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19 diciembre 2005

Brindando

Brindis famoso el de "La Traviata", ese que suena ahora en la voz de María Callas y Alfredo Kraus. No se puede pedir más para una noche de ópera en un blog, aunque nada os impide imaginar que estáis en el Liceo de Barcelona, en el Real de Madrid, en Milán, en New York o en Sidney escuchando estas voces maravillosas.
Y, cómo no, también podéis imaginar que estáis en una espléndida mansión bailando un vals; las señoras vestirán trajes largos con generosos escotes y los caballeros irán de smoking y todos llevarán una copa de champagne en la mano. Todo el mundo será muy feliz mientras dure la ilusión y este primer acto. Ya sabemos que "La Traviata" acaba mal, pero por ahora, disfrutemos.
De eso se trata; tomemos esa porción de alegría de hoy o de este momento y aprovechemos para compartirla con quien más cerca esté de nosotros. No solo ahora, que ya tenemos puesto el cálido abrigo navideño, sino siempre que podamos.
Estos días pasados, he tenido ocasión de contemplar algo extraordinariamente hermoso y excepcional; mi forma de agradecer lo que he aprendido es compartirlo y vosotros estáis cerca, así que os dejo aquí esa pequeña-gran historia.
Llevábamos días esperando la muerte de una anciana señora a quien todos queríamos mucho. Sólo tenía una hija y dos nietas veinteañeras. Las tres estaban todo el día yendo y viniendo, turnándose, pidiendo noticias, pasando noches en vela y haciendo todo aquello que era necesario hacer para la comodidad de su madre y abuela. Cuando ésta entró en un coma tranquilo, las nietas trajeron música para ella. Eligieron las canciones que le habían oído cantar cuando aún su mente no se había perdido en las nieblas del Alzheimer y las hicieron sonar una tras otra en el reproductor; boleros, canciones de cuna, villancicos y melodías tradicionales.
Era muy impresionante ver a aquellas dos jóvenes, cada una a un lado de la cama, cogiendo las manos de su abuela y cantando a media voz, sonrientes y, a la vez, con los ojos llenos de lágrimas.
Tengo un trabajo que me pone muchas veces en la necesidad de ver como reaccionan las familias ante la muerte de un ser querido. Nunca había visto algo así y me alegro mucho de haber estado presente para poder decir que sí, que somos capaces de encontrar fuerzas para recordar la felicidad pasada y compartirla hasta el final con las personas a quienes amamos.
Sigamos bailando.
*

12 agosto 2005

Testaruda

Esa soy yo. Me di cuenta el otro día, cuando en un documental de la tele vi como unos ingenieros de West Point fabricaban un ariete romano. Les costó bastante porque intentaban utilizar los medios que, supuestamente, tenían los romanos hace dos mil años. Lo consiguieron y entonces se pusieron a darle topetazos con el ariete a un muro que imitaba al de la ciudad de Masada.
Igual que pasó entonces, el muro se vino abajo, aunque no sé si a los mismos impactos.
El caso es que yo miraba el ariete, con su cabezón metálico del que sobresalían dos cuernos enroscados, dándole a la pared con tal entusiasmo, que me dije; "Trenzas; igualito que haces tú".
Y no lo digo por los cuernos, que conste, sino por los cabezazos.
Soy testaruda, lo sé. Y quiero creer que no hasta el extremo de no aceptar ninguna idea que rechace las mías, pero no sé si lo consigo.
Y tampoco sé si es bueno o malo eso de la testarudez. Espero que haya matices o estoy perdida. Ya me veo con la cabeza abierta como un melón para los restos :)
Y es que encima de ser testaruda, me entusiasmo. Y esas dos cosas juntas son como una bomba.
Cuando me da el síndrome testarudo y me encuentro metida en un proyecto que me sobrepasa, porque no tengo capacidad, o no hay tiempo, o faltan recursos o surge un inconveniente tras otro, debería dejarlo, pero es que no puedo. Y me digo, para animarme, que también fueron testarudos Cristóbal Colón, Luis Pasteur, Séneca y tantos otros. Y como mis proyectos son infinitamente menores que los suyos y mis capacidades también, me animo solita y sigo adelante a como cuadre.
De vez en cuando, tengo éxito y hoy se ha conseguido que vuelva a su casa una abuelita muy necesitada del calor de la familia. Lo hemos celebrado por todo lo alto; café con leche y tarta con velitas porque coincidía con su cumpleaños.
Así que, me importan un cuerno los cuernos del ariete, su cabezón metálico y los topetazos que se ha tenido que dar contra la Administración, digo, contra las murallas de Masada.
Y aquí paz y después gloria..!

01 junio 2005

Pequeños placeres

Nada mejor que quedarse en casa si lo que hace uno, por lo general, es pasarse el día fuera. Poder estar las 24 con el boatiné puesto, los rulos, redecilla incluída y las chanclas arrastrando, es un placer de dioses, diga lo que diga la gente.
Yo lo sé por una vecina, no os vayáis a pensar que me pongo rulos. El largo de mis cabellos no me permite tal cosa; no hay rulos tan chiquitines.
Y volviendo a mi vecina; es una mujer sabia. Como ha cumplido ya 84 años reconoce que tiene algunas limitaciones y que las discotecas no son lo más adecuado para ella. Pero le gusta relacionarse, bailar y hablar por los codos. Vive sola pero eso no significa ningún inconveniente. Con la tele puesta todo el día, conversa a más y mejor con los presentadores de tv3, les dice a los personajes de las telenovelas lo que tienen que hacer en situaciones comprometidas y da buenos consejos a las pobres chicas que siempre resultan engañadas por algún malvado/a. A veces, "se pone de los nervios" cuando está viendo venir alguna desgracia y ningún personaje se da cuenta.
Baila por la casa cuando dan programas musicales y no se corta un pelo si tiene que salir a abrir la puerta en combinación. "Que una ya no está para pasarse el día pendiente de los demás, sino para aprovechar y hacer lo que me de la gana y al que no le guste, que no mire" Y tiene muchísima razón.
No merece la pena estresarse por cosas cuya importancia es tan relativa. Y hay que permitirse esos pequeños placeres cuando se tiene ocasión. El mundo no está pendiente de nuestros actos; le importamos un comino al mundo. Sobre todo si estamos en nuestra casa, es nuestro día libre y no esperamos a comer al rey, pongo por caso.
Me da pena no tener una bata de boatiné color de rosa, ni poder ponerme unos buenos rulos y no tener unas chanclas a juego con la bata. Hoy me las pondría, hablaría con la tele a grito pelado y bailaría con la escoba en el comedor. Incluso cantaría un poco y todo.

11 febrero 2005

In Memoriam

Tenía 97 años, seis hijos y una esposa que le va a seguir los pasos quizá mañana mismo. Murió ayer y yo estaba allí. No formaba parte de mi familia de sangre pero era mi familia, si por familia entendemos las personas a quienes queremos y por quienes nos hemos esforzado para procurarles una mejor vida en sus últimos meses, días u horas.
No puedo escribir acerca de lo que significó para su familia directa, porque eso no me pertenece, pero sí puedo hablar por mí. Le quería porque era un cascarrabias encantador que nunca se aprendió mi nombre. Yo era para él "la chica de la grúa", desde que al principio de nuestra relación conseguí una para poder trasladar a su esposa inválida de la cama a la silla, sin demasiado esfuerzo. Era gracioso escucharle preguntar; "¿Y que opina la chica de la grúa de tal o cual cosa..?". Me encantaba tener su confianza hasta el extremo de no querer prácticamente nada que la tal chica no hubiera aprobado. Me siento triste y contenta al mismo tiempo. Se ha ido sin darse cuenta y ojalá haya sabido, o sepa ahora, que yo estaba allí, con él, para darle mi opinión acerca del nuevo camino que ha emprendido.
Muchas veces me había cantado coplas de su tierra castellana, recitado versos y contado anécdotas de sus tiempos de buzo o de ferroviario. Hoy no tengo canciones para él. No me apetece cantar pero tengo un fragmento de un poema de Ungaretti, que me hubiera gustado recitarle ayer, a las dos y media de la tarde.
Lo dejo escrito aquí. En su memoria.
*
Donde la luz no mueve ya una hoja
pasados a otra orilla inquietudes y sueños,
donde posa la tarde,
ven que te llevaré
a las colinas de oro.