Hace un par de siglos, para ser navegante necesitabas un barco y un mar; o como mínimo, un río caudaloso y una barca; o un río pequeñito y una balsa, pero vamos, que el agua era tan imprescindible como algo que flotara. Más tarde, empezamos a navegar por el aire. Para eso se necesita un avión, algo de combustible y aire. Y más tarde, empezamos a navegar desde casa, con ayuda de un ordenador y una línea telefónica.
Y es en éste último caso donde cobra pleno sentido, y en todas sus acepciones "el arte de marear" expresión que antiguamente sólo se aplicaba a las personas que practicaban con sabiduría el oficio de navegante marino.
Ahora, lo que llamamos "navegar por la red" ha perdido la mitad de la frase; ya no es un arte; sólo es un mareo. Y de los grandes.
Han intentado muchas veces explicarme como funciona eso de que hay 11 ordenadores en el mundo que controlan, en última instancia, todo lo que navega por la red; que esos 11 tienen unos acólitos que les ayudan en el trabajo y que a su vez, éstos también tienen secretarios, administrativos, botones y ascensoristas; incluso chico de los recados, pero yo sigo sin enterarme de cual es su calendario laboral y por qué sistema las cosas funcionan un día no y otro tampoco.
Muchas veces resultaría más rentable ir en persona a entregar un correo electrónico que desesperarse viendo como es imposible verlo salir del ordenador y otros te comes la mesa de impaciencia esperando a que abran la bandeja de entrada.
Y esto va a ser culpa del chico de los recados, que es el que menos cobra y el más fácil de despedir. Mientras lo despiden y le pagan la indemnización, seguiremos vaciando los bolsillos en las cuentas bancarias de nuestros teóricos "Servidores de Internet" que en la práctica, son nuestros dueños.
Bueno, ea, que no os ataque el mareo mientras voy y vuelvo del trabajo.
