Aunque parecía imposible el 1 de Enero, ya estamos otra vez cerrando el año. Ha pasado volando en su mayor parte, aunque tengo que reconocer que algunos días, o semanas, me han parecido interminables. Es que soy impaciente. El 15 de diciembre ya estoy deseando que los días se evaporen, que se disuelvan, que se alejen de mi vida. Y es una solemne tontería, porque la realidad es que el día 1, sólo es una continuación del anterior. Nada ha cambiado de modo tangible, pero yo me siento mejor. Como si realmente hubiera dejado atrás algo que me pesaba mucho. Tengo la misma sensación que cuando estoy a punto de acabar un libro; aunque me esté cayendo de sueño, quiero correr hasta la última página y saber cómo se acaba; quiero leer la palabra Fin, lo antes posible.
Ágata siempre me critica este comportamiento y me insiste en que debo dejar que las cosas se tomen su tiempo; que no hay que correr adelantando días, porque ellos te alcanzan de todos modos. Tiene razón, pero no puedo evitarlo.
¡Qué tengáis un bonito Fin de Año...!





