Brindis famoso el de "La Traviata", ese que suena ahora en la voz de María Callas y Alfredo Kraus. No se puede pedir más para una noche de ópera en un blog, aunque nada os impide imaginar que estáis en el Liceo de Barcelona, en el Real de Madrid, en Milán, en New York o en Sidney escuchando estas voces maravillosas.
Y, cómo no, también podéis imaginar que estáis en una espléndida mansión bailando un vals; las señoras vestirán trajes largos con generosos escotes y los caballeros irán de smoking y todos llevarán una copa de champagne en la mano. Todo el mundo será muy feliz mientras dure la ilusión y este primer acto. Ya sabemos que "La Traviata" acaba mal, pero por ahora, disfrutemos.
De eso se trata; tomemos esa porción de alegría de hoy o de este momento y aprovechemos para compartirla con quien más cerca esté de nosotros. No solo ahora, que ya tenemos puesto el cálido abrigo navideño, sino siempre que podamos.
Estos días pasados, he tenido ocasión de contemplar algo extraordinariamente hermoso y excepcional; mi forma de agradecer lo que he aprendido es compartirlo y vosotros estáis cerca, así que os dejo aquí esa pequeña-gran historia.
Llevábamos días esperando la muerte de una anciana señora a quien todos queríamos mucho. Sólo tenía una hija y dos nietas veinteañeras. Las tres estaban todo el día yendo y viniendo, turnándose, pidiendo noticias, pasando noches en vela y haciendo todo aquello que era necesario hacer para la comodidad de su madre y abuela. Cuando ésta entró en un coma tranquilo, las nietas trajeron música para ella. Eligieron las canciones que le habían oído cantar cuando aún su mente no se había perdido en las nieblas del Alzheimer y las hicieron sonar una tras otra en el reproductor; boleros, canciones de cuna, villancicos y melodías tradicionales.
Era muy impresionante ver a aquellas dos jóvenes, cada una a un lado de la cama, cogiendo las manos de su abuela y cantando a media voz, sonrientes y, a la vez, con los ojos llenos de lágrimas.
Tengo un trabajo que me pone muchas veces en la necesidad de ver como reaccionan las familias ante la muerte de un ser querido. Nunca había visto algo así y me alegro mucho de haber estado presente para poder decir que sí, que somos capaces de encontrar fuerzas para recordar la felicidad pasada y compartirla hasta el final con las personas a quienes amamos.
Sigamos bailando.
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