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23 abril 2008

Un día que me emociona

Tenemos días para todo; para el niño, para la mujer, para la madre, el padre, los amigos lejanos, los derechos humanos, los homoxesuales, los animales, la tierra...
Añadid vosotros los que haya olvidado. Sin embargo, este día del Libro, este 23 de abril, me parece el compendio de todos ellos. Un gran día en que se unen todos los demás para ponernos ante los ojos de la inteligencia, el principio del entendimiento entre las personas sin el que nada podemos conseguir.
Ese entendimiento comenzó cuando fuimos capaces de estampar un mensaje en las paredes de las cavernas y otros pudieron descifrarlo. Eran libros aquellas paredes; imágenes que impartían enseñanzas, que desataban la imaginación, que provocaban el nacimiento de historias.
Y luego llegaron los sumerios para inventarse la primera escritura que conocemos. En sus tablillas hay listas de empleados y salarios, de compras y ventas, se organizaban las cosechas y el almacenamiento y se consignaba el censo de su población. Un orden civil y religioso por escrito. Unos 1.800 años más tarde, Hammurabi, redactó su código de justicia, poniendo por escrito lo que eran las prácticas normales de la ley en Mesopotamia. Persas, chinos y griegos escribirían y leerían fervorosamente, desarrollando magníficas civilizaciones que son la base de nuestras legislaciones y de nuestra cultura toda.
Es mucho esquematizar, pero tampoco es cuestión -ni sabría - de escribir un tratado :)
Lo que nos infunden los libros, lo que nos posibilitan, es un enorme amor por la cultura, en todos sus frentes. Cultura es protección a los más débiles, comprensión de los problemas, respeto a los derechos de todos los seres vivos, deseo de compartir lo que sabemos, escuchar y hacernos oír cuando se requiera.
Todo eso y mucho más, está en los libros, de una u otra manera. No hace falta leerse el Derecho Penal para saber si estamos obrando bien o no. Generaciones de escritores nos han mostrado, de muchas formas, a qué nos debemos y qué nos pertenece. Y en todos los géneros posibles en Literatura.
Una vez, en este mismo blog, surgió una pregunta: ¿Creía yo que las personas que no leían eran incultas? La respuesta fue, porque no puede ser otra, que de ninguna manera. No es necesario leer para aprender, porque si lo fuera, aún no tendríamos ni un alfabeto. Conozco personas sabias que nunca estudiaron. Su sabiduría es la mejor, porque es la primera. A ellos recurrimos para aprender lo que los libros impresos no saben. Y es que estas personas también son libros; incunables de enorme valor, portadores de la semilla que desencadenó la auténtica revolución de la cultura; la transmisión oral que provocó, finalmente, la escritura para preservar aquellas lecturas hechas con los oídos.
Y dicho esto, os dejo con vuestros libros y con la recomendación de que no hagáis caso si alguien os dice que "los sesos se te volverán agua de tanto leer". Puedo garantizaros que eso no pasa, así que, respetuosamente, haced caso omiso y seguid leyendo.

20 octubre 2006

¿Qué leemos las mujeres?

Hace unos meses leí, no recuerdo donde, un artículo que llevaba por título "Se buscan nuevas Corín Tellado" Así; "nuevas" en plural. El titular se justificaba por algo parecido a esto que os transcribo.
" Las editoriales en busca de negocio. Si usted cree tener capacidad para escribir novelas como las de C. Tellado, la escritora más vendida de todos los tiempos, no lo dude y presente sus ideas a las editoriales. Las novelas románticas de baja calidad literaria, son las de mayor consumo entre las mujeres. Tellado, Rosemunde Pilcher, Bárbara Cartland y similares, hacen ganar - y ganan ellas mismas - millones a sus agentes y editores. El segundo lugar para los libros consumidos por mujeres, lo ocupan escritoras del corte de Matilde Asensi, Khaterine Neville y alguna más, que escriben novelas que transcurren en el presente, pero con un tema de fondo anclado en el pasado medieval o más lejano aún, en las que nunca falta un apasionado romance"
Concluía con una relación bastante extensa de colecciones de novelas del tipo ya expuesto y establecía con datos serios, según ellos, que las mujeres leemos un 8% más que los hombres, pero de menor calidad literaria. Por ejemplo: sobre un 58% de lectoras, sólo un 12% leemos Ensayo, Filosofía, textos técnicos o científicos..., etcétera.
Esto requería una investigación; si las mujeres leemos más, los escaparates de las librerías deben mostrar con mayor abundancia los títulos que más compremos. Bueno; he hecho un pequeño recorrido y resulta que en los kioscos, priman los libros mencionados en primer lugar y en las librerías, con mayores fondos editoriales, siempre hay en el mostrador de novedades una mayoría de títulos de los señalados en el segundo bloque. Y también he visto muchas más mujeres que hombres, hojeando o sopesando el interés de alguno de ellos.
Me gustaría decir que no es cierto, pero no puedo. Una cosa es que entre las mujeres que yo conozco lo que se lea sea bastante diferente a eso y otra estar ciega. Y digo conozco y digo mal; tendría que decir entre las más afines. La verdad es que si salgo de mi ambiente normal de lectoras cómplices, me cuesta un mundo encontrar una mujer con la que hablar de autores importantes aunque no vendan tanto. Ir más allá del "Código Da Vinci" el libro más "gordo" de los recientemente famosos, es ya una imposibilidad. Y aún discutir la, para mí, más que dudosa calidad y seriedad del invento, resulta casi imposible.
Está claro que según sea el círculo en que nos movamos cada uno de nosotros, la situación será distinta, pero esto no va de temas particulares, aunque haya puesto mi experiencia como ejemplo. Creo que puede ser la de muchas personas que, como yo, se mueven en muy diversos ambientes, por su trabajo o cualquier otra causa.
Empezando porque en las casas no hay libros. Muchos Holas y Diez minutos; si se es más sofisticada, el Vogue.
Nada me gustaría más que haber metido la pata hasta el fondo con este post y que vuestras experiencias en el conjunto de las personas que conocéis fuera del ámbito afín, me contradigan a muerte. Y tampoco quiero decir que no me parezca bien que las personas decidan pasar olímpicamente de los libros. Lo que sí digo, y esto es una espinita particular, es que haber leído la biografía de Diana de Gales, no faculta a nadie para explicar la Historia de Inglaterra. Quizás vosotros tenéis también alguna "espinita" del mismo tipo.
Acabaré diciendo que este post, es una ampliación a un comentario que dejé en el blog de mis amigas de liter-a-tres y una pequeña explicación de aquellas palabras.
*
"Allegro moderato" Giuseppe Tartini. 4.13 megas.

25 mayo 2006

Un libro, dos libros, tres libros...

Miles de libros cuyo tema es la felicidad; cómo conseguirla, cómo conservarla, cómo reconocerla y cómo recuperarla, si acaso la hemos olvidado en el supermercado o en la cafetería.
Lo más nuevo aquí, es el libro de Eduardo Punset "El Viaje a la Felicidad. Las nuevas claves científicas", que ya va por la 9ª edición, que yo sepa. Sólo he tenido tiempo de repasarlo un poco y de leer en profundidad un par de capítulos, así que no voy a decir nada sobre él, sino sobre la originalidad del enunciado "las nuevas claves científicas", porque de eso, de ciencia, es de lo que va el texto. De cómo la ciencia está intentando explicar que es la felicidad. En el prólogo, Punset dice esto:
"Por primera vez la humanidad tiene futuro y se plantea, lógicamente, como ser feliz aquí y ahora. La gente se ha sumergido en esas aguas desconocidas, prácticamente, sin la ayuda de nadie. Ahora la comunidad científica intenta iluminar el camino"
Y es que las emociones no tienen porqué estar exentas de ser examinadas al microscopio. Eduardo Punset no es ningún advenedizo en la ciencia. Su libro tendrá la seriedad que se requiere y lo que cuente estará rubricado por personalidades de indiscutible renombre en el ámbito de la ciencia. Y todo será verdad. Todo se habrá comprobado o estará en vías de ello, no tengo ninguna duda.
La pregunta que me hago es dónde radica la necesidad de que nos digan de todas las formas y en todos los estilos literarios que no somos felices y que no tenemos ni idea de como lograr la felicidad. Esa posibilidad siempre parece estar fuera de nuestro alcance por la sencilla razón de que nunca hacemos lo que debemos para conseguirla.
Ya he escrito otros posts sobre el tema, aunque ninguno en el que interviniera la ciencia, pero con o sin ella, no quiero que me digan lo que tengo que hacer para ser feliz. Cuando algo me duele en el alma, no habrá recomendación ni consejo que me quite el dolor; cuando me despierto por las mañanas y me pongo a canturrear o les doy los buenos días a mis animalitos y a mis plantas, no necesito que nadie me diga que en ese momento, soy feliz. Y tampoco pueden decirme que tengo que permanecer en ese estado todo el día por la elemental razón de que es imposible.
No me imagino yendo al neurólogo y diciendo " por favor, examíneme el sistema límbico a ver si soy feliz o no" . Y eso, aunque pudiera darme un diagnóstico certero.
Creo que voy a conformarme con mi pequeñita felicidad de las seis y media de la mañana.
Por lo menos hasta que acabe de leer el libro.

02 septiembre 2005

Las cárceles

En esta ciudad hay una cárcel, porque las cárceles abundan. No voy a meterme en la necesidad o no de que existan porque doctores tiene la Iglesia y jueces el Juzgado. El caso es que existen y que tienen bibliotecas, pésimamente surtidas.
Una chica conocida, Ana, trabajaba allí como bibliotecaria y en un momento en que mi provisión de libros amenazaba con derrumbar mi casa, se me ocurrió preguntarle si aceptaría unos cuantos, ya que la Biblioteca Municipal me los había rechazado; no porque fueran malos o viejos, no; porque eran en gran parte enciclopedias y ya tenían unas diez toneladas; eso sí, aceptarían todas las novelas que les llevara, pero pasé, la verdad. Ana, la bibliotecaria de la prisión, no fue tan selectiva y los quiso todos. Las enciclopedias y lo demás. Y me hizo una petición que me dejó un tanto sorprendida; me pidió libros de filosofía y de poemas. Dijo que era eso lo que más le solicitaban los reclusos.
No sé; uno habría esperado que prefirieran novelas de aventuras y unos cuantos manuales del tipo "Como evadirse fácilmente", "Cocinar con maría y chocolate", "Maniobras de distracción", etc. Pero no; querían filosofía y poesía.
Cuando Ana vino, con dos policías y una furgoneta a recoger los libros, aún hicimos una pequeña selección de añadidos, porque de pronto decía: " ¡Uy, Freud.., esto me lo piden mucho y fíjate, Pascal...! ¡Ohhhhh... Hobbes...!".
Total, que si me descuido, me deja secos de filosofía los estantes. Y no penséis mal, porque un día en que me invitó a ir a ver las reformas que habían hecho en su sección, los libros estaban allí, en cuerpo y alma; etiquetados y todo.
Esto que he contado de forma un tanto superficial, es para un debate muy serio y yo lo tomo así.
Da mucho que pensar el tema, porque uno se hace preguntas; ¿es que tenemos recluidos a la flor y nata de la intelectualidad española? ¿O es que si te meten en la cárcel, de golpe, se te despierta la necesidad de alimentar algo más que el cuerpo?. Y lo más importante; ¿están dotados realmente los centros penitenciarios para alimentar en quién lo desee ese apetito recién despertado?.
Sin dejar de reconocer que habrá otros núcleos de población tanto o más necesitados que esa, acordaos, cuando se presente la oportunidad, de que en las prisiones se admiten libros y que tal vez, esos libros abran algo más que las puertas de una prisión.

07 agosto 2005

La Moleskine

Hay cosas pequeñas, casi insignificantes, que adquieren una importancia insospechada. Y no voy a entrar en si esa importancia es real o ficticia, porque casi todo es subjetivo.
El caso es que algunas de esas cosas se convierten en "objeto de culto" y en el caso que os traigo, hubo una época en que si no tenías una Moleskine en el bolsillo, no eras un artista.
¿Y que es la Moleskine? Muchos ya lo sabéis, pero para aquellos que no, os diré que la Moleskine es un cuaderno de notas. Solo eso; una pequeña libreta (o no tan pequeña) de tapas negras, con una goma alrededor para que no se abra cuando no lo deseamos, un marcador de páginas, y una tradición de más de dos siglos.
No conozco todos los detalles de sus comienzos, pero sé que se producía en pequeñas industrias francesas que abastecían a las librerías parisinas, cuando París era la meca de la intelectualidad mundial. Van Gogh, Picasso, Hemingway y Chatwin, contribuyeron de forma decisiva a darle una importancia impensable a un objeto tan común. Pero es que una Moleskine, avalada por tanto genio, ya no era común.
Chatwin, encargó 100 de estas pequeñas libretas cuando iba a irse a Australia, pero ya no pudo conseguirlas. Las empresas familiares que las producían hasta entonces, habían dejado de hacerlo y ya no podían encontrarse con gran aflicción de sus incondicionales. La última se vendió en 1986, en París, en la papelería de la Rue de L´Ancienne Comédie.
¿La última..? La última hasta que en 1998, con la ayuda de una pequeña editorial de Milán, Moleskine ha vuelto a la vida. Ahora están disponibles de nuevo para recoger en sus páginas, que se adaptan a todas las formas de arte que se pueda realizar mediante lápiz o pluma, cualquier cosa que se os ocurra. Las hay en papel pautado para música, en liso y adecuado para dibujar, rayado, cuadriculado, en viñetas para story boards o comics y hasta desplegable para que los chinos y japoneses puedan escribir en vertical.
Los mitos nunca mueren. Aunque sean mitos que podamos llevar en el bolsillo.
*
Os dejo un enlace con lo escrito por Javier Marías en una Moleskine, a partir de la petición que hizo la empresa que las fabrica a algunos escritores. Y si queréis saber más acerca de este mítico cuaderno de notas, teclead su nombre en un buscador.

15 julio 2005

Imitación

Mi amigo Yole puso un post el otro día que me recordó una montaña de cosas estupendas y se lo agradezco infinito.
Lo mejor de bloggear es que personas a quien no conoces más que de leerlas por estos caminos de letras te ponen de pronto, y sin pretenderlo, ante una parte de tu vida archivada en el fondo de la memoria. Esas cosas que apenas sabemos que sabemos; ya me entendéis.
El post es el homenaje que hace al libro de José Hernández "El Gaucho Martín Fierro", libro al que todos llamamos "El Martín Fierro", porque ese Martín no puede ser sino el gaucho. Hernández escribió una segunda parte, pero es la primera la que más se conoce y en mi opinión, por lo que valga, la mejor.
Como otras veces, aquí es necesario hablar de mi abuela, que estuvo en medio mundo más la mitad del otro medio, y que me recitaba ese libro de memoria; y de mi padre, que sabía los nombres de cada uno de los objetos imprescindibles para un gaucho; y para un mejicano y para un húsar y para todos los etcéteras que se os ocurran.
Así, las boleadoras, arma de caza y trabajo consistente, en su origen, en dos cabos largos de tiento retorcido a los que se sujetaban unas bolas o piedras redondas y que se podian lanzar a gran distancia, enganchando las patas de los animales y haciéndoles caer; el rebenque, látigo corto que en un principio, cuando el correo se llevaba a caballo, tenia un hueco en el mango donde se ocultaba el mensaje; y las bombachas, el poncho, el cinto, la rastra, el chaleco, y otras muchas prendas y utensilios que sería prolijo describir y cansado de leer, a menos que el tema apasione. Y para que apasione, hay que leerse el Martin Fierro :)
Y aquí os dejo unas estrofas de ese libro y una canción de un argentino que cuenta algo sobre los "piones" y la pampa y sus sentimientos.
*
Yo no soy cantor letrao
mas si me pongo a cantar
no tengo cuándo acabar
y me envejezco cantando:
las coplas me van brotando
como agua de manantial.
Con la guitarra en la mano
ni las moscas se me arriman;
naides me pone el pie encima,
y, cuando el pecho se entona,
hago gemir a la prima
y llorar a la bordona.
*
Fragmento del capítulo I

12 julio 2005

Oh, happy day...

Ya..! Mis nuevos 12 metros de estanterías para libros y similares están puestas...! Y casi llenas, a estas horas. He parado porque me duelen los brazos de tanto "traslado libros gordos" de una habitación a otra; sí, porque en ésta, ya no cabe ni más madera ni más papel.
Ahora tengo algo de espacio libre y mis libros dejarán de sufrir claustrofobia, con lo que me ahorraré un pastón en psiquiatra. El mismo que tendré que pagar al fisioterapeuta por el dolor de músculos que me va a quedar :(
Pero.., como decía en el post anterior, la naturaleza humana consiste, básicamente, en estar insatisfecha. Yo soy humana; bicho raro, sí, pero humana, por tanto aún no estoy contenta al cien por cien. Y eso es porque ahora tengo que conseguir un sistema rápido y cómodo de encontrar los libros cuando los necesite. Para los de consulta es fácil; se ven a la legua, pero los de leer, los normalitos de tamaño, pues no, la verdad.
Antes era más fácil ordenarlos por temas; aquí filosofía, aquí ensayo, aquí novela, etc, etc. Pero ahora es un problema, porque, pongamos por caso, ¿qué escribe José María Aznar, ensayo o ciencia ficción..? ¿Y Baltasar Garzón, política, biografía o jurisprudencia? Y eso dejando fuera a lumbreras como Dan Brown, Katherine Neville y similares, que nunca sabes que demonios estás leyendo y encima a mitad de las tropecientas páginas, ya sabes quién es el malo y que la chica será la mismísima Lilith, reencarnada en abogada-periodista-ejecutiva de armas tomar.
(Ya se me va la olla, lo noto) Bueno, eso, que es la mar de dífícil ordenar por temas, así que creo que me decidiré por el orden alfabético de autores y mira, si resulta que Sartre queda al lado de Saramago, pues que se aguanten y que aprendan el uno del otro. Igual se gustan y todo.
Y si tenéis otra idea mejor, por favor, no os cortéis y decídmelo..!

08 julio 2005

Metros cuadrados

Ayer fui de compras; necesitaba unos cuantos metros de estanterías para colocar todos los libros, vídeos y compactos que, no sé como, me han ido invadiendo últimamente. En total he comprado unos 12 metros para llenar. Si los añadimos a los que ahora mismo ya tengo, eso da 84 metros lineales de estantes, sin contar las superficies planas, como mesas, cajones y muebles varios que tienen algo de espacio sobrante entre cerámica y floripondio.
Lo que me ha llevado a la conclusión de que nuestra ministra de vivienda está en contra de que los españoles leamos, escuchemos música o veamos películas en casa, porque en un piso de 30 metros cuadrados, una de dos; o vives en la escalera o no tienes libros ni nada que se le parezca. Todo lo más te cabría una novela de Corín Tellado, que solo tienen tres o cuatro personajes, pero anda que como te compres El Señor de los Anillos o La Guerra de las Galias...
En fin, el martes os diré si ya puedo andar por casa sin tropezar a cada minuto con algún volumen de los que aparecen como por ensalmo en mi lectora vida.

16 junio 2005

Brainstorming

Esa palabreja del título ya la conoceréis. Tal vez con un nombre que se utiliza más; Brain Storm: tormenta de ideas. Alex F. Osborn, ideó en 1939, un método para la creación de ideas. Algo así como una máquina para hacer churros, pero sin máquina y sin churros.
Es algo parecido a esto; se coge un buen montón de ejecutivos ineptos y secos de imaginación, se les sienta alrededor de una mesa enorme y muy bien barnizada, con un bloc y un lápiz delante de cada uno, se traen unas cuantas pizzas y coca-colas (caso de ser españoles, bocatas de chorizo y vino tinto) y se les encierra durante unos pocos días. Entonces, como no pueden distraerse viendo páginas porno en el ordenador de sus respectivos y confortables despachos, no tienen más remedio que ponerse a pensar y ganarse el sueldo de una buena vez.
Hay un animador-conductor, que les plantea el problema a tratar o el tema que ha ordenado el jefazo y les obliga a hablar sobre ello y que digan cualquier cosa que se les venga a las mientes, dentro del tema expuesto, o no, según los casos. También se les deja hacer garabatos en el bloc para apoyar sus atormentadas ideas.
Todos los especialistas en recursos humanos dicen que es un método increíblemente bueno para generar ideas innovadoras, ya que existe una sana competencia y una idea que en principio puede parecer una estupidez, le da a otro la clave que estaba esperando para que se le dispare la idea genial y ¡eureka..!
Este post viene a cuento de que acabo de intentar leer un par de libros, de los que me reservo el título por no hacer publicidad malévola, y que parecen sacados de una tormenta de ideas pero de la parte estúpida, cuando aún no ha cuajado ninguna que merezca tal nombre.
Y ni siquiera son churros de verdad. Al menos podrías comértelos y contribuir a su desaparición.

13 junio 2005

Pigrizia, pioggia, pianto

Tres de las poquísimas palabras que sé en italiano.
Y es que después de un domingo, casi entero, dedicado a leer poesía, me he quedado así; con pereza, con lluvia, con llanto.
En honor a la verdad, la lluvia no es cosa mía. Llueve porque llueve. No es que yo haya hecho nada para que suceda, pero acompaña bien a las otras dos cosas.
¿Que qué he leído para quedarme así? Pues a Gibrán Jalil Gibrán. Hacía mucho que no cogía sus libros y me perdía unas cuantas horas. Aparte de una tendencia natural mía a emocionarme de forma un tanto exagerada, Gibrán consigue llegar a todas las fibras sensibles que poseo y hasta a algunas que no sabía que tenía hasta que lo leí por primera vez. De eso hace ya.., ejem.., algún tiempo.
El significado de su nombre, aunque no creo que nadie supiera en que iba a convertirse cuando se lo pusieron, es ya una parte del poema de su vida.
Gibrán significa "el soñador, consolador de almas" y Jalil, "el escogido, el amigo amado".
A mí me gusta especialmente "Arena y espuma" que no fue escrito por él, sino "dicho" por él. Bárbara Young, su biógrafa, pidió permiso a Gibrán para ir anotando durante las reuniones y conversaciones que el poeta mantenía con alumnos, amigos y familiares, las frases y pensamientos que expresaba en el transcurso de las mismas. Más tarde, Young, conformó un libro, que fue revisado y aprobado por Gibrán y que se publicó en 1926. Ahí está su pensamiento poético, filosófico y religioso. El hecho de ser árabe hijo de madre cristiana maronita, debió darle una visión ecuménica de Dios. Dios estaba en todo; Dios es nosotros mismos.
*
"Hemos oído hablar de Dios. ¿Qué dices tú de Dios
y quién es en verdad?
Sería más prudente no hablar tanto de Dios,
a quién no podemos comprender,
y pensar más en nosotros,
a quienes sí podemos comprender"
*
Espero no ofender a nadie, pero estoy de acuerdo. No se trata de pensar en nosotros reduciéndolo al "yo y los míos". Se trata de un "nosotros" universal. Una universal comprensión en la que está el compendio de la idea del Dios que acoge, abraza y consuela. Y eso podemos hacerlo todos.

25 enero 2005

Leer, esa enfermedad

Por desgracia, su nivel de contagio es bajísimo, si exceptuamos la prensa sensacionalista o los diarios deportivos que, por cierto, no entiendo de donde pueden sacar tantas palabras para explicar un evento tan parecido a otro. ¿Que el delantero metió el gol con la izquierda siendo diestro? ¿Que hubo tres ocasiones de marcar que se perdieron? ¿Que el árbitro favorecía a los de casa? Pues bueno; como todos los domingos o sábados o miércoles que se juegan partidos.
Que me parecen bien los deportes, que no tengo nada contra ellos ni tampoco tengo nada en contra de las crónicas de sociedad, pero de verdad ¿es necesaria tanta información al respecto?
Me gustaría ver esa misma capacidad de debate alrededor de los libros. Y también más seriedad y más verdad. Y no quisiera ver los dos o tres mini espacios en la televisión, salvando lo que haya que salvar, convertidos en tertulias de amiguetes dónde solo se habla de lo que publica cada capillita en concreto, obviando mejores creaciones o tocándolas tan de pasada que da la impresión de que "eso que escriben los demás", no merece la pena mencionarlo. Aún así, bienvenidos sean y aunque sé que es demasiado pedir, que proliferen.
Leer es una palabra que requiere pasar a la acción. Coger un libro de la estantería y dedicarse a él. Pocas cosas mas placenteras, para los enfermos de lectura, que tener un libro entre las manos. Antes de abrirlo le damos vueltas; la portada, la solapa, la contraportada, lo hojeamos, leemos frases al azar, lo calibramos y luego pasamos a la acción. A leer. Con los cinco sentidos. Contagiados hasta el tuétano de la enfermedad de la lectura.
Que algún día sea una plaga endémica y congénita y que nunca se invente una vacuna que la cure.

24 enero 2005

De polaca a polaco

Pues esto es como dicen que pasa con las cerezas, que tiras de una y salen tres o cuatro. Tiré de Szymborska y me encontré en las manos y en la memoria un montón de polacos ilustres a los que admiro desde siempre. De Chopin no voy a decir nada, porque no puede explicarse, hay que escucharlo, pero si voy a decir algo de un hombre menos conocido, igualmente genial. Poca es la obra traducida y de ella la que se puede encontrar más fácilmente son sus aforismos. Estoy hablando de Stanislaw Jerzy Lec. Su peripecia vital, terrible y heróica ya sería motivo suficiente para recordarlo pero hay mucho más. Murió en Varsovia el 7 de mayo de 1966 y tuvo un funeral de estado. Eso, seguramente, le hubiera dado motivos para escribir unos cientos más de "Pensamientos despeinados", de los que os dejo aquí una pequeña muestra.
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En el principio era el Verbo, y en el final el Lugar Común.
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Un salto moral es más peligroso que un salto mortal.
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Nos queda poco tiempo. Todavía nos amenaza la Eternidad.
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A veces la mentira se ajusta tanto a la verdad, que resulta difícil vivir en la rendija.
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Los que olvidan más fácilmente aprueban con menos esfuerzo el examen de la vida.
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A veces el castigo trae como consecuencia la culpa.
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Algunos ven con el ojo derecho y con el izquierdo exactamente lo mismo. Y piensan que en eso consiste la objetividad.
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Consejo para escritores: en algún momento hay que dejar de escribir. Incluso antes de empezar.
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