Cuando hacen encuestas acerca de lo que la gente ve en la TV, el 80 % asegura que ve los documentales y que no le interesan los programas llamados "basura" por los intelectuales y que otros llamamos "de colorines", como las revistas del corazón.
Se sabe, por los medidores de "prime time" que los últimos son los que en de verdad se ven y los documentales pasan a la mínima audiencia. No me da vergüenza decir que yo sí estoy en esa minoría y que veo todos los documentales que se me ponen a tiro el rato que estoy delante del televisor. Eso y los programas que llevan I: CSI, FBI, CIA, etcétera. Soy pelín morbosa, lo sé.
Bueno, a lo que iba; ayer vi un documental interesantísimo sobre la forma en que se hicieron los mapas para la invasión de Normandía, allá en el lejano 1944.
Ya sabían los aliados que querían entrar en Europa justamente por esa parte de la costa francesa, pero necesitaban mapas tan detallados, que no existían. Una cosa es tener cartografiada una costa y otra muy diferente, saber donde está cada defensa alemana, cada bunker, cañón, nido de ametralladoras, puesto de mando, camino, raíl, casa o bosquecillo y por donde pueden entrar las lanchas de desembarco sin vararse cuando baje la marea y si la arena de las playas será suficientemente sólida para soportar las 36 toneladas de un tanque.
Ayer me enteré de cuantos héroes, anónimos en la historia oficial, dejaron su vida y la de los suyos, recabando esos datos en los dos años que fueron necesarios para tener esos mapas decisivos.
Y cuando ya parecía que nada más se podía hacer para perfeccionar la cartografía, Winston Churchill rizó el rizo y pidió a los ingleses que mandaran al Ministerio de la Guerra, las fotografías familiares que hubieran tomado en sus vacaciones en Francia; aquellas en las que aparecieran paisajes de la costa normanda; playas, rocas, acantilados, cualquier cosa que les pareciera de interés para el fin propuesto.
En tres meses, los ingleses contribuyeron con diez millones (10.000.000) de fotos. No quiero ni pensar el trabajo que daría a los funcionarios del ministerio organizar todo ese material, pero fue de una utilidad capital para señalar importantes puntos en los mapas.
Lo que dicen los libros acerca de los grandes sucesos de la historia, no es nada comparado con el esfuerzo que significó para muchas personas. Y en última instancia, cada logro, guerrero o no, no deberíamos atribuirlo a un solo individuo. Lo cierto es que lo sabemos, pero lo olvidamos fácilmente.
Lo que queda en la sombra no es menos importante que lo que recibe la luz de los focos ¿no os parece?
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"Danza Húngara nº 1" Johannes Brahms. 3.10 megas