02 agosto 2007

Agosto, ese tormento

Este es el mes en que no posteo. Bueno, sí, posteo, pero poco y mal.
Aunque puede ser que postee mucho, dependiendo del sopor que me asalte o no me asalte.
También depende del trabajo que tenga, o que no tenga, que lo último -lo de que no tenga - no acostumbra a pasar.
Ocurre que el cerebro se me inunda con tanta ducha y remojón de cuero cabelludo, en el intento de retrasar el punto de ebullición de las neuronas, y entonces no posteo por miedo a electrocutarme con el teclado.
Alguien que conocemos, me dirá que soy una quejica; que en invierno también me quejo. Es verdad, pero no me quejo de lo mismo, así que se me puede disculpar, digo yo.
Lo malo sería que en invierno me quejara del calor y en verano del frío. Eso sí sería insufrible. Sobre todo para mí porque confirmaría lo que tanto temo; que la cabra me haya contagiado del todo.
Agosto es un mes sin R. No deben comerse caracoles ni marisco, según dicen. Tampoco en mayo, ni en junio ni en julio. No sé si la prohibición rige para los mariscos que no tengan R en su nombre: gambas por ejemplo. O langostinos, o navajas, o..., bueno, hay muchos mariscos sin R.
El que los meses no tengan R, delata como blandura ¿no?. Meses blandos, insípidos, con poca entidad. Gandules. La vagancia del buen tiempo mediterráneo. La siesta larga, las noches al fresco de la calle, las conversaciones y risas de la gente entrando a raudales por los balcones abiertos, esperar la lluvia de estrellas a las cuatro de la madrugada para pedirles miles de deseos....
¡Qué envidia me está entrando...!
Ni me acuerdo del tiempo que hace que no he logrado tener los ojos abiertos para ver ese espectáculo celestial. Agosto me ataca sin piedad y me duermo en cuanto tengo 10 minutos libres. Ya escribo ésto medio dormida. si contrais fartas de hortografía o canvio anguna letra de Sitio, no agais muncha, cuenta del caso. siempre comerto fartas si escrivo mientras duermo...
Zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz....
*

29 julio 2007

Familia, familia...

Mi familia anda desperdigada por toda España y parte del extranjero. Somos una comunidad dispersa desde hace tiempo, pero no distanciada. A pesar de que no mantenemos mucho contacto, cuando nos vemos o nos llamamos, es como si habláramos todos los días por teléfono o nos encontráramos para comer cada domingo del año. No sabemos nada del día a día de nuestras vidas pero sabemos, sin lugar a dudas, que nuestros lazos se mantienen y que lo importante, nos lo comunicaremos sin falta.
Esto os lo cuento porque hoy he recibido una llamada de mi tío, el de Valencia. Quería decirme que, en junio, se inauguró un museo: el MUVI, en La Muela, provincia de Zaragoza. MUVI, significa "Museo de la Vida" y es el amado proyecto personal de su hijo, mi primo Ángel, director técnico de ese recién inaugurado Museo.
Hace más de tres años que mi primo vino a visitarme. No conocía ésto y nos pegamos un panzón de andar por la ciudad que, cuando lo recuerdo, se me reproducen los dolores musculares en las piernas. Pero su visita tenía otro motivo; enseñarme los planos del edificio que se estaba construyendo para albergar el proyecto que llevaba acariciando años y que ya había hecho realidad en otros lugares, pero a una escala poco satisfactoria. En La Muela había encontrado, por fin, la comprensión y la ayuda necesaria para ese proyecto. Los planos eran preciosos. Un edifico moderno, en forma de libélula estilizada, con tres plantas, un entorno ajardinado y todo lo que él quería. O casi todo, porque algo así nunca se realiza al cien por cien.
He buscado en la red, pero no hay más que la reseña de la inauguración. Aquí está. hay que destacar que el municipio ya contaba con otros dos museos; el del Viento y el del Aceite, dos cosas muy entroncadas en el entorno aunque por diferentes motivos. El aceite, ancestral; el viento, por la moderna tecnología.
Mi primo, que es quién me interesa, lleva toda su vida queriendo hacer algo así. Él mismo ha buscado, recogido y conservado una ingente cantidad de material: fósiles, minerales y objetos arqueológicos de todo tipo. Con el jeep y los perros se ha pateado kilómetros y kilómetros; ha dormido al raso en mitad de la nada; ha regresado exhausto y ha llenado su casa hasta los topes con sus hallazgos. No sé si yo podría sacrificar tanto en pos de una ilusión, pero sí sé que admiro profundamente a mi primo; conozco su esfuerzo y todo lo que le ha sido preciso dejar atrás por perseverar en su camino. Ángel es tímido , así que espero que no llegue a leer ésto. Estoy segura de que se cortaría mucho, pero no podía dejar de contarlo; primero porque se trata de alguien cercano y luego porque hay que agradecer el esfuerzo de las personas que trabajan para la cultura, que se enfrentan a problemas, que lidian con los inconvenientes y que, finalmente, levantan un Museo de la Vida, para explicarnos, con detalle, quienes somos y de dónde venimos.

18 julio 2007

Ni modo...

Creí que era verdad eso de que iba a hacer unos cuantos días de vacaciones. Soy muy inocentona y desmemoriada, porque todos los años pasa lo mismo, más o menos. Siempre hay alguna cosa que me estropea el plan. No es que tuviera ninguno en especial, pero si lo hubiera tenido, se habría estropeado. Mañana empezaba eso de "todas las tardes libres hasta el 30", pero no. Mañana trabajo toda la tarde. Y a ver que pasa las próximas.
Bueno, tampoco es para morirse. No se está mal aquí, tecleando con poca ropa (no miréis..) y con un té de violetas, bien frío, a mano. Sí; me he pasado al té. En verano me apetece más que el café. Y de violetas, porque tenía que gastar un botecito que me trajeron de Francia y caduca a final de año. No voy a tirarlo, así que té de violetas hasta que se acabe el bote. Se me ha olvidado de que lugar de Francia me lo trajeron, pero debe de ser un lugar con violetas a porrillo, porque también llegaron con una caja de las mismas flores escarchadas y unos pastelillos de lo mismo que estaban para chuparse los dedos.
Esto de comer flores, es un poco raro, ¿no os parece?. La cabra lo encuentra de lo más normal, pero a mí me da un poco de pena. Claro que, alguna vez, me he hecho una tortilla de flores de calabaza, y comí hojas de crisantemo en un restaurante japonés. Y me enseñaron a recoger las hojas tiernas y verdes de las matas de amapolas para la ensalada y resultaron estar buenísimas.
¡Ah..! Y pétalos de rosa escarchados, también he comido. Ahora que lo pienso, a lo mejor es por eso que no consigo que las flores prosperen en mi balcón. Tendrán miedo de que me las coma.
Y ya que hablamos de comida, ¿sabéis lo que es la Ortorexia? Pues para los que no lo sepáis, os diré que es una patología sobre la que están alertando los nutricionistas y los psicólogos, que han detectado un aumento grande de sus síntomas en los últimos meses. Ortorexia es un trastorno alimenticio que consiste en no querer comer nada que no sea ecológico, probiótico, dietético, integral, sin aditivos, sin conservantes ni colorantes, y que no tenga todas las garantías de no haber sido tratado con pesticidas ni herbicidas, ni.., etcétera, etcétera.
El riesgo para la salud no es pequeño, ya que no podemos encontrar en ese tipo de alimentos todos los necesarios para mantener un equilibrio nutricional correcto y estamos abocados a sufrir carencias alimenticias, si persistimos.
Los síntomas son, según una psicóloga clínica; "pasarse horas en el supermercado leyendo la composición de los alimentos; dedicar gran parte del día a decidir meticulosamente qué vamos a comer; evitar actos sociales para no caer en la tentación de comer algo inapropiado..." . Y otros comportamientos similares.
Bueno; el mundo está loco, loco. Ya lo sabemos ¿no?. No es que no debamos vigilar nuestra alimentación, es que ningún extremo es bueno. ¿Qué pasó con los bocadillos de chorizo y el pan con chocolate de toda la vida...?
No sé, no sé. Creo que llevamos las cosas hasta límites ¿tontos...? Lo que es mejor para la salud es comer variado y no atiborrarse. Tendremos lo necesario para una alimentación correcta y no engordaremos. O sí.
Además; ¿quién nos garantiza que las etiquetas dicen toda la verdad? ¿Y conocemos todos los componentes al dedillo? ¿Y, aún conociéndolos, sabemos como se comportan en nuestro organismo mezclados con otros?
Pues eso; a por los garbanzos, que los conocemos de siempre.
*

13 julio 2007

Aún no es tarde

Mi amiga Avrilis me dio un premio hace bastantes días ya. En general, me corto mucho con estas distinciones tan específicas. Que me da vergüenza, en una palabra. Y también me da mucho apuro tener que elegir a otros bloggers y darles el mismo premio. No sabría a quien elegir. Soy un desastre para estas cosas, lo reconozco. Después de darle muchas vueltas he pensado que no podía dejar de corresponder al cariño de mi amiga y voy a poner en el blogroll, el premio que me ha dado. Cada vez que lo vea, no pensaré que es un premio, sino un beso cariñoso que me manda Avrilis. Y cuando una amiga se acerca a darte un beso, no puedes dejar de apreciarlo.

Así que ahí dejo el certificado del beso-premio en cuestión, con todo mi cariño y otro beso enorme para Avrilis. Me es imposible escoger cinco de entre vosotros, porque todos sois muy especiales para mí. Espero que la persona que tuvo la idea de estos premios, no me tome en cuenta que no siga sus directrices, pero es que no puedo; no puedo elegir sólo a cinco. Por lo tanto Beso-Premio para todos vosotros, amigos bloggeros.
.

*

09 julio 2007

Coles y chinos

A lo mejor pensáis que los chinos que nos acompañan sólo tienen tiendas de todo a cien y cosas así. Pues no; aquí cerca hay una familia que tiene una fruteria-verdulería, llamada de forma no muy original "Frutas y verduras frescas". El rótulo está en catalán, pero vamos, dice eso.
Desde el primer día mi madre y yo somos clientes fijos porque es cierto que el género es fresco y la familia que atiende es muy simpática, aunque no saben apenas ni catalán ni castellano. Y yo sólo se decir ni hao, que creo que significa hola, pero por si acaso le voy a pedir ayuda a mi amiga Hacernohaciendo, que ella sí que sabe chino. A ver si está en casa: Hacernohaciendo, por favor, ¿está bien dicho eso?
Bueno, mientras me contesta, os cuento lo de las coles chinas. Es una verdura que tiene más pinta de lechuga que de col; no sabe mucho a la col que estamos acostumbrados y, desde luego, no sabe a lechuga, pero está buena. Y esta mañana he pasado a comprar una, porque me apetecía mucho. Llego a casa, le quito las hojas exteriores, la corto en dos para lavarla y me encuentro con que está negra por dentro. ¡Mecachis ya...! Bueno, paciencia. He comido alcachofas. Esta tarde, tenía que salir y como he de pasar por delante de los chinos de las verduras, entro en la tienda: "Hola". "Hola" contesta sonriendo el señor que me despachó esta mañana. "Mira, que vengo a por otra col que la que me vendiste esta mañana salió negra por dentro" Me mira con cara de no entender ni papa. Intento resumir: "Tú me vendiste col. Estaba negra por dentro. Quiero otra, por favor" Él asiente con la cabeza muy serio. Sé que no me ha entendido. Suspiro y lo dejo estar. Voy al estante de las coles y cojo una. Él sonríe y me dice: "Tú gusta mucho col. Tú llevar antes". "Sí me gusta, pero salió negra. No la pude comer". "Sí, sí; tú gusta col. Come más". "No, hombre, más no, que la de esta mañana no me la he comido. Salió negra". Con una sonrisa de oreja a oreja, insiste: "Tú gusta col. Col buena; barata. Tú come"
¡Ay...! Debería haber traido la dichosa col. Lo dejo por imposible, llevo otra col al mostrador para que la cobre y entonces veo unas berenjenas preciosas. El buen señor acude con una bolsa de plástico en las manos para que meta la hortaliza, me sonríe y dice: "Tú gusta esto. Tú come otro día". Creo que se acuerda de que he comprado berenjenas alguna otra vez. Le pregunto si saldrán negras por dentro y él, que sigue sonriendo, afirma con grandes movimientos de cabeza: "Sí, sí; tú gusta esto. Tú come más"
No sé porqué, al final no me he llevado las berenjenas. Creo que voy a esperar a comprar las verduras susceptibles de estar negras por dentro, hasta que aprendan un poco más de castellano. O hasta que yo aprenda chino.
.

04 julio 2007

Patologías cotidianas

Todos nosotros, hasta aquellos que rezuman salud por todos sus poros, estamos expuestos a sufrir un dolor agudo diario. Nos damos un golpe en el codo, nos rebanamos un dedo deshuesando el jamón, bajamos un bordillo y parece que el pie se nos ha dislocado, bebemos un vaso de agua y el estómago nos da un pinchazo que nos dobla. Cositas así, sin importancia, y que duelen un montón.
Luego, están esas otras patologías que no nos confesamos porque "podemos con todo". Son las acabadas en "itis" que no requieren hospitalización pero que molestan y que mejor ni os cuento. Bueno, sí, os lo cuento porque si no, no me entenderéis.
Ejemplos:
Trabaj-itis. Es cuando el trabajo empieza a doler y poco a poco va produciendo una inflamación generalizada en todas las junturas y bisagras del cuerpo, hasta que no puedes ni doblarte y vas en plan globo-robot por la vida. Y como estás tan sumamente inflamada, cuando te caes en el sofá, lo único que puedes hacer es "rodar y rodar" como las piedras del camino, pero en blando. Y te duermes en plan leño. Te despiertas a las tres de la madrugada hecha un cuatro.
Escaler-itis. Inflamación que se produce cuando llegas al primer servicio de la mañana y tienes que subir andando diez pisos (10). Empieza a manifestarse a partir del segundo y está a punto de explotar al llegar al noveno. En el décimo, estalla, mientras te vas acordando de toda la familia de los que arreglan los ascensores. Buena gente, por otra parte.
Idiot-itis. Aparece repentinamente. No se puede ocultar. Los ataques de idiotitis suceden cuando te das cuenta de que alguien se está pegando la vida padre a tu costa. Y se te queda la cara de "idioti".
Pariente-itis. Esta es una inflamación recurrente en mi. Me pasa sólo con mirar a los parientes de algunos de mis abuelos adoptados. Creo que se debe a una especie de alergia a la ingratitud.
Llant-itis y adios-itis. Hacia tiempo que éstas no me atacaban. Ayer volvieron porque tuve que despedir a mi querida Teresa. Va a una residencia algo alejada, por lo que será difícil que vuelva a verla. Me van a durar estas tres últimas inflamaciones, que van de la mano.
La última, que añadiría a ésas tres, prefiero no exponerla. Siempre estamos en horario infantil en Internet, y no quiero contagiar la palabrot-itis.
.


27 junio 2007

Si vis pacem para bellum

"Si quieres la paz prepárate para la guerra". Famosa frase del filósofo Vegecio que vivió en el siglo V de nuestra era y que, a lo que parece, va a seguir siendo famosa por mucho tiempo. Con el triste telón de fondo de nuestros soldados muertos en Líbano, y con el recuerdo de todos los que han dejado su vida en misiones de paz, lo único que se me ocurre son frases guerreras.
Porque también me he acordado, luego de oír a algunos políticos, de aquí y de allí, de uno y de otro lado, de éste y de otros paises, de que se les puede aplicar aquella otra que dice: "Gastar la pólvora en salvas". En salvas de discursos y alegatos de cómo y cuánto se debe preservar la paz, mientras se siguen gastando miles de millones en armamento.
Pólvora en salvas; palabras que no sirven cuando llega el momento de la verdad. Cómo éstas que escribo y que todos habremos pensado alguna vez. Pensadas con todo el derecho aunque no podamos, ni sepamos, hacer nada más que patalear de rabia.
Cómo las personas de a pie no alcanzamos a comprender los entresijos de la política internacional, ni las grandes causas que mueven a los mandatarios mundiales, nos disgustamos con estas cosas y se nos caen las lágrimas de pena y de angustia. Ellos, los que mandan, no pueden permitirse esos lujos. Tienen que seguir pensando en la paz mundial y fabricando armamento para preservarla, porque las armas dan mucha tranquilidad; mantienen a todo el mundo en su lugar. Los soldados y la población civil, cayendo bajo las balas o bajo el martirio del hambre, y a ellos, en sus despachos estampando firmas en los tratados que, en cualquier momento de los próximos siglos, si aún existimos como especie, nos acercarán un paso más a la paz.
Después de 1.500 años de las palabras de Vegecio, hay motivos para pensar que en los preparativos para la paz vamos a consumir el planeta; guerra tras guerra.
.

19 junio 2007

En vivo y en directo

Ya son tres los bloggers amigos que me han convocado a éste último (o penúltimo) meme que circula y en el que tienes que contar ocho cosas que definan un poco tu personalidad.
Creo que a lo largo y ancho de lo que escribimos y comentamos queda bastante clara nuestra forma de ser; qué nos preocupa, de qué nos reimos y cuales son nuestras preferencias vitales.
No obstante y para corresponder un poco a las confidencias que han dejado mis amigos en sus respectivos blogs, os contaré unas cuantas cosillas de las que nunca hablo aquí. O creo que no hablo, pero igual sí, y ni me he dado cuenta.
Veamos.
--No me gusta para nada hablar de moda. Para mí es un misterio lo que se llevó la temporada pasada o se llevará la próxima. Cuando tengo que comprarme ropa o zapatos, lo hago siempre obedeciendo a criterios de comodidad y funcionalidad y, si encuentro algo que cumpla esos requisitos, puedo comprar dos o tres pares de lo que sea (pantalones, zapatos, blusas...) exactamente iguales. Es un martirio tener que comprar algo especial para una boda o acontecimiento similar. Lo normal es que esa ropa especial acabe su vida olvidada en el armario, sin que me la ponga nunca más.
--No acostumbro a preguntar a las personas que conozco nada sobre su vida anterior al momento en que las conocí. Tampoco me gusta que me pregunten. Tiendo a suponer que, cuando nuestra mutua confianza se consolide, será el momento, no de preguntar, sino de contar libremente aquello que cada uno desee que el otro sepa.
--Soy una auténtica pelmaza en todo aquello que se refiere a mi trabajo. Repito una y otra vez las mismas cosas, todos los días y a todas horas. Siempre me asusta que algo se me escape, que no vea algún síntoma, que no me explique bien, o que no me entiendan.
--Odio el ruido de fondo con toda mi alma. Necesito silencio para leer, para escribir, para vivir.
--Me es imposible de todo punto ver la tele o escuchar música y no tener un trabajo entre manos. Suelo bordar, que es muy relajante.
--Me da mucha rabia no poder quedarme en la cama ni un minuto más que aquel en que me despierto. Al contrario que en la noche, cuando puedo pasar un buen rato leyendo antes de dormirme, por la mañana soy incapaz de quedarme acostada.
--Soy una obsesa del orden en mi casa. Aunque no siempre tengo tiempo para tenerlo todo como me gusta, cada cosa tiene su lugar establecido y ese lugar se conserva a lo largo de los años, aunque cambie los muebles o me cambie de casa. Libros, discos, películas, carpetas en el ordenador y todo aquello que lo admite, está colocado o guardado por orden alfabético de autor o título, según el caso. Quiero extender la mano y que allí mismo, en la punta de los dedos, esté lo que busco o necesito. Y para todo lo susceptible de ello, tengo una base de datos para consultar. Ya digo; una obsesa :)
--Nunca hago borradores de lo que escribo, ni aquí, ni en Trenzas y Rastas, ni en ninguno de mis otros espacios donde soy yo la que pone las palabras. O sale bien a la primera o adiós al posible escrito. Directo de la neurona a la pantalla. Sí que rectifico tildes, palabras repetidas y cosas así, pero nada más.
--No soy muy habladora, pero si el tema me gusta, puedo hablar hasta que me duela la lengua. Y si no sé nada de algo que me interese, y no sea personal, puedo preguntar hasta agotar la paciencia de cualquiera. En mi descargo decir que también sé escuchar muy atentamente y con toda la paciencia que se requiera.
--Lo peor que puedes hacerme es invitarme a salir cuando tengo un rato libre. No lo hagas, porque te diré que no. Mi casa es todo lo que necesito y el mejor lugar del mundo para mí. En todo momento. Y en su defecto, algún sitio perdido en cualquier montaña o campo lo más solitario posible.
Bueno, bueno..., creo que me he pasado y todo. No podréis decir los que me habéis convocado que no he cumplido.
Los demás, disculpadme por este alarde de personalismo. No lo haré más, lo prometo.
*
"Corazón, corazón" Versión de Chavela Vargas


13 junio 2007

13 de Junio del 323 adC

Si no me he equivocado contando, hoy se cumplen 2.330 años de la muerte de Alejandro Magno.
No podemos llevarle flores porque no sabemos donde está enterrado. Ni falta que hace. Así está a salvo el mito de este hombre que, en 13 años, conquistó el mundo.
A estas alturas y con todo lo que ha llovido desde que Alejandro montaba a Bucéfalo por casi toda la tierra conocida, yo no quisiera enterarme de si se le caía el pelo o de si tenía episodios de gastroenteritis, por ejemplo. Y lo sabríamos si se encontrara su tumba. Sacarían sus restos y se los repartirían los laboratorios del mundo entero: carbono 14, ADN, teorías sin fin sobre la causa de su muerte..., asesinato, intoxicación etílica, fiebre amarilla...
Supongo que entendéis que no digo que la ciencia no deba avanzar ni que no se deba llegar al fondo de cualquier cuestión que planteen los nuevos descubrimientos arqueológicos. Y tampoco digo que veamos la Historia en plan Hollywood, donde los malos son malísimos y los buenos, unos angelitos, pero me da pena dejar los mitos en manos de los científicos, la verdad.
Cuando era pequeña leía mucha historia (y sigo haciéndolo) pero me detenía con especial atención en la griega. Les tenía un poco de miedo a los espartanos, no me gustaba nada Filipo II por más que le diera tan buena educación a Alejandro, admiraba a Pericles que hizo de Atenas una auténtica maravilla y que amó a una mujer pública sin avergonzarse por ello, me daba rabia Platón que me parecía que sólo copiaba a su maestro, y me enfadaba a cada rato con los dioses del Olimpo que eran mucho peores que los mortales que creían en ellos y les adoraban. Y era una fan incondicional de Alejandro. Lamento decir que me alegró llegar al momento en que Pausanias mataba a Filipo II y se hacía posible que mi héroe subiera al trono macedonio.
Luego vinieron otros héroes: Saladino, Ricardo Corazón de León, El Cid, Jaime I...
Pero ninguno, ninguno como Alejandro Magno. Era mi héroe más amado, y ni siquiera el hecho de haberse casado con Roxana, consiguió que lo desterrara de mi corazón.

Quede este post como testimonio de que, alguna vez, fui una romántica empedernida.

*

08 junio 2007

Charlando con Teresa III

Teresa no recibe como todo el mundo. No dice buenos días, ni hola, ni nada parecido. Antes de dejarme entrar en su casa, tengo que contestar a una especie de encuesta acerca del tiempo, las noticias que ayer tarde escuchó en la tele, y si luego, cuando me vaya de su casa, tengo que ir a casa de otros enfermos o no. Así que, después de llamar al timbre, me apoyo tranquilamente en el marco de la puerta y me dispongo a mantener la diaria conversación previa a la entrada a su recibidor, donde me espera otra batería de preguntas, pero donde ya puedo descargar el peso del bolso y la carpeta de ejercicios que toca realizar. Luego, mientras me persigue por el pasillo, o yo la persigo a ella, según el día, me va contando las novedades que, básicamente, consisten en lo que vio, o creyó ver, las docenas de veces que se asomó a la ventana desde que la dejé el día anterior. Un hombre estuvo a punto de caerse al cruzar la calle, una mujer pasó cargada con muchas bolsas, una monja entró en la farmacia de enfrente, un guardia vino con la grúa a llevarse un coche...
Lo que su mente deduce de cada una de esas cosas da para escribir una novela. Casi puedes ver como le trabaja el cerebro sacando conclusiones a cual más peregrina, al mismo tiempo que gestualiza cada momento de la acción que desarrolla.
Poco a poco se va centrando en lo que hacemos y hoy tocaba tema filial: sus hijos,sus nombres, su fecha de nacimiento, cuántos viven, cuántos y cómo murieron. Y me ha contado ésto:
El primero que me nació, era precioso, pero precioso... ¡ay, que precioso era...! Todo el mundo tenía que ver con él. Tú sabes..., tenía los ojos azules, así, grandes, y antes se hacía una procesión dando vueltas alredor de la iglesia y todos los que lo vian, tenían que decirle algo. Yo le llevaba con un gorrito, así, para el sol, que no le quemara, y ese, el día de la procesión, era el primer día que le trajimos al pueblo. ¡Qué día tan bueno que pasamos...! Comimos allí y todo, que conocíamos gente mu maja y a la tarde, pero ya tarde, nos vinimos a casa. Y cenamos, y el niño también cenó, y se reía todo el rato y estaba precioso y cenó bien. Y se durmió, y mi marido y yo también nos acostamos y nos dormimos.
Un silencio y unos movimientos de cabeza, como negando, me han dado a entender, porque la conozco, que lo que seguía iba a dolerle, pero ha continuado hablando.
Al día siguiente, cuando amaneció Dios, mi marido se levantó para ir al campo, y miró la cuna. Tú ya sabes; antes las cunas las poníamos así, cerca de la cama grande, y mirábamos a los niños cuando nos levántabamos. Y mi marido vino a tocarme y me dijo: No te lo quería decir, pero el niño está muerto. ¡Mira...! ¿Pero cómo...? Sí, sí, está muerto... Y estaba, estaba.
Me mira y veo la incredulidad aún retratada en sus ojos. Me pregunta: Oye, ¿tú sabes de qué se moriría? Yo, que tengo un nudo en la garganta, apenas alcanzo a decir: No sé, Teresa. Va a mirar por la ventana un momento, mueve un poco la cabeza y vuelve a su silla.
El marido cogió la bicicleta y fue al pueblo a por el médico, pero cuando vino ya dijo que sí, que estaba muerto y que ya podíamos enterrarle. Pero, ¿cómo pudo ser eso? ¡Si era un niño precioso y había cenado bien...! Pero luego, mira, tú sabes que hay que ir a ver al cura para el entierro, pues el marido fue y el cura le dijo que no se podía enterrar en el cementerio porque no había hecho la comunión el niño. ¡Qué tío sinvergüenza, el cura...! ¿Qué te parece, eh, qué te parece?
Mal, me parece muy mal. No se podía negar a enterrarle en el cementerio. ¿No estaba bautizado?
¡Ah, claro que sí! ¡Menuda fiesta que armamos para el bautizo! ¡De todo había! Y el mala sombra del cura ese fue quien le echó las aguas. ¿Qué te parece, eh? Nos dijo que lo enterráramos en el corral. Y el marido lo enterró, con su cajita y todo, que nosotros la hicimos, pero yo no podía, no podía... ¡ay, Dios!, yo no podía ni pasar por la puerta del corral. ¡Es que no podía..!
Se le ahoga la voz en un llanto profundo que ya no tiene lágrimas y yo tengo que levantarme y hacer como ella; ir a mirar por la ventana un momento; a respirar.
Y al desotro día, el marido se fue en bicicleta a la capital, al juez, y el juez le dijo que teníamos derecho a que nos enterraran al hijo en el cementerio y le dio un papel y con los civiles, los guardias, sacaron al niño que estaba en su cajita, en el corral y se lo llevamos al cura, que ya se calló y nos lo enterró como Dios manda. ¿Qué te parece lo que nos hizo el tío ese, qué te parece? ¿Eso le estaba bien a un cura, eh? ¿A que no?
No Teresa, no le estaba bien, claro que no. Mueve la cabeza y se muerde los labios. Se frota los ojos con rabia; como si les castigara por no estar inundados.
¿Y tú no has estudiado eso? Eso de que los niños se mueran así, sin estar malos ni nada. Es que no sé que le pasó. ¡Si había cenado muy bien, y era un niño precioso, precioso, con cinco meses ya...!
Estoy a punto de hablarle sobre la muerte súbita en los niños, de decirle que se dan bastantes casos y que es algo para lo que aún no se tiene una causa clara, pero al final sólo le digo:
Teresa, usted no tuvo la culpa.
Y sé que no es ningún consuelo, porque ella me mira, mueve la cabeza en un gesto de negación y vuelve a secarse a manotazos unas lágrimas que no acuden a sus ojos.

05 junio 2007

Lo que no es política

Porque el terror no es política.
Porque amenazar no es política.
Porque matar no es política.
Porque el chantaje a un estado democrático no es política.
Porque intentar que vivamos con miedo no es política.
Porque estoy harta de encapuchados defendiendo lo indefendible.
Porque estoy harta de ver la sangre inundar las calles de mis ciudades.
Porque estoy harta de tanta palabrería inútil.
Porque estoy cansada de acudir a manifestaciones que a los asesinados ya no les sirven.

Y porque quiero a estos indeseables lejos de mi vida para siempre...



¡ETA, fuera...!

*

31 mayo 2007

A propósito de nada

Y es que es verdad. No tengo nada sobre lo que escribir. Bueno, quizá decir, por si aún no lo sabéis, que yo también HE GANADO LAS ELECCIONES. No se porqué voy a ser menos que todos los demás. ¿O es que no tengo derecho a ganarlas? Pues eso.
Y luego está el tema de la música, que no sé si estáis oyendo o no, porque es algo pesadita en kb (más bien en megas). Eso sí; es buena. Más detalles en Trenzas y Geranios , uno de mis otros espacios en la red. Es que en el servidor ya no me queda sitio para dos piezas musicales diferentes.
Si dejáis el blog en segundo plano y seguís con vuestra vida como si nada, en algún momento la música empezará a sonar :)
------------
Segundo día de intento de postear.
------------
Son las cinco de la madrugada así que perdonad si os he despertado con el ruido del tecleo. No es que esté desvelada. Es que ayer estaba tan cansada que me quedé dormida a las nueve de la noche, en el sofá, y mientras veía a Rafael Nadal jugar un partido contra un italiano llamado Flavio Cipolla, que también el nombrecito se las trae. Después de partirme de risa, sin mala intención, eso sí, dijeron los comentaristas que Cipolla se traducía al castellano por cebolla (menos mal) y ya no me reí más, porque las cebollas son, en sí mismas bastante insulsas y no dan mucho juego mental. Pero el apellido me recordaba algo y en cuanto me he despertado he ido a las estanterias de la biblioteca a revolver, y allí estaba; un libro muy divertido de un señor llamado Carlo M. Cipolla. El título: "Allegro ma non troppo" que, contrariamente a lo que pueda pensarse, no trata de música, sino de cocina. Bueno, más concretamente del papel de las especias en el desarrollo económico de la Edad Media. Lo escribe en clave de humor y el libro resulta muy ameno. Mucho más que las cebollas en su conjunto. Os transcribo una cita de Felipe de Vitry, secretario de Felipe VI de Valois, rey de Francia, y que Cipolla toma para ejemplificar lo que viene explicando en su libro.
"Para escapar de las calamidades que la amenazaban, la sociedad se organizó en tres estamentos. Uno se encargó de rezar al Señor Dios Padre. El segundo, se dedicó al comercio y a la agricultura. Y, por último, para proteger de las injusticias y agresiones a las dos clases antes mencionadas, se crearon los nobles"
A simple vista, no parece tan diferente de la forma en que hoy día se organiza nuestra sociedad. Salvo por "el cuarto poder", que entonces ni se sospechaba que pudiera llegar a existir, los otros han llegado con bastante salud hasta nuestros días. Con los nombres ligeramente cambiados, eso sí, pero en el fondo, en el fondo..., yo creo que son los mismitos. Y naturalmente que los poderes primero y tercero de esa lista, en la Edad Media y ahora, no se puede decir que cumplan exactamente con sus cometidos. La cita del señor de Vitry sigue vigente, en su sentido contrario, tal y cómo dice Cipolla en su texto.
Pensándolo bien, creo que las cebollas van a empezar a gustarme.

30 mayo 2007

¡Upsss...!

Iba a postear alguna cosa y ahora resulta que tengo que irme.
Luego vuelvo. O no; ¡yo que sé...!

26 mayo 2007

A vuestra solicitud

¡Y menos mal que habéis insistido en que viniera, porque si tuviera que esperar a que Trenzas me dejara escribir aquí motu propio, ya podía sentarme...!
Lo que no me ha quedado claro es sobre lo que queréis que opine, porque hay varias posibilidades. Veamos:
-Que opine sobre el post de Trenzas "La Opinión".
-Que opine sobre lo que vosotros opináis de la opinión de Trenzas.
-Que opine sobre la opinión, también llamada doxa.
-Que opine sobre la oportunidad, o no, de traer a colación a los griegos muertos hace 2000 años en relación con el ambientillo electoral que vivimos ahora que, por otra parte, es como de segunda división porque no son elecciones generales
¡Ah, no! Ésto último, descartado, que hoy es jornada de reflexión y no quiero influir de ninguna manera en el voto que tengáis pensado emitir.
Cómo Trenzas sale a trabajar dentro de poco y tiene la costumbre de desconectar el ordenador para que los gatos no se dediquen a mirar páginas con encantadoras gatitas, parcialmente desprovistas de su pelaje, tengo que darme prisa en opinar sobre algo, y he decidido opinar sobre las ovejas.
Ahora que lo pienso mejor, creo que no, que tampoco voy a opinar sobre las ovejas. En estos días la cosa ésta del rebaño (ir a votar como un rebaño, comportarse como un rebaño, ser tan estúpidos -los oponentes- como un rebaño, etc. etc..) puede herir susceptibilidades. Alguien podría sentirse identificado. Hasta me da apuro hablar sobre "El silencio de los corderos" no sea que me acusen de hacer apología de la abstención.
Creo que de una cosa sí puedo hablar tal día como hoy y es sobre las cabras que, como todo el mundo sabe, siempre tiramos al monte. Nos chifla lo montaraz y lo de "ir por libre" y después de cumplir con nuestra obligación sobre la cuota de leche, queso y cabritillo por año, en el resto no nos gusta que se meta nadie.
Y eso bien lo sabe Trenzas que, inútilmente, pierde el tiempo intentando llevarme al redil. Al redil, van sólo las ovejas, obedientemente seguidas por sus corderitos. Nosotras, las cabras, dormimos en cualquier parte y comemos lo que haya, pero gozosamente sueltas.
Claro que unas buenas manzanas, nunca sobran.

17 mayo 2007

La opinión

La Opinión es un buen nombre para un periódico. De hecho, creo que habrá unos cuantos cientos en el mundo que lo lleven, porque si hay algo que nos vuelve locos de entusiasmo a los humanos es dar nuestra opinión, nos la hayan pedido o no.
Esto es particularmente visible en época de elecciones. Ya sabéis que procuro no hablar del tema, porque soy un animal apolítico, casi del todo. El casi que falta es el necesario para intentar no caer en estupideces varias, que no es que lo consiga siempre, ni mucho menos.
Tampoco suelo escribir sobre religión, ni sobre fútbol, ni sobre otros asuntos que no se presten fácilmente a divertirse un poco sin ofender a nadie. Ese es, al menos, mi propósito.
Básicamente, intento reírme de mí misma cuando vengo a dejar aquí parte de mis pensamientos que, en puridad, no son tales, porque jamás pienso antes de escribir, lo que voy a escribir.
Tampoco hoy he pensado nada antes de venir a teclear, pero supongo que el "ambiente" me ha podido y me ha sido imposible evitar la idea de "la opinión".
Los griegos la llamaban doxa y era uno de los grados del saber. Un hombre ilustrado sabía que su doxa no era un dogma inamovible; era consciente de su valor relativo y de que era equivocado darle a su opinión un valor de verdad objetiva o absoluta.
La opinión es, en principio, una forma de saber y, por ello, requiere un determinado grado de conocimiento sobre aquello de lo que opinamos. Y también es requisito imprescindible para opinar, tener la conciencia clara de nuestra falibilidad. Mi opinión no tiene porqué ser la buena, ni la mejor, ni la única. Lo imprescindible, al dar nuestra opinión, es estar dispuestos a escuchar la de los demás, a respetarla e intentar comprenderla. Y si no la comprendemos, no nos pongamos a pontificar interminablemente sobre la verdad de la nuestra, por favor, porque hasta resulta un tanto ridícula la insistencia de muchas personas en imponer su opinión a los demás.
Las ideas que tengamos son las nuestras y no debemos olvidar que el resto del mundo tiene las suyas propias. Y no sólo eso, sino que son tan dignas de ser tenidas en cuenta como las que nosotros defendemos.
Mi opinión sobre cualquier asunto, es la mía y estará basada en lo que sé y, en mayor medida, en lo que ignoro. Si tengo esto claro, ya sé que me habré equivocado (y me equivocaré en el futuro) las veces suficientes como para no empecinarme en mantenerla a toda costa.
Y aún sabiendo que no sé nada, no me digáis lo que debo opinar, si no queréis que me enfade.
Acepto, eso sí, y en cualquier momento, escuchar atentamente vuestras opiniones.
Lo que piensa la cabra de todo esto, os lo cuento otro día.