10 junio 2009

Agua salada


El primer mar que vi fue el Cantábrico. En las playas de Gijón bebí mi primer sorbo de agua salada y me sentí muy engañada por ese sabor ingrato, tan diferente de lo que parecía. Mi padre nos llevó, al único hermano que por entonces tenía y a mí, a la playa, y nos acercó sin soltarnos de la mano hasta la misma línea de las olas. Enseguida nos pareció muy divertido aquello, pero nada comparado con lo que pasó cuando empezó a levantar algunas rocas sueltas, debajo de las cuales bullían una enorme cantidad de bichos rarísimos. Cada vez que se alejaba una ola, mi padre volvía a levantar las piedras y, cada vez, era un descubrimiento. Habrá que decir, antes de seguir que, por aquel entonces, todavía podías moverte por las playas a placer y que era más que fácil, en las del norte al menos, encontrar en sus rocas, no sólo las omnipresentes lapas, sino multitud de cangrejillos, pequeños peces, erizos y muchas, muchísimas conchas y caracolas ya vacías. Y a nada que escarbaras un poco, berberechos y otros moluscos. Mi padre, incluso sacó un pulpo medianito de un hueco en las rocas. No nos quedamos nada que estuviera vivo, pero yo recogí cantidades industriales de conchitas y caracolas, tantas, que hubo que habilitar un par de servilletas bien anudadas para cargar con el botín. Yo no quería soltar ninguna de aquellas pequeñas maravillas y, si me hubieran dejado, me habría llevado todas las que me salían al paso, que eran cientos y cientos. Es una manía que aún no he perdido. Aunque logro controlarme un poco mejor, no concibo un día de playa sin traer a casa unas cuantas conchas. Bien es verdad que ahora las playas están expoliadas de todo lo natural y apenas si se encuentra nada en las que yo tengo al alcance, si descontamos alguna "galleta" de chapapote o lindeza similar.
Ya de mayor, me hice con una pequeña colección, a base de ir comprando por las tiendas de los diferentes lugares costeros por los que pasábamos en vacaciones, conchas y caracoles foráneos. Casi todos vienen del Índico o del Pacífico, y no tienen la gracia de haberlos cogido con las propias manos, pero siguen siendo mágicos. Tengo repartidos en los estantes de la biblioteca unos cuantos recipientes de cristal llenos de tesoros, y una pequeña estantería para los ejemplares más grandes. En la foto que os he dejado se ve la mitad de ellos.
Cada uno tiene sus manías y yo necesito volver de la playa con alguna pequeña muestra de que mis recuerdos son ciertos; que había una vez un padre y unos hijos que se maravillaban con lo que el mar traía en cada golpe de agua, y que ...
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36 comentarios:

Luciernaga dijo...

Mi padre me inicio de peque en la recogida playera de conchitas pero desgraciadamente he perdido esa buena costumbre. El en cambio no y cada vez que va a la playa trae algo.

Un fuerte abrazo

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Ricardo Guadalupe dijo...

Ja, ja, es cierto, a mí también me resultó ingrato el primer trago de agua salada que tomé de pequeño, mira que fue hace años y me lo has recordado, qué bueno.

En cuanto a las conchas, piedras, caracolas y demás tesoros marinos es ahora cuando les presto más atención. Hasta me compré unas hojas de plátano sobre las que dejo de forma alineada todos mis hallazgos. Eso sí, nada que ver con tu magnífica estantería y los ejemplares que la llenan. Qué bellos recuerdos son cada uno de ellos, y qué interesantes las historias que deben tener detrás.

Por cierto, no sabía que el título de esa canción de los Righteous Brothers fuera "Marea baja". Me pregunto cómo sonará a través de una caracola :-)

Un abrazo

Isabel Romana dijo...

A mí también me gusta recoger conchas y piedras, así que me he identificado mucho contigo. Desde luego las conchas y caracolas, tienen una gracia y una fascinación especial y la palabra magia que has empleado para referirte a ellas está más que justificada. Fíjate que, incluso, si te las pones en la oreja puedes colgarte el mar como pendiente. Un besazo, querida amiga.

Trenzas dijo...

Luciérnaga: Supongo que a unos nos engancha más que a otros eso de ir rebuscando en la arena. El Mediterráneo, por estos parajes, apenas deja recuerdos. Y además están las máquinas que mantienen limpias las playas y que no sólo recogen todos los "regalitos" en forma de bolsas de plástico, latas y otras maravillas turísticas, sino que arrasan con todo lo que el mar pudiera dejar.
¡Todos sea por las divisas...!
:)
Un abrazo fuerte, amigo.

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Ricardo Guadalupe: Creo que estuve toda la mañana poniendo cara de asco después de aquel primer trago :)
En el momento en que mi afición estaba en todo su apogeo, compré unos cuantos libros de Malacología y quedé aún más maravillada de la cantidad y variedad de conchas y caracoles marinos que existen. Y de los elevados precios que alcanzan los más escasos, como el Conus gloriamaris, del que al principio del siglo XIX, sólo se habían encontrado dos ejemplares. Y sigue habiendo, en poder de coleccionistas, menos de una docena.
Los fondos de los barcos transportan especies de un continente a otro. Yo encontré en Salou la carcasa de un erizo "dolar sand", oriundo de las costas de California. Mantén los ojos abiertos en las búsquedas :)
Pues no sé como sonará a través de una caracola, pero apostaría a que muy bien :DD
Un abrazo, Ricardo.

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Isabel Romana: ¡Que bonita imagen esa de llevar el mar como pendiente...!
Es que, cuando te paras a mirarlas con detenimiento, algunas resultan ser verdaderas joyas. Y cuando las liberas de la suciedad, suelen tener preciosos colores. Y siguen conservando el olor a mar.
Lo que no soporto son esas figuras zoomorfas que montan a base de ir cortándo y pegando. Me parece un sacrilegio :(
Un abrazo fuerte, mujer romana

Lorena dijo...

Que recuerdos... siempre pense de niña, que era el mar de sabor tan dulce como se le miraba, con el primer trago me asuste...aun me arde la nariz de recordar la sensación de respeto y un poco de miedo de ese primer ahogo...sin embargo... a pesar del sabor, podria haber estado horas mirandolo, oliendolo, cerrando los ojos para sentir la brisa y los sonidos...alli fue cuando de verdad me empece a sentir viva¡¡¡

Un abrazo Querida amiga, gracias por traerme ese recuerdo de vuelta¡¡¡¡

Víctor dijo...

Mira que ponerse a beber el agua del mar, hay que ser gulafra, jaja.. :)
Bueno, ya en serio, yo no tengo ese recuerdo, como tampoco el de la primera vez que vi el mar; supongo que me advertirían que el agua no se bebía, y como era un buen niño les haría caso a los mayores..
Con las conchas tengo un problema: por mi me las llevaría todas, pero en casa las tengo racionadas, jeje.. así que suelo coger sólo un par de ellas, más alguna de contrabando.. :)

Trenzas dijo...

Lorena: Yo sólo habia visto agua en grande, en el río y allí, en nada difería de la que bebía en mi casa. Fue un shock el sabor del mar :) Por suerte, tiene ese poder de fascinación, casi hipnótico, que hace que se olvide pronto cualquier mal trago. Es cierto que puede uno estar horas y horas mirándolo; atrae la mirada como el fuego.
Un abrazo bien fuerte, amiga.

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Víctor: Ni siquiera recuerdo si tenía sed, pero ¿quién ve esa cantidad de agua y no piensa en echar un traguito, eh...?
:)
No recuerdo si me advirtieron, pero la curiosidad habría podido conmigo de todas formas; eso, seguro :DDD
¿Racionadas...? :DD Por mi parte, casi es una suerte que en estas playas apenas se encuentre nada, porque nadie me pone límites y podría quedar inundada. Ya hace tiempo, de las pocas que se ven, empecé a escoger las más minis, para que no sea tan grave :)
Abrazos, Víctor.

El extraño desconocido dijo...

Bonitos recuerdos y bonita coleccion, trenzas!

Yo donde iba a veranear recogí una vez una medusa por equivocación, y desde entonces dejé lo de las conchas (menudo daño hacen las medusas, oiga).

Besos y abrazos

María dijo...

Hola Trenzas,
Me has recordado muchísmo, cuando nosotros que somos cuatro hermanos veraneábamos siendo niños.
Lo mejor de descubrir algo la primera vez, más si es algo tan precioso como el mar, es lo fascinante que parece. Lo de las conchas no es una costumbre solo tuya, mis hijos tienen calderos y calderos que yo debo seleccionar, para que la cosa no se nos desmande.
Al igual que tú mi primer mar fue el Cantábrico, en concreto la costa de Lugo. Desde los 3 años descubrimos un lugar pequeñito llamado Foz, y pasamos 10 veranos allí, después como todos buscando aguas más cálidas y mejor clima cambiamos al Mediterráneo, pero el encanto de Galicia y Asturias no existe en ningún otro lugar, lástima de tanta lluvia.
En fin, como siempre,
ha sido un placer.
besos

Antón Abad dijo...

La verdad es que no me extraña nada que tengamos la misma manía querida; aunque aún no he visitado una costa que tengo muy próxima, sé que habré de hacerlo pronto, y me llevaré un par de botes para recoger tesoros. Los míos son siempre pequeñitos, porque un día los engarzaré en collares y pulseras; o puede que no, pero el placer de pensar en ese día no me lo quita nadie, así como nadie sabrá del valor de mis posesiones.

Franki dijo...

Hola Trenzas, por un momento, me has hecho revivir una montaña de momentos
, momentos preciosos donde solo existía yo y mis continuos descubrimiento a la orilla del mar...también soy un recogedor de playa, cochas, caracolas piedrecitas moldeadas por el mar, extrañas formas que mi imaginación interpreta:). No soy ningun lobo de mar pero también añoro a el y las playas cuando hace tiempo que no las piso. Es verdad que últimamente, es mas difícil encontrar cositas que no sean plásticos y chapapote.
Una abraçada molt forta amiga meva

Trenzas dijo...

El Extraño Desconocido: :DDD
Sólo puede pasarte a ti eso de recoger una medusa urticante.
La próxima vez, ya sabes; solo conchas o caracoles :)
Un abrazo, "despistao"

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María; Concuerdo contigo en que el Cantábrico es un mar fascinante. Todos tienen su encanto, pero aquellas costas de rocas negras, llenas de vida, son muy, muy especiales. Y cuando está bravo, es aún mas bonito. Claro que, mejor ponerse a resguardo.
Calderos y calderos, si.., eso me suena mucho, mucho :DDD
Me alegra haberte traido buenos recuerdos.
Un abarzo fuerte, amiga.

Trenzas dijo...

Antón Abad: Una buena idea, eso de engarzarlos. Y tesoros, son; no hace tantos siglos las conchas, como sabe, se usaban como moneda en algunos lugares de la Polinesia y quízá en otros lugares que desconozco. Sería interesante comprobar si no los cambien por euros en el Banco de España.
¿Seremos millonarios sin saberlo?
¡Oh, que intriga.....!
:DDD
Un abrazo bien fuerte, amigo.

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Franki: Es una pena ver cuanto han cambiado las playas en estos años.
Rebuscar para encontrar ya casi no tiene sentido, al menos en estas orillas tan plagadas de turistas.
Mi hermano me cuenta que el Algarve, en Portugal, aún hay algunas playas con muchas caracolas, y en Almería también, pero sólo en esas de arena dura donde no va nadie. Lástima no tenerlas más cerquita ¿verdad?
Moltes abraçades, estimat Franki.

maria dijo...

crecí al lado de esa playa, me llamaba la atención cuando alguien del interior, por ejemplo del pueblo de mi madre, venía y se quedaba boquiabierto diciendo:
-cuanto agua!!
pero mis recuerdos de la niñez, son de recoger ocle para ponerlo al sol y luego venderlo. o cuando mi padre nos llevó a alta mar con la lancha y nos arrojó a sus aguas diciendo:
-el que no nade se ahogará.
según él la mejor forma de enseñar a nadar. nosotros movíamos los brazos y los pies aterrorizadas pensando que el mar terminaría tragandonos.
cuándo alguna vez me preguntan, ¿sabes nadar? ese es el recuerdo que viene a mi, y pienso, que remedio.
Muy chula la colcción de conchas, yo también tengo unas cuantas, me fascinan las de colores verdes, azules etc...
un beso.

Pepa dijo...

sabes amiga? cada vez que voy a la playa, que suele ser muy amenudo, la tengo a 5 minutos en coche, recojo alguna concha o piedrecita que me llame la atención... y los tengo en recipientes en casa... me dan fuerza, energia... es como tener un trocido de mar conmigo, una locura mas de las mias, pero que veo que son much@ssss l@s cued@s loc@sssss
Jajaja y hablando de mar, si me vieses hoy,, si parezco un cangrejo!! seno shizo un poco mas tarde de lo habitural, imaginate, siempre vamos dos amigas a caminar y hoy eramos cinco... ufffff con lo que le dabamos a la lengua, las piernas perdian fuerzxa y nos pasamos del tiempo, asi que.. roja roja roja
Petonetssss

Imagine Photographers dijo...

Si, es verdad en Almería he visto muchas conchas, pero también lo estamos invadiendo, en Menorca y en el Delta también se encuentran muchas, aunque casi todas son iguales, rosellonas, almejas, tallarinas y berberechos, bueno y navajas, pero si te entretienes un poquito aun puedes pillar una que parece la pata de un pelícano, dátiles de mar y alguna cosita mas :)
Molts petonets bonica

Trenzas dijo...

Maria HNH: :) ¡Cuanta agua....! :DDD
Pues sí que es verdad que es lo primero que se viene a la boca cuando ves el mar por primera vez.
Me he reído mucho al leerte, porque no hace muchos días escuché eso mismo.
Buen sistema el de tu padre, aunque yo me hubiera ahogado. Ya estuve a punto de hacerlo en un río y me ha quedado un miedo cerval a soltarme en el agua.
Muy interesante lo que cuentas de la recolección del ocle. La semana pasada vi un trocito de documental sobre el tema, aunque no alcancé a saber si eran en las playas españolas. Pero ¡qué cantidad de sargazo recogían! Me asombró que hubiera tanto.
En la parte que no se ve de mi colección, las hay demuchísimos colores, aunque son más pequeñas que éstas. Arco iris marino :)
Un besazo, mujer. Y gracias por compartir recuerdos :)

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Pepa: Pues mira, parece que sí, que hay muchos loc@s-cuerd@s con el tema :)
Es que no sé, ves allí en el suelo, esas formas tan perfectas que parece que te llaman para que las recojas :)
¿así que como un langostino recién cocido, no? No hace falta que te diga lo malo que es eso, así que cuídate esa piel :) Llévate sólo a una amiga; máximo dos :DDD
Un abrazo bien fuerte, amiga.

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Imagine Franki: Me parece que el Cantábrico y el Atlántico, son mejores productores de moluscos varios que el Mediterráneo. Quizás las mareas son más fuertes y arrastran más del fondo marino. Por estos mares, la diversidad no es el fuerte, a menos que bucees, pero como yo no sé ni nada, pues...
:)
Pronto no quedará nada sin invadir, eso seguro.
Moltes abraçades ben fortes, amic Franki

Anónimo dijo...

Hola tieta:Yo con mi abuelo tambien solia ir a la playa...Fué el y mi yaya los que ,por circunstancias,nos llevaban a la playa.Ese mar tan estupendo que había en Cambrils.Gracias a ellos aprendí a amar el olor del agua salada,a compartir horas y horas en la arena con mis hermanos,tios y primos.Acuerdate que en mas de una ocasion ,tu, tambien estabas.Adoraba ir a la playa en invierno,sentarme en la arena y ver a Jacki,a fosti,corriendo como locos arriba y abajo!Me encanta el mar,el sol,y su aroma.A Unai tambien le gusta mucho,aunque él no tendrá la suerte de recordar que fué su yayo quien lo llevó,sino sus padres y abuela.Gracias por escribir acerca del mar,me has transportado a una edad de mi vida que fué maravillosa.Gracias.

Trenzas dijo...

Anonimo sobrina :)
Pues no solo me acuerdo, sino que tengo algunas fotos de ti, en una sillita, al lado del agua. No es en Cambrils, sino en Altafulla donde se tomó, pero ilustra lo mismo. Entonces también estaba mi perrita Yola, escondiéndose a la sombra de las tumbonas :)
Ha llovido mucho desde entonces, nena. Lo mejor es acordarse de estas cosas preciosas e ir olvidando las menos gratificantes.
Me encantaría ver a Unai en la playa. Este verano tenemos que encontrar un huequito :)
Moltes abraçades i petons per a tots, estimats.

Tony dijo...

Una mañana madrugadora tropecé con una caracola rara... se me ocurrió frotarla... y desde entonces vivo en Beverly Hills.

Un abrazo "genioso".

Trenzas dijo...

Tony: ¡Yo quiero una de esas caracolas mágicas...!
Siempre que no tenga que pagar alquiler en Beverly Hills. Me temo que eso quedaría fuera de mis posibilidades :)
Abrazos también para ti, querido amigo.

cieloazzul dijo...

Ay trenzas!! me has recordado una anécdota de la infancia!!!
al igual, teniamos aquellas vacaciones mágicas en la playa, mi padre nos dejaba jugar con todo lo habido y encontrado, pero no nos dejaba llevarnos nada!!! yo que era una coleccionista natural, encontré una ostra negra con betas de colores... la cuidé durante lo que duró la aventura en la playa... y antes de partir mi madre nos sacudía la arena y los tesoros... con la ilusión de llevarme la joya encontrada la heché en el bolso de mi madre sin que nadie lo notara. Y asi fue. Nadie lo notó, ni yo que me olvidé del secuestro hasta unos dias después toda la habitación de mis padres tenia un olor extraño... precisamente a ostra disecada. jajajjaa
ups!
besos querida amiga

yole dijo...

Ya sabía yo, desde siempre, que eres una sirena con trenzas y conchitas marineras.

Besos navegadores.

Trenzas dijo...

Cieloazzul: :DDD
Ya me imagino a tu madre rebuscando por los rincones a ver si localizaba el foco del olor :DD
Alguna vez he recogido algún caracol con el animalito ya muerto dentro, y al llegar a casa, de golpe al agua hirviendo y al raspado con cepillo, porque en verdad ¡apestan...! :)
Ahora nos reímos, pero seguro que te cayó una buena reprimenda :DDD
Me has hehco reír un montón, preciosa.
Un abrazo bien grande, querida Cielitoazzul.

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Yole: No seré sirena completa hasta que no aprenda a nadar. Aún no lo he descartado, conste.
Una docena de besos, peluquero.

Myriam dijo...

Yo creo que mi primer contacto con el mar fue en Acapulco, México con sus playas de aguas del Pacífico. Eso del mar Cantábrico a mi me suena como que muuuy lejos y me hace imaginarme más bien un libro de geografia.

Afortunados ustedes que tienen la playita a 5 minutos, yo la tengo a casi 400 km de donde vivo y la verdad es que yo muy poco voy a la playa, si es una vez al año, es mucho. ¡Suertudotes ustedes! :)

Robertö dijo...

Tengo algunas...pero mi manía son las rocas. Me traigo piedritas de cada sitio que piso. Y compro algunas bonitas de los lugares que no conozco.
un saludo grande.

Pilar dijo...

Muchas horas he pasado yo también intentando encontrar algo conocido en esas formas, o eso pienso cuando me quedo abosrta con esos pequeños tesoros, tal y como ´tu describes. Muchas horas en mis juegos de niña, con mis hijas después, con las gafas de bucear, sintiéndome pez bajo el agua, adoro bucear y todo lo que crece en esa otra dimensión en la apenas se siente el peso, y mover la cabeza quitándote las costras de la vida terrestre. Luego, sinceramente, en casa, no encuentro qué hacer con esas formas, recupero la tierra.
Muchos besos, bonita, qué precioso post. (Y qué buenos los moluscos por cierto)

Noria dijo...

Cuando yo era pequeña, daba, con mi madre, largos paseos veraniegos por la playa en busca de tesoros: conchas y palos de polos. Los segundos, afortunadamente, ahora es más difícil encontrarlos como entonces en la arena; pero de las primeras guardo muchísimas. Piezas únicas y mágicas que el mar me regalaba sólo a mí...

abrazo-faro

Joseph Cartaphilus dijo...

Se confirma que de las conchas salen Venus que no sin cierta picardía apenas ocultan su desnudez tras una tela blanca, y que, esto es importante, unos angelitos seráficos la rondan por los aires?

Dichosa curiosidad lo incisiva que es

Trenzas dijo...

Myriam: El Cántabrico también me queda lejos, pero no tanto como a ti :DD
Yo no siquiera voy tanto como una vez al año, aunque me queda a 300 metros, más o menos. Eso sí, el mar lo veo todos los días, porque aquí nos rodea :)
Un abrazo grande, preciosa.

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Roberto: Casi van juntas las dos aficiones. Minerales y conchas, porque en las playas también es posible encontrarlos. También yo comprba minerales y fósiles, otra cosa asociada. El caso es reconocer que no hay nada sobre la tierra que no merezca conservarse y admirarse ¿no?
:)
Un abrazo muy fuerte, querido Roberto.

Pepa dijo...

Hola Trenzas, toc toc, tocc.. que me vine a hacerte compañía, que ya esta bien de quedarte ahí disfrutando del silencio que aqui te esperamos!!
Buen fin de semanaaaa

Trenzas dijo...

Pilar: Creo que el agua, como el fuego, tiene un poder de convocatoria familiar como pocas cosas en la vida. Es precioso compartir esos momentos, mostrarles cosas nuevas a los pequeños, soltarse a jugar como enanos...
:)
Luego, ya en casa, hay que recuperar la tierra, a menos que una esté fascinada con el tema :)
Te envidio lo de buceo, de veras.
Un besazo, periodista.

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Noria: ¿Palos de polo...? :DDD
Nunca se me habría ocurrido, auqneu ya que lo dices, más de uno enterré en la arena :DDD
El espacio en las casas es el que es, y muchas veces he tenido que desechar cajas enteras de conchas, pero así y todo, y optando por las pequeñas, conservo un buen montón de tesoritos :)
Un beso bien fuerte, niña.

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Joseph Cartaphilus: Se confirma, sí. Sobre todo lo de los angelitos. No se ve en esta foto, pero arriba de todo de esa estantería, hay un par de ellos a la espera del esperado nacimiento :)
Y una especie de conchas, llamadas precisamente, Venus, deben ser las más propicias para crear diosas envueltas en ligeras telas.
Un abrazo, mago.

Trenzas dijo...

Pepa: ¡Chica, que estábamos escribiendo al mismo tiempo...!
:DDD
Ya mismo pongo un post; que sí, que tienes razón, que estoy demasiado calladita :DDD
Un besazo, preciosa amiga.

LOLI dijo...

a mí me sigue pasando, y cuando vuelvo a bañugues siempre traigo tambien algun ¡¡pequeño tesoro!!

Trenzas dijo...

Loli: Bienvenida al blog..!
Es que es muy difícil resistir la tentación cuando ves esas preciosidades a tus pies :)
Suerte la tuya, ese Cantábrico.
Abrazos, amiga.

Devadiosa dijo...

Bueno, pues yo llego tarde, pero también quiero dejar mi granito de arena XD Yo soy gijonesa de pura cepa, me alegro de que el primer mar que has fuera el Cantábrico, Trenzas guapa :***