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06 febrero 2007

Estado de sitio

Siempre que veáis un buen título en mis posts, seguro que se lo he robado a alguien.
El de hoy es de Albert Camus y me viene de perlas para decir que me siento sitiada, asediada, comprimida y acogotada por la versión Beta. Y que a veces, no queda otra sino rendirse.
Así que le voy a decir a Blogger que, por favor, me cambie a donde le de la gana, pero que deje de asediarme.
Si de buenas a primeras (o de malas a segundas) no sabéis que ha sido de mí, no sufráis :)
Os encontraré de nuevo.
¡Adiós, versión Alfa de mi corazón...!

27 enero 2006

¡Aló..!

-¿Sí..?
-¿Es usted la señora de la casa?
-No. La señora de la casa murió por sobredosis de llamadas publicitarias.
-¿Y podría decirme a que hora llega la sustituta?
*
Así de insistentes podrían llegar a ser los publicistas telefónicos. Parece que no son bastantes las horas que la publicidad ocupa en la tele, la radio y la prensa, las vallas, los miles de folletos en los buzones, en los parabrisas de los coches y en las pancartas de las avionetas.
Se nota que se han dado cuenta de que todo eso está dejando de afectarnos porque hemos aprendido a cerrar los oídos y los ojos ante tamaño despliegue, así que la llamada, persona a persona, parecerá un método más eficaz.
Al principio, era soportable. Al otro lado del hilo había una persona amable, que se presentaba y te preguntaba tu nombre y se dirigía a ti de una forma educada y simpática. Recuerdo a una chica que decía llamarse Pilar y que me llamó unas cuantas veces; casi entablamos una relación amistosa y, de vez en cuando, le compraba algo porque ella vendía libros y ese es mi punto flaco.
Aquella forma de vender, acabó. Ahora es otra historia; si hay alguien al otro lado del cable, en cuanto descuelgas, te espeta: "¿Es usted la dueña de la casa?" Como digas que sí, estás perdida. La única escapatoria es colgar el teléfono a la brava, cosa que a todos nos cuesta porque es de muy mala educación, pero si no lo haces, tienes para media hora larga de decir que no, una y otra vez, hasta que las orejas te arden y las neuronas se te han licuado.
En otros casos, sólo descolgar, oyes: "Ha sido usted agraciado con un maravilloso premio consistente en..." Ahí la cosa cambia y puedes colgar tranquila porque sabes que la cinta de casette no se ofenderá.
Y luego hay un tema que me tiene enfurecida. Me dejan mensajes de voz con publicidad que no puedo borrar de ninguna manera. Y para mayor desprecio a la intimidad, resulta que yo tengo desactivado el contestador automático, así que no entiendo como pueden dejarlos.
Ya he hablado mil veces con Teléfónica y su solución es resetear el teléfono y volver a habilitar la identificación de llamadas, pero no es una buena solución porque al día siguiente ya está el pilotillo parpadeando de nuevo.
Empiezo a sospechar que la manera de aumentar las facturas es que tengas que llamarles para solucionar estas cosas. Que ya no me fío ni de mi sombra.
*
"Minueto", de Luigi Boccherini. 3.78 megas