23 febrero 2006

Cabra vs. Trenzas

Mi cabra es enemiga declarada de los paraguas. Los odia; dice que le producen claustrofobia y que le impiden ver como llueve. La verdad, en esto último, tiene razón. Si llevas paraguas, por mucho que mires al cielo siempre ves lo mismo; el paraguas.
Por eso, cuando yo tengo que salir y está lloviendo, siempre se las arregla para convencerme de que no llueve tanto como para necesitarlo y suelo acabar empapada.
Eso fue lo que pasó anoche; que me tuve que cruzar media ciudad bajo la lluvia y llegué a casa como si hubiera atravesado a nado el Canal de la Mancha. En ese momento, la hubiera matado pero hoy ya no tengo fuerzas porque me duele todo a causa del enfriamiento. Ahora bien; en cuanto me reponga un poco, la mando al Zoo donde viven las primas que fotografió Sherezada
Espero que Chile esté lo bastante apartado como para que no me lleguen sus malos consejos.
Segundo tema del post: 23/f.
Por si alguien lo ha olvidado, hoy es 23 de febrero. Es el día en que el coronel Tejero pronunció la famosa y culta frase "¡Se sienten, coño!" dirigiéndose a Sus Señorías y al Gobierno en pleno, en el Congreso, mientras algunos acólitos disparaban al aire sus pistolas y se permitían agarrar por las solapas al general Gutierrez Mellado.
Claro que si uno se pone en el lugar de Tejero, entiende que no hubiera tenido el mismo efecto entrar en el Congreso y decirles a Sus Señorías: "Sienténse, por favor. En un momento les serán servidos unos pastelillos y una copa de cava. Para cuando acaben el tentempie ya tendremos Dictadura. Mientras esperan disfruten con los Coros y Danzas de la Sección Femenina"
Y es que si uno quiere ser un buen golpista, debe ser, antes que nada, maleducado. El coronel Tejero pudo aducir en su descargo, aunque no sé si lo hizo, que él era un Guardia Civil de la vieja escuela; de los que, en frase popular, tenían "vista larga, paso corto y mala leche" Lo último quedó suficientemente probado, lo primero no.
En todas las cosas, por terribles que sean, hay una parte positiva. Yo me quedo con el resultado final de aquel suceso y espero que las manzanas clase Tejero, queden fuera de nuestras vidas para siempre jamás. Amén.
*
"Anda, jaleo" del disco "Canciones de García Lorca" Voz de Oscar Monzo, pianista Aida Monasterio. 2.11 megas

18 febrero 2006

Una de guerra

Cuando hacen encuestas acerca de lo que la gente ve en la TV, el 80 % asegura que ve los documentales y que no le interesan los programas llamados "basura" por los intelectuales y que otros llamamos "de colorines", como las revistas del corazón.
Se sabe, por los medidores de "prime time" que los últimos son los que en de verdad se ven y los documentales pasan a la mínima audiencia. No me da vergüenza decir que yo sí estoy en esa minoría y que veo todos los documentales que se me ponen a tiro el rato que estoy delante del televisor. Eso y los programas que llevan I: CSI, FBI, CIA, etcétera. Soy pelín morbosa, lo sé.
Bueno, a lo que iba; ayer vi un documental interesantísimo sobre la forma en que se hicieron los mapas para la invasión de Normandía, allá en el lejano 1944.
Ya sabían los aliados que querían entrar en Europa justamente por esa parte de la costa francesa, pero necesitaban mapas tan detallados, que no existían. Una cosa es tener cartografiada una costa y otra muy diferente, saber donde está cada defensa alemana, cada bunker, cañón, nido de ametralladoras, puesto de mando, camino, raíl, casa o bosquecillo y por donde pueden entrar las lanchas de desembarco sin vararse cuando baje la marea y si la arena de las playas será suficientemente sólida para soportar las 36 toneladas de un tanque.
Ayer me enteré de cuantos héroes, anónimos en la historia oficial, dejaron su vida y la de los suyos, recabando esos datos en los dos años que fueron necesarios para tener esos mapas decisivos.
Y cuando ya parecía que nada más se podía hacer para perfeccionar la cartografía, Winston Churchill rizó el rizo y pidió a los ingleses que mandaran al Ministerio de la Guerra, las fotografías familiares que hubieran tomado en sus vacaciones en Francia; aquellas en las que aparecieran paisajes de la costa normanda; playas, rocas, acantilados, cualquier cosa que les pareciera de interés para el fin propuesto.
En tres meses, los ingleses contribuyeron con diez millones (10.000.000) de fotos. No quiero ni pensar el trabajo que daría a los funcionarios del ministerio organizar todo ese material, pero fue de una utilidad capital para señalar importantes puntos en los mapas.
Lo que dicen los libros acerca de los grandes sucesos de la historia, no es nada comparado con el esfuerzo que significó para muchas personas. Y en última instancia, cada logro, guerrero o no, no deberíamos atribuirlo a un solo individuo. Lo cierto es que lo sabemos, pero lo olvidamos fácilmente.
Lo que queda en la sombra no es menos importante que lo que recibe la luz de los focos ¿no os parece?
*
"Danza Húngara nº 1" Johannes Brahms. 3.10 megas

13 febrero 2006

Febrero, 14

¿Hay alguien ahí que no sepa qué se celebra en esta fecha?
Espero que no os comáis todos los bombones, ni os pongáis todos los perfumes a la vez. Las flores se las mandáis a la cabra en cuanto se pongan un poco mustias que ella no le pone mala cara a ningun vegetal. Y si vamos a eso, tampoco a los bombones, pero entiende que sería demasiado pedir.
Cualquier motivo es bueno para hacer saber a las personas a quienes amamos que están en nuestro pensamiento. Y San Valentín es un motivo ya consagrado por El Corte Inglés, Harrods y Macy´s, en una vuelta al mundo de urgencia.
No me he entretenido en buscar la historia de San Valentín porque me imagino que todos lo hemos hecho alguna vez y estamos al cabo de la calle.
Los regalos son lo mejor de todas las fiestas y los mejores de entre ellos, son los que no cuestan nada; los que no hay que salir a comprar y envolver con papel dorado y ponerles grandes lazos para que aparenten más y mejor.
La fecha pide un recordatorio, si es que el amor necesita ser más recordado que sentido, pero en eso no voy a entrar. Os dejo un regalo envuelto en mi deseo de que el amor esté con todos vosotros, en cualquiera de sus formas y toda vuestra vida.
*
Volverse sombra
(fragmento)
Tengo unos labios. Mira. Yo recuerdo
que antes de conocerte,
es decir cuando Dios
no había separado todavía
la tierra de los mares,
tú andabas por tus labios,
yo por los míos, como si anduviéramos
por dos caminos diferentes.
Despacio yo, como indeciso día
que no renuncia a sol, a nube o viento,
sin saber lo que quiere, hasta que al fin
la noche le decide a la negrura.
Deprisa tú, saltando, tan derecha
como un aliento, que jamás vacila
porque hay que respirar. (Lo que vacila
está en el pecho, sí, pero a otro lado.)
Hasta que un día en que el azul estío
pareció no tener más herederos
tus labios se olvidaron que eran tuyos
exactamente en ese mismo punto
del espacio y el tiempo
en que dejé por siempre de acordarme
de que los míos eran míos.
Desde entonces
no son míos ni tuyos, son ya nuestros.
*
Pedro Salinas
*
"Some enchanted evening" Orquesta Mantovani. 3 megas

09 febrero 2006

La vocación de la cabra

Mi cabra ha vuelto. Dice que no os preocupéis que sólo ha estado en el desierto meditando sobre lo que quiere ser en la vida y que, lamentablemente, no ha podido llegar a una conclusión clara porque le gustan demasiadas cosas.
En eso se parece mucho a mi cuando tenía su edad. Es que no se puede vivir en una familia que te deja leer todo lo que quieres y te llena la cabeza de historias.
Cada dos o tres meses se me despertaba una nueva vocación; quise ser misionera en África, despues de ver "Historia de una monja" y soñaba como hubiera sido que me comieran los leones en el circo después de leer "¿Quo Vadis..?" Hubiera merecido la palma del martirio y hasta podrían haberme canonizado, como a Santa Gemma, que era una santa que me gustaba mucho, aunque ahora ya no recuerdo porqué.
Luego vinieron las novelas de detectives y quería ser la anciana Miss Marple a toda costa, con arrugas incluidas, pero una semana después lo que me atraía era ser una nueva Mata-Hari y pasar informes Top Secret al enemigo. O al que mejor pagara.
Después de lo de Fernando, pensé en hacerme médico de la Cruz Roja, porque si había otra guerra como la que contaba la abuela, seguramente él iría, se quedaría ciego por culpa del gas mostaza o algo parecido y yo le cuidaría y le enseñaría a andar sin darse golpes con los muebles.
Lo de Caballero Templario y Robin Hood, se lo dejé a mis hermanos que estaban más acostumbrados a usar las espadas y los arcos. Además, en el caso de Hood, no me gustaba ir siempre vestida de verde.
Luego pensé en hacerme buscadora de oro en el Yukon, porque las aventuras de Jack London, aunque casi siempre acababan mal, tenían el atractivo de los perros y los lobos y se vivía al natural; sin coches ni ruidos pero sobre todo, en soledad. Por cierto, que los libros de London aún están en mis estanterías y cada vez que los leo lloro tanto como la primera vez que lo hice.
Crecí un poco y me enteré de que había un sitio llamado Australia y que había miles y millones de kilómetros cuadrados en los que no vivía nadie, pero nadie, nadie. Quería irme allí, hasta que alguien me dijo que había lombrices de tierra de más de 30 centímetros de largo. Entonces abandoné el proyecto australiano porque las lombrices me dan mucho asco, las pobres.
Y luego no sé que pasó; creo que crecí más y ya algunas cosas no me estaba permitido ni pensarlas y tampoco tenía tiempo con tanta matemática y tanto latín; dos cosas de las que no recuerdo casi nada. Podía haberme ahorrado el esfuerzo.
Por eso comprendo a mi cabra. Le he dado unas palmaditas en las orejas y le he dicho que puede quedarse meditando en el balcón rumiando las hojas sobrantes del ficus; que no hace falta ir al desierto a pasar calamidades para decidir nada. Al final, solo puedes hacer lo que tienes al alcance. Y será mejor que eso te guste.
*
"Air tendre et loure" de F. Couperin. 2.42 megas

05 febrero 2006

Cuentas imposibles

Aquí, en España, hay una frase hecha para cada situación, aunque supongo que eso es común a todos los países. Tenemos frases y refranes que todo el mundo sabe a que se refieren cuando se dicen y que nos ahorran tener que dar una larga explicación para expresar lo mismo.
Muchas de ellas tienen algún hecho histórico en su nacimiento y hay una que me gusta especialmente y os contaré de donde proviene, a falta de noticias de la cabra.
*
"Las cuentas del Gran Capitán"
El Gran Capitán se llamaba Gonzalo Fernández de Córdoba (1435-1515) y fue el militar más prestigioso durante el reinado de los Reyes Católicos. Participó en la conquista de Granada y expulsó a los franceses del reino de Nápoles agregándolo a España. Claro que decir esto es apenas decir nada del gran militar que fue.
Leer la biografía de este hombre, es meterse de lleno en una época en que los reinos cambiaban de manos casi de un día para otro. Dadle un vistazo, si os queda tiempo.
Tenía un fuerte carácter y tras la muerte de la reina Isabel, eso le llevó a granjearse la enemistad de Fernando el Católico, que le destituyó de sus cargos y le obligó a regresar a España. Ya aquí y en un intento por acabar con un hombre que hacía sombra al mismo monarca, Fernando le exigió, poniendo en tela de juicio su honradez ante la corte, que le presentara las cuentas de los gastos durante la campaña de Nápoles.
En alguna parte estarán las cuentas que Fernández de Córdoba presentó al rey, pero la versión apócrifa que circuló en su tiempo y que ahora más se recuerda, es ésta:
"Cien millones de ducados en picos, palas y azadones para enterrar a los muertos del enemigo.
Ciento cincuenta mil ducados en frailes, monjas y pobres, para que rogasen a Dios por las almas de los soldados del rey caídos en combate.
Cien mil ducados en guantes perfumados, para preservar a las tropas del hedor de los cadavéres del enemigo.
Ciento sesenta mil ducados para reponer y arreglar las campanas destruidas de tanto repicar a victoria.
Finalmente, por la paciencia al haber escuchado estas pequeñeces del rey, que pide cuentas a quien le ha regalado un reino, cien millones de ducados"
*
Ejemplo de lo impropio que resulta pedir cuentas a quien nos ha dado lo mejor de sí mismo. Tengo que recordar al Gran Capitán, si alguna vez se me ocurre poner en tela de juicio a las personas que han hecho posible que mi vida sea lo que es, con todos sus inconvenientes.
*
"Capricho español-Canto gitano" de Rimsky-Korsakov. 2.25 megas

01 febrero 2006

Soltar presión

Al hilo del post anterior y de los muchos otros que he leído contestando a la mini encuesta acerca de cosas más o menos raras que hacemos las personas, me gustaría decir que no he visto nada verdaderamente raro; lo que no debe darnos pie a pensar que somos perfectamente normales.
Y yo creo que es bueno que estemos un poco majaretas. Estoy segura de que todos soportamos mucha presión; en el trabajo, en la familia, en la ciudad o en el pueblo.
Vivir con la rapidez que requiere la vida que llevamos, con tanta exigencia y competencia tiene que crearnos tensión y sería mucho más difícil de soportar si no fuéramos capaces de asumir ese punto de locura o extravagancia que nos permite abrir la válvula de escape.
Y también creo que hacemos alguna de esas cosas por rebeldía; por el deseo de no estar metidos en el mismo saco que otras personas que no nos gustan o simplemente para negar el encasillamiento a que intenta someternos el diario existir.
Y otras cosas serán costumbres inculcadas desde la infancia, cosas familiares que no queremos dejar atrás porque nos ligan a nuestras raíces; o cosas que imitamos de personas a quienes hemos amado mucho o que admiramos profundamente. También puede ser al contrario; que hayamos deseado demostrar que somos capaces de hacer algo que otros que nos menospreciaban no han logrado.
Nuestra mente siempre tiene alguna razón para incitarnos a hacer lo que hacemos; y eso aunque no lo sepamos conscientemente.
Cuando ponemos en marcha ese mecanismo de autodefensa, estamos diciendo bajito, pero con firmeza: "éste (o ésta) soy yo y solo yo, y no hay nadie más que haga exactamente lo mismo"
Y nos ayuda muchísimo a mantenernos en paz con nosotros mismos y con el mundo en general, porque también nos permite aceptar la diferencia en las personas con quienes recorremos nuestro camino.
Bien; no sé si a todos, pero a mí sí que me ayuda.

29 enero 2006

Hábitos raros

A ésto sí voy a contestar, aunque ya digo desde ahora que no le voy a pasar el testigo a nadie. Lo hago, sobre todo, por si alguno de vosotros conoce algún remedio para que se me quiten :)
Allá van.
*
Necesito levantarme de donde esté sentada cada diez minutos como mucho y hacer alguna nimiedad; recolocar un libro, abrir o cerrar una ventana o simplemente dar una vuelta por el pasillo.
*
No soporto los jerseys de mi talla. Tienen que ser al menos dos tallas más grandes o me siento como si me estuvieran estrangulando.
*
Reciclo cada papelito aunque tenga la medida de un confetti. Incluso desmonto las tapas de los cd´s que quiero tirar para quitar la contracubierta. Tirar un papel a la basura me parece poco menos que un atentado.
*
No puedo sentarme a ver la tele sin hacer nada más que eso. Tengo que tener alguna labor entre manos; bordar, coser, lo que sea, pero algo.
*
Prefiero escribir con lápiz y en su defecto, con tinta negra. Nada de "bolis" azules, please.
*
Y hasta aquí llegan los cinco hábitos raros, aunque no se agotan los que tengo :)
Las cosas raras de la cabra, las dejaremos para otro momento.

27 enero 2006

¡Aló..!

-¿Sí..?
-¿Es usted la señora de la casa?
-No. La señora de la casa murió por sobredosis de llamadas publicitarias.
-¿Y podría decirme a que hora llega la sustituta?
*
Así de insistentes podrían llegar a ser los publicistas telefónicos. Parece que no son bastantes las horas que la publicidad ocupa en la tele, la radio y la prensa, las vallas, los miles de folletos en los buzones, en los parabrisas de los coches y en las pancartas de las avionetas.
Se nota que se han dado cuenta de que todo eso está dejando de afectarnos porque hemos aprendido a cerrar los oídos y los ojos ante tamaño despliegue, así que la llamada, persona a persona, parecerá un método más eficaz.
Al principio, era soportable. Al otro lado del hilo había una persona amable, que se presentaba y te preguntaba tu nombre y se dirigía a ti de una forma educada y simpática. Recuerdo a una chica que decía llamarse Pilar y que me llamó unas cuantas veces; casi entablamos una relación amistosa y, de vez en cuando, le compraba algo porque ella vendía libros y ese es mi punto flaco.
Aquella forma de vender, acabó. Ahora es otra historia; si hay alguien al otro lado del cable, en cuanto descuelgas, te espeta: "¿Es usted la dueña de la casa?" Como digas que sí, estás perdida. La única escapatoria es colgar el teléfono a la brava, cosa que a todos nos cuesta porque es de muy mala educación, pero si no lo haces, tienes para media hora larga de decir que no, una y otra vez, hasta que las orejas te arden y las neuronas se te han licuado.
En otros casos, sólo descolgar, oyes: "Ha sido usted agraciado con un maravilloso premio consistente en..." Ahí la cosa cambia y puedes colgar tranquila porque sabes que la cinta de casette no se ofenderá.
Y luego hay un tema que me tiene enfurecida. Me dejan mensajes de voz con publicidad que no puedo borrar de ninguna manera. Y para mayor desprecio a la intimidad, resulta que yo tengo desactivado el contestador automático, así que no entiendo como pueden dejarlos.
Ya he hablado mil veces con Teléfónica y su solución es resetear el teléfono y volver a habilitar la identificación de llamadas, pero no es una buena solución porque al día siguiente ya está el pilotillo parpadeando de nuevo.
Empiezo a sospechar que la manera de aumentar las facturas es que tengas que llamarles para solucionar estas cosas. Que ya no me fío ni de mi sombra.
*
"Minueto", de Luigi Boccherini. 3.78 megas

24 enero 2006

¡Qué decepción..!

La verdad; esperaba de vosotros un mayor interés por mi vida amorosa y solo os habéis preocupado por solicitar mi colaboración para ordenar vuestros cachivaches.
Se nota que no me tomáis en serio y que os da igual si sufrí por un amor no correspondido. Ni uno de vosotros me ha preguntado como fue mi pasión por Fernando. ¡Y eso que la nombraba en primer lugar..!
Pero no os vais a librar de que la cuente, porque es algo que marcó mi vida de forma indeleble. Id a por la caja de pañuelos de papel, porque vais a llorar.
*
Fernando era el niño más guapo que había conocido nunca. Era como un palmo más alto que yo y me llevaba tres años. Vivía un par de casas más allá de la mía y como nuestras horas de colegio eran las mismas, yo bajaba diez minutos antes para verle pasar con aquel paso marcial y elegante, herencia de su padre que era comandante de aviación. Eso, que su padre fuera de aviación, me tenía acobardada porque pensaba que nunca iba a permitir que su hijo se fijara en alguien cuyo padre era policía.
Y no sólo su padre, su madre también me aterrorizaba. Era más marcial que su marido y se notaba a la legua que me miraba por encima del hombro. Total, que yo sufría una enormidad, agravada por el hecho de que Fernando nunca me había dicho ni hola; ni siquiera volvía la cabeza para ver como se me caían los ojos de tanto mirarle.
Por fin, un día en el Parque del Oeste, llegó la oportunidad que había estado esperando. Nos encontramos a solo un metro uno del otro. Y entonces me decidí, aunque las piernas me temblaban y me asaltó un tartamudeo brutal.
-Ho ho hola. Me llamo Trenzas y vivo cerca de tu casa.
Y él, marcando distancias:
-Bueno ¿y a mí qué? (Ahí ya se veía que era un chico con mucha personalidad)
-Pues nada, que la tata dice que si quieres una naranja. (Trenzas echándole la culpa a la niñera, por si las represalias)
Fernando se alejó unos pasos para verme en perspectiva, supongo, hizo unos cuantos molinetes con un sable de plástico que había sacado de su funda y la emprendió a sablazos con el césped. Me alegré de haberle dicho que era cosa de la niñera. Yo, naturalmente, me quedé allí como una idiota mirándole, hasta que se cansó del juego y dijo:
-Bueno.
Corrí al cesto de la tata a por la naranja, atropellando a mis dos hermanos, y me llevé la fruta, que le entregué sin demora. El cogió la naranja, le dió un par de vueltas en las manos y la estampó contra el respaldo del banco más cercano, donde quedó espachurrada.
Se me llenaron los ojos de lágrimas y la nariz de mocos y me fui corriendo a llorar a la falda de la niñera, que naturalmente, no se había enterado de nada. Creyó que me había caído y empezó a mirarme las rodillas y los codos a ver si tenía alguna herida. Pero no era allí donde me habían lastimado.
¿Habéis pensado que después de eso se me paso el enamoramiento? Pues no. Seguí enamorada de él hasta bien cumplidos los seis años. Se me fue pasando cuando se cambió de piso y hasta de barrio y ya no podía verle.
Comprenderéis que me costara mucho volver a enamorarme. Creo que ya tenía bien cumplidos los siete cuando sucedió la segunda vez, pero no tengo memoria de los detalles.
Es que nada se recuerda tanto como el primer amor :)
*
"Lo Juro" Al habla, Dyango. 3.60 megas

22 enero 2006

Confirmado

Se puede estar desconectado de Internet voluntariamente por 72 horas o más, sin sufrir graves consecuencias físicas y, mal que bien, puede controlarse el síndrome de abstinencia. Más mal que bien, pero se soporta :)
Sí, lo he hecho. No creí que pudiera, porque cuando se me avería la conexión o se llevan el ordenador o pasa algo que me impide salir a la red, me pongo atacada de las meninges, se me llevan los demonios y no tengo bastante vocabulario grueso que aplicar a los culpables. Sin embargo me doy cuenta de que esa no es una actitud racional. Al fin y al cabo, se estropean otras cosas por la casa y no me dan esos ataques de furia. Decidí que ya era hora de poner a prueba mi autocontrol y he dejado descansar a Internet tres días enteros, con sus respectivas noches y sigo viva y relativamente tranquila.
A la cabra sí que he tenido que doblarle la dosis de medicación, porque empezó a comerse las fundas del sofá y eso solo lo hace cuando está muy alterada. Normalmente solo se muerde las pezuñas si está nerviosa, pero si la emprende con las fundas del sofá, me alarmo, la verdad.
¿Y que he hecho en todo ese tiempo que no he estado en la red? Básicamente, nada. Es decir, nada que me haya cambiado la vida. He acabado de leer unos cuantos libros, he trabajado un poco con el catalán y el inglés, he trasplantado unas cuantas macetas y he intentado, sin lograrlo del todo, poner un poco de orden en el disco duro. En los varios discos duros para ser exacta.
Ahora tengo unos cuantos cientos de carpetas más, todas ordenadas por temas y los temas por orden alfábetico. No me cabe duda de que en cuanto esté todo perfectamente organizado, se romperán los discos duros y se volverá a perder todo el trabajo.
Ya sábeis; la vida son recuerdos y mientras organizaba temas y carpetas me he estado acordando de mi mayor pasión cuando era niña. Bueno, en realidad eran dos mis pasiones; un niño guapísimo llamado Fernando, que no me hacía ni caso, y pasarme por la mercería de la esquina a pedir cajitas vacías para ordenar los miles de accesorios de mis muñecas. La dueña de la mercería era amiga de mi abuela y me guardaba unas cajas preciosas y también me regalaba botones de los muestrarios y trocitos de cintas de colores para lazos y frasquitos de colonia y cosas así. Y entonces yo ordenaba esas cosas por colores o tamaños, según el caso, dentro de las cajas pequeñas y las cajas pequeñas dentro de otras cajas más grandes que guardaba en el armario y organizaba una auténtica feria de cajas cuando decidía que quería contemplar mis existencias de material o necesitaba alguna cosa para reformar algún atavío de las muñecas, con gran desesperación de mi abuela o de mi madre que no entendían porqué no podía meter todo aquello en una sola caja. Pero a mí me parecía un sacrilegio meter en un mismo sitio los botones relucientes y los opacos. O las cintas de terciopelo con las de seda.
La manía de las cajas aún no se me ha quitado y sigo siendo tan ordenada que da asco. Aunque ya no guardo cosas para las muñecas, ordeno los hilos de bordar por su número de tintada en cajas que guardo en otras cajas que tienen bandejas del tamaño de las madejas. O sea; soy un caso perdido. Y ahora no se os ocurra pedirme que vaya a vuestra casa a poner orden, a menos que tengáis preparadas unos cientos de cajas y cajones. En ese caso, creo que no podré resistirme e iré en el primer tren.

13 enero 2006

Voy, voy...

Ea, ya estoy aquí. He venido corriendo, que conste :)
Pasa que cuando se afloja el ritmo, una se distrae; se le va el santo al cielo; se entontece y no da pie con bola. Que yo no estoy hecha para una vida pacífica y en cuanto tengo unos días tranquilos, sin presión ni carreras, se me despistan las neuronas y me pongo a hacer cosas raras por la casa. Hasta he limpiado los cristales y quitado el polvo acumulado en los libros. Algo que no debe hacerse nunca, nunca, porque sin querer, empiezas a abrirlos, a leer una página aquí y otra allá y a apartar los que quieres releer, o te das cuenta de que algunos llevan en casa un par de años y aún no los has leído, y claro, así no hay quien acabe el trabajo.
Y justo en el momento en que le estaba diciendo a la cabra que era imperativo venir a postear algo, va el Blogger y se cierra en banda y no me ha dejado entrar hasta hace un minuto y son las 0:24, hora española. Una hora genial para irse a dormir pero ya que he empezado a despertar al teclado, seguiré.
Lo cierto es que tengo poco que contar, aunque después de dos días seguidos de documentales del FBI y capítulos del CSI (sí, me he tomado dos días de "tumbing" en el sofá, para descansar de limpiar cristales y libros) he acumulado una enorme cantidad de conocimientos útiles que compartiré con vosotros en próximas entregas. Ahora, por ejemplo, si me encuentro una colilla tirada en la puerta de mi cuarto de baño, de una sola ojeada puedo saber quién se ha fumado lo que falta. Y yo no necesito ningún sofisticado instrumental; lo sé por descarte de sospechosos. Procedimiento: descarto al canario porque el diámetro del cigarrillo es demasiado ancho para su pico; descarto a los gatos porque en el filtro no hay marcas de colmillos; descarto a la cabra porque ella se lo habría comido entero. ¿Quién queda..? ¡Ah, no..! No os voy a decir quién es el culpable. Me acojo a la Quinta Enmienda y no tengo por qué declarar. Y mucho menos sin un abogado presente.
Y ahora no sé si es la Cuarta o la Quinta Enmienda. Voy a necesitar dos días más de "tumbing" para aclarar éste extremo pero mientras me entero, sabed que estoy escribiendo esto con guantes de látex y como no dejaré huellas dactilares, lo negaré todo caso de que se os ocurra acusarme de cualquier asesinato o abandono de colillas.
*
Frederic Chopin. Vals nº 14. Al piano, Vladimir Ashkenazy

05 enero 2006

Como siempre...

... tarde, pero aún no demasiado para desearos un año estupendo que traiga todo aquello que os haga felices. Mandaría una varita mágica a cada uno, pero se han agotado las existencias en el País de las Hadas :)
Hace un rato estaba oyendo las sirenas de los barcos del puerto y los cohetes que anunciaban la llegada de los Reyes Magos de Oriente a esta ciudad. El cortejo real no pasa por mi calle, pero es imposible dejar de escuchar el griterío de los niños (y de los mayores) al paso de las carrozas. De todas las fiestas navideñas, ésta es la que prefiero. Me acuerdo vivamente de las esperas nocturnas junto a mis hermanos; de los cuchicheos antes de lograr dormir unas pocas horas; del levantarse de madrugada a mirar cuantos paquetes había en el comedor y si contenían lo que habíamos pedido tan fervorosamente.
Entonces no lo sabíamos pero era mágico el momento. Lo sabemos ahora, cuando vemos aquello mismo en los ojos de los pequeños de la casa. Recuerdo que me resistí con todas mis fuerzas a creer que los Reyes eran otra cosa que lo que parecían y colaboré intensamente a mantener en la ignorancia a mis hermanos más pequeños contradiciendo todo lo que les decían los amigos en el colegio acerca de la verdadera identidad de Sus Majestades y aplicando la lógica mágica para explicar por qué podían estar en todas partes a la vez.
Me siento un poco perdida la Noche de Reyes; desposeída de mi derecho a esperar un milagro y echo de menos que alguien me diga que es verdad que llegan de Oriente y que con ellos traen el poder de la esperanza en algo mejor: el oro, el incienso y la mirra de nuestra vida futura.
Y por una vez, la cabra está de acuerdo conmigo.
¡Feliz Noche de Reyes a todos..!

29 diciembre 2005

A punto de...

... finalizar otro año.
Cuando pasa la Navidad, me ataca una especie de impaciencia; unas ganas de correr hasta el día 31 y de llegar a las uvas y estrenar el 1 de enero de una buena vez.
La semana más larga del año es, para mí, ésta. Cuando era pequeña, eran las dos semanas desde Navidad hasta Reyes. Ahora, como los regalos me los trae Santa Claus, solo tengo siete días de nervios. Algo bueno tenían que traer las costumbres foráneas.
Es que empezar un año es doblar el cabo de Buena Esperanza. Se dejan atrás las aguas agitadas y esperamos que sea mejor a partir de ahora. Son sólo eso; ilusiones. El día 1 seguimos como siempre; no hemos cambiado de aspecto, ni de trabajo, ni de costumbres. Y sigue haciendo un frío del demonio.
Y los buenos propósitos se arrinconan a las pocas horas de haberlos formulado, porque seguimos sin tener tiempo ni voluntad para realizarlos.
Pero no importa; las estrellas siguen en el cielo y en la tierra sigue habiendo buena gente y tenemos familia y amigos que nos quieren y a quienes queremos; personas estupendas con quienes compartir esas pequeñas cosas de cada día que nos gustan o nos enfadan y que conforman la red bajo el trapecio de la vida para que, si caemos, no nos rompamos del todo.
Lo mejor de empezar un año es no haber perdido nada importante en el que acabó. Y seguir conservándolo.

23 diciembre 2005

¡Feliz Navidad..!

Sin perjuicio de que vuelva a escribir alguna cosa más referente a estas fiestas, quiero dejaros una postal de recuerdo en la dirección de ahí abajito.

*
*
Y luego si me da tiempo, os cuento alguna aventura de la cabra, de los gatos o mía :)


19 diciembre 2005

Brindando

Brindis famoso el de "La Traviata", ese que suena ahora en la voz de María Callas y Alfredo Kraus. No se puede pedir más para una noche de ópera en un blog, aunque nada os impide imaginar que estáis en el Liceo de Barcelona, en el Real de Madrid, en Milán, en New York o en Sidney escuchando estas voces maravillosas.
Y, cómo no, también podéis imaginar que estáis en una espléndida mansión bailando un vals; las señoras vestirán trajes largos con generosos escotes y los caballeros irán de smoking y todos llevarán una copa de champagne en la mano. Todo el mundo será muy feliz mientras dure la ilusión y este primer acto. Ya sabemos que "La Traviata" acaba mal, pero por ahora, disfrutemos.
De eso se trata; tomemos esa porción de alegría de hoy o de este momento y aprovechemos para compartirla con quien más cerca esté de nosotros. No solo ahora, que ya tenemos puesto el cálido abrigo navideño, sino siempre que podamos.
Estos días pasados, he tenido ocasión de contemplar algo extraordinariamente hermoso y excepcional; mi forma de agradecer lo que he aprendido es compartirlo y vosotros estáis cerca, así que os dejo aquí esa pequeña-gran historia.
Llevábamos días esperando la muerte de una anciana señora a quien todos queríamos mucho. Sólo tenía una hija y dos nietas veinteañeras. Las tres estaban todo el día yendo y viniendo, turnándose, pidiendo noticias, pasando noches en vela y haciendo todo aquello que era necesario hacer para la comodidad de su madre y abuela. Cuando ésta entró en un coma tranquilo, las nietas trajeron música para ella. Eligieron las canciones que le habían oído cantar cuando aún su mente no se había perdido en las nieblas del Alzheimer y las hicieron sonar una tras otra en el reproductor; boleros, canciones de cuna, villancicos y melodías tradicionales.
Era muy impresionante ver a aquellas dos jóvenes, cada una a un lado de la cama, cogiendo las manos de su abuela y cantando a media voz, sonrientes y, a la vez, con los ojos llenos de lágrimas.
Tengo un trabajo que me pone muchas veces en la necesidad de ver como reaccionan las familias ante la muerte de un ser querido. Nunca había visto algo así y me alegro mucho de haber estado presente para poder decir que sí, que somos capaces de encontrar fuerzas para recordar la felicidad pasada y compartirla hasta el final con las personas a quienes amamos.
Sigamos bailando.
*