Y un pastelito. Infantil, como corresponde a mi edad de blogger. Y a caminar en pos del séptimo, con todos los que aún conserven las fuerzas para seguir. Nos leemos pronto; prometido.
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"Oxygene" Jean Michael Jarre
Y un pastelito. Infantil, como corresponde a mi edad de blogger. Y a caminar en pos del séptimo, con todos los que aún conserven las fuerzas para seguir. Nos leemos pronto; prometido.
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"Oxygene" Jean Michael Jarre
En el post anterior os conté que dudaba de que las tórtolas fueran capaces de sacar adelante a sus polluelos por culpa de este abril descontrolado, pero me equivoqué. De repente, aparecieron dos pollos en el nido; bueno, vale, ya sé que no se hicieron grandes de la noche a la mañana, pero como no los veía, creí que la pollada se había perdido sin remedio y me puse a saltar de alegría cuando los vi en la cornisa, acicalándose las plumas o siguiendo atentamente el movimiento de la calle. Estuvieron ahí dos días y luego, desparecieron del nido. ¡Otro susto...! ¿Dónde podrían haber ido con esas rémiges tan cortitas, que apenas sirven para estabilizar el vuelo...?
Y esta mañana, los padres tórtola han traído a uno de los dos pollos a comer y beber a mi balcón. Sólo a uno. No sé que habrá sido del otro. Espero que esté bien y que puedan acercarlo hasta aquí. Han llegado los tres juntos y se han aposentado alrededor del comedero; primero le han dado ellos de comer al pollo, pero luego le han instado, con bastante energía a que comiera solo, y en cuanto el pollito se ha soltado a picar en el bol de la comida y en el del agua, han levantado el vuelo y se han ido dejándolo aquí solito. Eso me ha permitido hacerle la foto, porque los padres, en cuanto me acerco a los visillos, salen a toda velocidad, pero éste, pobre, no sabe aún que hay muchas personas malas y no se ha asustado cuando me ha visto. Eso sí, el balcón no lo he abierto para no meterle el miedo en el cuerpo con el ruido. Y ahí sigue, paseándose arriba y abajo por las jardineras y tomando buchitos de comida y agua cuando le apetece.
Casi lo primero que hago por la mañana es abrir el balcón y salir a ver el día. Quiero saber si todo está en el mismo sitio que lo dejé ayer; si las plantas están vivas, si las tórtolas se han levantado y de que color está el cielo. Y algunas veces me encuentro con algo espectacular, cómo este sol que fotografié encarándole sin piedad el objetivo de la cámara. Tenemos un refrán en Cataluña que asegura que: "Sol rogent, pluja o vent" Podríamos traducirlo, por "Sol rojo, lluvia o viento", pero lo cierto es que al traducirlo pierde mucho de su sentido amenazante. Ampliando la foto, sí que da un poco de miedo, pero no pasó nada. Sigo viviendo tan feliz.
Lo curioso de esta foto, es que sólo 15 minutos antes, había tomado ésta otra, desde el mismo balcón y en la misma dirección de enfoque. La calle era verde; me fui a tomar un café y cuando volví, ahí estaba esa estrella incendiada dominándolo todo. Hay que mirar para ver, según dicen, y estos son de esos momentos en que mirar atentamente, compensa mucho.Y ya está. ¡Hasta mañana...!
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"Sevilla" Isaac Albéniz
... está en flor la Vincapervinca, o Hierba doncella, si preferís. Dicen que es buena para conservar la memoria.
Otro de los signos de Otoño, es esa lluvia dulce a última hora de la tarde que prepara las flores para esas fotos nocturnas y goteantes. Como no soy muy buena fotógrafa, mejor será advertiros que esas manchitas no son tales, sino gotas de lluvia. Paciencia, ya aprenderé también a fotografiar de noche.
Y por si todo lo anterior no es suficiente para demostrar que estamos en periodo de transición estacional, ahí tenéis a Gato, durmiendo mitad invierno y mitad verano.
O a lo mejor es que no quiere calentarse la cabeza y por eso la deja sobre el mosaico. Tengo que probar a ver...
Total, que he acabado haciendo una pequeña criba y algunos de esos recuerdos han pasado a mejor vida, ayudados por las reconfortantes llamas del fuego que he encendido dentro de un bol grande. Porque hay cosas, antiguas y sentimentales, de las que sólo puedes desprenderte en favor del aire; para que perduren siempre. Debo decir que, aunque me he emocionado mucho, no he llorado. Creo que he sentido que todo estaba bien; que he olvidado lo que debía olvidar y que las ausencias que nos dolieron tanto, se van compensando, que no sustituyendo, con los recién llegados a nuestra vida. O puede que ese pensamiento solo haya sido una forma de consolarme.
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"Valse op. 64 No. 2 C sharp minor" de F. Chopin. Interpretación de Sylvia Capova.