, todos con cara de "¿qué me está pasando, diosmíodemivida?", imaginándose ya lo que se les viene encima.
Yo, como sólo me he casado una vez, no puedo hablar mucho la verdad. Y la Cabra se calla como una muerta al respecto, así que no sé lo que piensa, pero sospecho que el tema la trae sin cuidado.
Y embarcarme, hombre, eso sí. Nada de cruceros por el momento, pero una vez, en Cadaqués, fui en barca a pescar calamares. Por la noche, con unas luces que casi rozaban el agua y allí que venían los pobrecitos calamares a enredarse en los anzuelos. Me dio mucha pena, aunque también tengo que decir que, una vez cocinados, estaban buenísimos y mi tristeza perdió mucho fuelle. Y también me he subido a esos barcos que dan vueltas por los puertos y media docena de veces a un yate..., no, un medio yate, con cabina, eso sí, y hasta literas y comedor, pero tan chiquitito todo que sólo podías comerte los bocadillos de canto. Pero fue muy divertido y no me mareé en ninguna de todas esas ocasiones. Ni tuve miedo a pesar de que yo nado como el plomo; sólo hacia abajo.
Puede que todo fuera más o menos bien, porque nunca coincidió en la fecha fatídica.
Dicen que este día se considera de mala suerte porque en la Última Cena, eran trece a la mesa y, como sabemos, uno de ellos murió y porque martes, tomó su nombre de Marte, dios de la guerra.
Así que tanto el número como el nombre, concitan pensamientos de muerte, traición, sangre y desgracias múltiples.
Pero ¿qué hay del Viernes 13, día señalado también como fatal y terrorífico? Pues eso viene desde el 13 de octubre de 1307, cuando en una operación secreta y muy bien orquestada, el rey Felipe IV de Francia, apresó a más de 4.000 Caballeros Templarios, por todo el territorio francés, llevando a la muerte a muchísimos de ellos y desmantelando la Orden para siempre. También, como es natural, y preceptivo en estos casos, aprovechó el buen monarca para incautar todos los bienes de los templarios y así llenar sus paupérrimas arcas.
Eso; que los tiempos han cambiado pero los métodos siguen siendo los mismos.
Si sois superticiosos, mejor quedaos bien abrigaditos en casa.

08 enero 2009

Regresa la tranquilidad

Después de cualquier fiesta sonada, llega a las calles una paz insólita. Parece que la gente prefiere quedarse en casa a descansar y disfrutar de sus butacas, sus telenovelas o su labor de punto, según los casos. Este año, quizá se note un poco más por el tremendo frío que nos está haciendo que no invita a salir más que para lo imprescindible. Esta mañana, cuando iba al trabajo, sólo me he tropezado con un par de personas envueltas en sus bufandas hasta las orejas, igual que iba yo, por cierto, y otro par de gatos callejeros en busca de un improbable, y tardío, desayuno.
Ni siquiera el tirón de las rebajas se notaba, porque cuando he ido a la biblioteca, ya sobre las doce, las tiendas estaban vacías a pesar de los tentadores reclamos en los escaparates. A eso también ayudará la crisis, tan intensa como el frío, por lo menos.
Algo que siempre pasa después de las navidades es tropezarse, en cada grupo de contenedores, con los arbolitos desechados una vez han cumplido su función festiva. Siempre pienso en lo que dirían ellos, si fueran capaces de hablar, y nosotros de entenderles, acerca del destino que les reservamos. Y el que sean de vivero, no disminuye la barbaridad. ¿Acaso nos sobran tantos árboles?
Creo que esta es una de esas cosas que hacen que las navidades me resulten poco simpáticas, junto con las comilonas y el insoportable mercantilismo.
Bueno; ya han pasado y ahora lo que sigue es justamente eso; seguir. Trabajar, disfrutar de las aficiones de siempre, dejar en paz al teléfono y que él nos deje en paz a nosotros, volver a recibir las dosis de publicidad normales y cuidarnos el inevitable catarrazo de todos los años por estas fechas. Precisamente eso es lo que estoy haciendo ahora con la Cabra, que lleva estornudando quince días seguidos. Me he gastado toda la paga extra en pañuelos, pastillas para suavizarle la garganta y jarabe para la tos, que no hay quien duerma cerca de ella.
Vosotros tampoco os acerquéis mucho al monitor, por si acaso.
Hasta mañana.

30 diciembre 2008

Últimos momentos del año

Aunque parecía imposible el 1 de Enero, ya estamos otra vez cerrando el año. Ha pasado volando en su mayor parte, aunque tengo que reconocer que algunos días, o semanas, me han parecido interminables. Es que soy impaciente. El 15 de diciembre ya estoy deseando que los días se evaporen, que se disuelvan, que se alejen de mi vida. Y es una solemne tontería, porque la realidad es que el día 1, sólo es una continuación del anterior. Nada ha cambiado de modo tangible, pero yo me siento mejor. Como si realmente hubiera dejado atrás algo que me pesaba mucho. Tengo la misma sensación que cuando estoy a punto de acabar un libro; aunque me esté cayendo de sueño, quiero correr hasta la última página y saber cómo se acaba; quiero leer la palabra Fin, lo antes posible.

Ágata siempre me critica este comportamiento y me insiste en que debo dejar que las cosas se tomen su tiempo; que no hay que correr adelantando días, porque ellos te alcanzan de todos modos. Tiene razón, pero no puedo evitarlo.

¡Qué tengáis un bonito Fin de Año...!