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26 junio 2009

Conjuros

Alrededor de los solsticios la magia parece estar en todas partes. Y me refiero a esa magia de color de rosa de las revistas de colorines y los magazines mañaneros de la tele. Consejos para dejar atrás los malos momentos; dar saltos sobre el fuego o sobre las olas, buscar hierbas mágicas, escribir lo que nos molesta en nuestro entorno, quemarlo sobre una vela blanca y aventar cenizas a las 12 en punto, son sólo los más conocidos de los que tocan en verano. Las 12 uvas, las lentejas o la ropa interior roja, quedan para el invierno. Pero hay otras cosas, no pensadas para lo positivo sino todo lo contrario.
No soy ninguna entendida en vudú, magia negra o similares, pero os contaré algo que hoy he recordado leyendo el blog de mi amigo Ricardo Guadalupe .
Pasé varios años de infancia con la sola compañía de mujeres adultas, aparte las horas de colegio, claro está. Dónde quiera ellas fueran, me llevaban. Y había una prima lejana, a quien llamábamos Luisa "la guapa" (por lo fea que era, pobrecilla) muy amiga de echar las cartas, poner fotografías de alguien dentro de un pañuelo, atarlo y hacerle unos pases mágicos, y, lo que más gracia me hacía, colocar montoncitos de sal debajo de las camas. Recuerdo perfectamente, una mesa camilla cubierta con una especie de pañolón estampado y muy oscuro, y las cartas brillando encima. Baraja española, por cierto. Normalmente, mi abuela me mandaba al balcón a jugar, pero algo debí oír o medio entender, porque una tarde yo también hice un conjuro: le pinché los ojos con un alfiler a la foto del novio de mi tía. Y además lo hice con una saña, que hubo que traer otra fotografía de repuesto.
La cosa es que, desde mi punto de vista, motivos no me faltaban. Mi tía, que tenía unos doce años más que yo, era la que me llevaba de paseo, al cine y al parque. Me dedicaba tiempo y yo me lo pasaba muy bien con ella, hasta que ¡oh, infortunio! se cruzó en su camino un novio. Y ahora Trenzas, se quedaba por las tardes en casa, mientras el impostor se iba con su tía al cine y al parque.
Me llevé una buena reprimenda, aunque negué con absoluta vehemencia mi participación en el desaguisado y mi defensa fue que debía haberlo hecho Luisa "la guapa" Nadie me creyó y menos que nadie mi futuro tío, al que no le hizo ni pizca de gracia el asunto de los alfilerazos.
No hace falta decir que el conjuro o magia, no surtió ningún efecto y que mi tía se casó al año siguiente con el objeto de mi odio infantil. Creo que mi tío ya no me guarda rencor porque, de vez en cuando, lo comenta y nos reímos, pero a mí me sigue dando vergüenza que me lo recuerden. Nunca más se me ha ocurrido hacer ni el más inofensivo de los conjuros.
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"A París" Carlos Cano, en homenaje a Edith Piaf
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10 junio 2009

Agua salada


El primer mar que vi fue el Cantábrico. En las playas de Gijón bebí mi primer sorbo de agua salada y me sentí muy engañada por ese sabor ingrato, tan diferente de lo que parecía. Mi padre nos llevó, al único hermano que por entonces tenía y a mí, a la playa, y nos acercó sin soltarnos de la mano hasta la misma línea de las olas. Enseguida nos pareció muy divertido aquello, pero nada comparado con lo que pasó cuando empezó a levantar algunas rocas sueltas, debajo de las cuales bullían una enorme cantidad de bichos rarísimos. Cada vez que se alejaba una ola, mi padre volvía a levantar las piedras y, cada vez, era un descubrimiento. Habrá que decir, antes de seguir que, por aquel entonces, todavía podías moverte por las playas a placer y que era más que fácil, en las del norte al menos, encontrar en sus rocas, no sólo las omnipresentes lapas, sino multitud de cangrejillos, pequeños peces, erizos y muchas, muchísimas conchas y caracolas ya vacías. Y a nada que escarbaras un poco, berberechos y otros moluscos. Mi padre, incluso sacó un pulpo medianito de un hueco en las rocas. No nos quedamos nada que estuviera vivo, pero yo recogí cantidades industriales de conchitas y caracolas, tantas, que hubo que habilitar un par de servilletas bien anudadas para cargar con el botín. Yo no quería soltar ninguna de aquellas pequeñas maravillas y, si me hubieran dejado, me habría llevado todas las que me salían al paso, que eran cientos y cientos. Es una manía que aún no he perdido. Aunque logro controlarme un poco mejor, no concibo un día de playa sin traer a casa unas cuantas conchas. Bien es verdad que ahora las playas están expoliadas de todo lo natural y apenas si se encuentra nada en las que yo tengo al alcance, si descontamos alguna "galleta" de chapapote o lindeza similar.
Ya de mayor, me hice con una pequeña colección, a base de ir comprando por las tiendas de los diferentes lugares costeros por los que pasábamos en vacaciones, conchas y caracoles foráneos. Casi todos vienen del Índico o del Pacífico, y no tienen la gracia de haberlos cogido con las propias manos, pero siguen siendo mágicos. Tengo repartidos en los estantes de la biblioteca unos cuantos recipientes de cristal llenos de tesoros, y una pequeña estantería para los ejemplares más grandes. En la foto que os he dejado se ve la mitad de ellos.
Cada uno tiene sus manías y yo necesito volver de la playa con alguna pequeña muestra de que mis recuerdos son ciertos; que había una vez un padre y unos hijos que se maravillaban con lo que el mar traía en cada golpe de agua, y que ...
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07 febrero 2008

Estrellas en el cielo

Hace mucho tiempo, cuando vivía en Madrilelandia, teníamos una terraza sin más techo que el cielo. Y todo el mundo sabe, o debería saber, que en esa ciudad de mi niñez, el cielo es precioso.
Pasaba mucho tiempo en la terraza. Si los refugios se construyeran al aire libre, ese hubiera sido el mío. Tres paredes, una barandilla, un suelo sobre el que jugar y un cielo abierto a cualquier sueño infantil.
De noche, las estrellas quedaban al alcance de la mano. Creía que, si me apresuraba a crecer, podría elegir cualquiera de ellas y quedármela en propiedad; la usaría de foco para mi teatro de muñecas o, tal vez, como lamparita de noche, si la abuela me daba permiso.
En febrero, lucían las que más me gustaban; tres estrellas en línea, tan bien colocaditas que no podías confundirlas con ningún otro grupo. Todas brillaban igual y tenían el mismo tamaño. Excelentes para mi cuadriculado pensamiento. Cuando pregunté, me dijeron: "Son las Tres Marías" ¡Oh, perfección...! ¡Hasta en el nombre eran igual de consecuentes...! Confieso que me quedé prendada de las Marías y que, hasta hoy, me dura el encandilamiento.
Nunca he sabido mucho de Astronomía; aprendí lo que todo el mundo aprende en el colegio, si no vas para científica. Es decir, casi nada. Luego, me interesó más y supe que mis Marías están en la Constelación de Orión y que, en realidad, sí tienen un nombre distinto cada una. Las bautizaron como Alnilam, Alnitak y Mintaka. Sigo prefiriendo el nombre con el que me las presentaron, mucho más poético y cercano.
Estas preciosas estrellas quedan a 1305 años luz de nosotros, así que ahora ya sé que ni subiéndome a la escalera de los bomberos habría podido cogerlas, pero ya no me importa. Están bien donde están para que un día cualquiera de invierno, como ayer, pueda recrearme en su contemplación; las tres juntas, brillando en el cielo. Tan cerca y tan lejos como la primera vez que las vi.
Otro romántico nombre que reciben es el de "Cinturón de Orión". Cada constelación tiene detrás una bonita historia mitológica y casi todas las estrellas destacadas, cumplen una función en esas historias.
La de Orión, os la cuento un día de éstos.

01 enero 2008

Una carta para vosotros

Queridos amigos:
Espero que cuando os llegue esta carta os encontréis bien de salud y que hayáis pasado unas bonitas Navidades y Año Nuevo. Y que los Reyes Magos recuerden todo lo que les habéis pedido y os lo traigan, sin dejarse nada en el saco del olvido.
Por aquí estamos bien, pero cansadas por estos cuatro últimos meses del 2007 que han sido de los peorcitos que recordamos la Cabra y yo. La verdad es que desde hace tiempo son malos, pero este año recién pasado, batió records. Y lo hemos acusado. Más que nadie la pobre Cabra, que no está acostumbrada a los malos tiempos y a los inconvenientes de la vida real. Los que no se han enterado de nada han sido el gato y el canario, poco interesados en los problemas que no les atañen directamente. Hasta tuve tentaciones de dejarles un día sin comer a ver si así recapacitaban y se volvían más solidarios. Bueno; fue sólo eso; una tentación sin consecuencias.
Creo que nunca he estado tanto tiempo sin encender el ordenador por voluntad propia. Esta tarde, cuando me he decidido y he descargado el correo, creí que iba a incendiarse por el esfuerzo. Gracias a todos por vuestras cartas y ya procuraré ponerme al día, porque si algo tengo claro es que los cuatrimestres finales del año serán malos, pero no van a poder conmigo ni con la Cabra.
Esta mañana temprano, la calle estaba aún llena de la fiesta de anoche. Hacía mucho frío, pero una jovencita, con un bonito abrigo negro, andaba descalza por la avenida a pasitos cortos, encorvada, los zapatos en una mano, el bolso en la otra. Cuatro chicos, recostados en el lateral de un coche, bebían un último trago y se partían de risa recordando quién sabe qué. Confettis y serpentinas coloreaban las aceras y las palomas creían que eran comestibles y bajaban a picotear, sin mucha suerte. Y dos o tres personas, entre las que me encontraba, iban apresuradas a su trabajo, como todos los días.
Normalidad; eso es lo que necesito ahora. La reconfortante normalidad. Me pongo a ello.
Un abrazo a todos y cada uno.

18 diciembre 2007

Restaurando el sistema

No es que diga que quiero convertirme en un ordenador. Son unos armatostes bastante feos y tienen una cabeza "pensante" más cuadrada que la mía, lo cual ya es decir cuadradísima, pero reconozco que poseen algunas ventajas nada desdeñables. Por ejemplo; la restauración de su sistema a un estado anterior en que funcionaban mejor y, seguramente, eran más felices.
Naciendo con una utilidad así, uno podría librarse de la mayoría de situaciones engorrosas que, sin servir para nada, mantienen al cerebro encerrado en tantos laberintos que cuando crees haber encontrado una puerta de salida, resulta ser sólo la entrada a otro más enojoso.
Me imagino el alivio que sentirán mis ordenadores cuando les libro de los pesos muertos que, casi siempre contra mi voluntad, les he ido introduciendo en los chips; que si una cookie por aquí, que si un dll por allá, que si un antivirus que les viene tan estrecho que no pueden ni moverse...
¿Vosotros, qué hacéis cuando queréis restaurar vuestro sistema personal? ¿Sobre que botón o icono de vuestros pensamientos hacéis clic con el ratón?
No hace falta que contestéis. Ya sé que es personal y no hay que entrometerse. Yo tampoco os lo cuento, pero estoy en ello.
*
Que el maquillaje no apague tu risa,
que el equipaje no lastre tus alas,
que el calendario no venga con prisas,
que el diccionario detenga las balas.
Que las persianas corrijan la aurora,
que gane el quiero la guerra del puedo,
que los que esperan no cuenten las horas,
que los que matan se mueran de miedo.
Que el fin del mundo te pille bailando,
que el escenario me tiña las canas,
que nunca sepas ni cómo, ni cuándo,
ni ciento volando, ni ayer ni mañana.
Que el corazón no se pase de moda,
que los otoños te doren la piel,
que cada noche sea noche de bodas,
que no se ponga la luna de miel.
Que todas las noches sean noches de boda,
que todas las lunas sean lunas de miel.
Que las verdades no tengan complejos,
que las mentiras parezcan mentira,
que no te den la razón los espejos,
que te aproveche mirar lo que miras.
Que no se ocupe de tí el desamparo,
que cada cena sea tu última cena,
que ser valiente no salga tan caro,
que ser cobarde no valga la pena.
Que no te compren por menos de nada,
que no te vendan amor sin espinas,
que no te duerman con cuentos de hadas,
que no te cierren el bar de la esquina.
Que el corazón no se pase de moda,
que los otoños te doren la piel,
que cada noche sea noche de bodas,
que no se ponga la luna de miel.
Que todas las noches sean noches de boda,
que todas las lunas sean lunas de miel.

27 noviembre 2007

Teoría de la Conspiración

Es buena idea tener una teoría así cuando las cosas no salen como quieres porque siempre podemos parapetarnos detrás. No hay duda de que el mundo en general y nuestras circunstancias en particular, conspiran para no dejarnos hacer lo que queremos, en el momento en que queremos. Y es que, yo quiero y yo puedo, aún no son sinónimos.
He estado sometida a conspiraciones varias en este tiempo, casi un mes, de ausencia. Conspiraciones de recuerdos tristes, de desánimos, de cosas inconclusas que me saltaban a las manos exigiendo que las acabara de una vez; un bordado con tres puntadas pendientes, unos discos que copiar y devolver, el capítulo de un libro que urgía entender, ficus que podar, papeles que ordenar, vida fuera de aquí, impacientándose...
Y un poco de frío en el alma y alguna que otra explosión de rabia. Es decir, la vida en crudo y en directo, conspirando insidiosa; escondiendo las letras del teclado y oscureciendo el monitor.
Querría haber estado aquí este noviembre; todo él, porque el día 19 cumplí mis tres años de bloggera. No pude encontrar un resquicio en mi propia conspiración vital y no estuve para celebrarlo.
Sin embargo, no celebrar, no significa dejar de agradecer. Os doy las gracias a todos por vuestra compañia en este ya largo viaje, por vuestros pensamientos, por vuestras ideas y por las palabras que ponéis a mi alcance, aquí y en vuestros espacios; por lo que he aprendido y sigo aprendiendo de vosotros, y por todas esas manos tendidas que no saben de distancias ni conocen fronteras.


Espero y deseo encontraros aquí otros muchos años.
¡Gracias por todo, y a todos..!

22 octubre 2007

Pensamientos en flor

El viernes pasado estuve un buen rato de la mañana en un vivero. Mi hermano quería ver unos arbolitos y pasó a recogerme. Sabe que me encanta ir a lugares donde el horizonte no contenga, de modo exclusivo, bloques y más bloques de pisos. Vimos muchísimas flores, cosa nada extraordinaria en un vivero y me traje media docena de macetas de pensamientos. Una de ellas, exactamente igual a esta foto.
Los pensamientos son frágiles; tallos delgados, hojas delicadas y pétalos casi transparentes. Cuando están más bonitos es al amanecer. Se elevan, por decirlo de alguna manera. Y luego, despacio, van inclinando las corolas hacia el suelo. Como si fueran vergonzosos y se escondieran del pleno día. No sé si lo saben, pero a la mañana siguiente ya no lograrán abrirse del todo y morirán. Entonces se cortan las flores marchitas, siempre con las manos (las tijeras traumatizan mucho a las plantas no arbustivas) y se deja espacio a la nueva floración.
No sé muy bien por qué os cuento ésto. Me he despertado pronto, con la cabeza llena de pensamientos que no eran, precisamente, de la familia de los vegetales, ni tampoco tan bonitos. Pensamientos de esos que pesan tanto que, ni siquiera al amanecer, levantan la cabeza del suelo.
Y de pensamiento a pensamiento, en esa forma caótica en que trabaja mi cerebro, me he encontrado, de pronto, poniendo en paralelo unos y otros. Filosofía barata, se llama esta figura.
O reduccionismo; o simplificación; o tontería. O necesidad de comprender, de justificar, de encontrar razones donde no hay nada más que simple cumplimiento de las leyes naturales.
Lo cierto es que soy dueña de mis pensamientos vegetales; he pagado por ellos y puedo decidir que flor corto, y como, y cuando. Pero sobre los otros, los que nacen en mí y de mí, no tengo ningún poder. Y no me parece justo.

16 octubre 2007

Hasta luego, Gato Mayor

En el tiempo en que Gato Mayor vino a vivir a casa yo tenía un par de preciosos galgos Whippet y todos los días salíamos a pasear dos o tres veces, según el tiempo libre de que dispusiera. Pasábamos por una placita de esas que hay en toda ciudad, medio abandonadas; ésta, en concreto, era solo un terraplén descuidado, con unos cuantos árboles, mucha maleza y media docena de buenas salidas a otros espacios igualmente descuidados. Un lugar ideal para que proliferaran las ratas y los gatos callejeros. También un lugar perfecto para que todo aquel que deseara abandonar un gato, lo hiciera impunemente. Además, muchas personas, amantes de los gatos, llevaban comida y agua a diario, así que si eras un felino decidido podías vivir más o menos bien; hasta que te atropellara un coche o algún gamberro decidiera que ya habías vivido bastante y pusiera veneno en el agua o la comida.
Gato Mayor, debió llegar a la placita a la fuerza. Él no había nacido en la calle pero alguien se cansó de tenerlo en casa. La primera vez que nos vimos fue cuando salió de entre unas matas y se lanzó a jugar con mis perros, como si los conociera de toda la vida. Mis galgos, que eran unos auténticos santos, soportaron estoicamente los saltos del gato ante sus narices, los zarpazos, sin uñas, a sus cuartos traseros y las carreras entre sus patas. Si ves algo así en un gato callejero, ya sabes que no es tal. Que se ha criado en familia y con otros animales y que si ahora no tiene un techo sobre su cabeza es por mala voluntad de algún "humano".
Yo no quería gatos en el piso. Temía que los galgos se cansaran de aguantarlo y acabáramos mal. Pero Gato Mayor era un pesado. Cada vez que salíamos estaba esperando a la puerta de casa. Nos acompañaba todo el paseo y al regreso lo dejábamos otra vez en la puerta de la calle maullando bajito, como si llorara.
De mis dos galgos, Erick, el más cariñoso, ya esperaba encontrarle para jugar cuando salíamos y Argos lo toleraba sin problemas, así que un día ya no pude aguantar más sus lastimeros maullidos y hablé seriamente con Gato Mayor: "Escucha-le dije - si cuando lleguemos al portal, entras detrás de nosotros, te metes en el ascensor y luego en casa sin armar jaleo, te dejaré quedarte". Me entendió, sin duda, porque hizo exactamente eso. Y cuando entró en casa, se fue derecho donde estaba el agua y la comida de los perros y bebió y comió como si toda su vida hubiera vivido aquí. Y se ha quedado conmigo mucho más tiempo que mis galgos, que me dejaron hace unos cuantos años, con pocos meses de diferencia.
Ahora él también se ha ido. Ya estará jugando con Erick y Argos, dondequiera que jueguen los animales que han sido amigos y se encuentran de nuevo.
Gato Mayor no era de los que se dejan coger, ni cepillar, ni cortar las uñas; no permitía que nadie le acariciara si no le apetecían caricias y se puso muy celoso cuando me traje a Gato Menor de la misma placita que me lo traje a él, pero cuando yo iba al piso contiguo, donde vivían mis padres, saltaba por los balcones para llegar a mi lado, esperaba mi regreso sin moverse del recibidor durante horas y me recriminó largamente aquella vez que me operaron y tuve que estar quince días fuera de casa. Creo que tenía miedo de que yo también le abandonara. Y ha sido al revés, aunque no puedo reprocharle que lo haya hecho. Sé que él no quería, pero había llegado el momento y nada pudimos hacer para evitarlo.
Ahora Gato Menor le busca por la casa en vano y yo sigo diciendo "Adiós, gatos; hola, gatos", en plural, cuando salgo o cuando vuelvo.

08 octubre 2007

Historia para no dormir

Quince días me ha tenido Telefónica sin conexión. Y no solo sin conexión a la red y sin TV por cable, sino sin poder llamar por el teléfono fijo. He pasado horas colgada del móvil reclamando la reparación; he llamado a todos los teléfonos de atención al cliente, 1002, 1004, 902357000, y hasta he cursado faxes y burofaxes a las oficinas centrales en Madrid, sin lograr que nadie me diera, no ya una explicación, sino una razón para que no se solucionara la avería. No lo he conseguido. Ya me temía que Telefónica hubiera quebrado económicamente y todos sus empleados técnicos estuvieran despedidos, pero no. Esta mañana, por fin, he conseguido hablar con una persona que ha tenido a bien enviarme un técnico que ha tardado menos de quince minutos (15) en solucionar la avería. A minuto por día de impotencia y conversaciones con el "ente" telefónico. Naturalmente, ya tengo cita con la oficina de Atención al Consumidor (para el día 24, nada menos: celeridad total también.., ¡país...!) porque, independientemente de reclamar la parte proporcional de la factura no consumida, quiero una explicación del retraso en la reparación. Y como puedo demostrar de modo fehaciente que es cierto lo que reclamo, espero obtenerla.
Bueno, la verdad es que no lo espero demasiado :) Pero voy a intentarlo porque estoy más que harta de ineptitud y prepotencia. Y si nunca lo consigo, al menos me habré explayado a gusto.
Bueno, ya.
Después de agradecer todos vuestros comentarios y deseos de mejoría de mi bracito, deciros que va mejor, que estoy yendo a rehabilitación y espero volver al trabajo pronto porque la impaciencia me está matando y estoy cansada de tanta inactividad física. Lo he compensado, eso sí, leyendo mucho y ordenando mis discos duros externos. No, el cerebro no cuenta como disco duro externo; sigue lo mismo.
Sirva este post sólo como señal de vida y explicación de mi forzada ausencia, porque ahora lo que me apetece de veras es contestar los correos pendientes e ir a visitaros a vuestros blogs.
Estoy deseando leer y comentar lo que me he perdido en estos quince días de desconexión.
Un abrazo cariñoso a todos, queridos amigos.

14 septiembre 2007

Plegarias atendidas...

... pero no como las deseaba. Para tener tiempo libre, he tenido que caerme cuan larga soy (o sea, poco), y hacerme una preciosa luxación en el brazo con el que como, lo que me crea auténticos problemas de nutrición. Exagero, sí. No preocuparse que incluso he engordado un kilo (por la zona donde acaba la espalda), de tanto estar sentada viendo televisión a todo trapo.
Bueno, pues eso: que me ha dolido y aún me duele el brazo, pero sobreviviré.
Y ahora quiero agradecer, y pedir disculpas también, a mi amiga Cieloazzul, por haber puesto el Beso-Premio, antes de poder decirle lo mucho que me conmovió que me lo diera. Lo subí con la intención de escribir el post a continuación, pero un suelo mojado se interpuso entre el teclado y yo. ¡Muchas gracias, Cielitoazzul...!
Recordé con éste Beso-Premio, que desde hace años, tengo enlaces solidarios en mi web de Hadas, y hay dos a los que voy cada día a hacerles "click" con el cursor. Hoy los dejo también aquí, arriba, en los enlaces, para que vosotros hagáis lo mismo, cuando haya un minuto sobrante en vuestro tiempo. Ya veréis de que se trata. En los alrededores de la Navidad, algunas entidades suelen hacer alguna cosa parecida. Si me entero, añadiré los que aparezcan.
A veces, las cosas no son nada difíciles ni se nos llevan media vida en su realización. Una palabra a tiempo, una pequeña acción de dos minutos, un momento para escuchar o leer a un amigo, o a un desconocido, es todo lo que necesita una persona para superar un mal momento. O para ayudar a superarlo. Leí en el blog de Sahndrah un post que hablaba de esto mismo. Y sabemos que un amigo está ahí, cuando se acuerda de algo que hemos dicho, quizá hace muchos meses, y nos hace un regalo, como ha hecho Vert! recordando algo que me hacía mucha ilusión. ¡Gracias, Vertito...! No he podido ir aún por el brazo pocho, pero hoy está mejor y voy a ver ese Monte.
Y por ese mismo brazo pocho, no alargo el post. Quiero que me deje visitar a unos cuantos amigos, antes de que empiece a cansarse y se ponga a doler.
¡Que dura es la vida...! Aunque no tanto como el suelo, ahora que lo pienso...
:)

08 septiembre 2007

Regreso en la madrugada

Soñaba que escribía un post. Y lo soñaba tan intensamente que me he despertado :)
Es que os echo mucho de menos y sé que no me voy a dormir hasta que os escriba un ratito. Antes de nada, disculpad por no haber contestado a cada uno en particular como siempre hago; el tiempo no me lo permite. Y no el tiempo climatológico, ya me entendéis.
Os doy las gracias por ser tan buenos amigos y no tenérmelo en cuenta: ¡Gracias, gracias...!
De vez en cuando, paso una temporada así, con mucho trabajo, muy agotadora, porque mientras le pido al cuerpo adrenalina extra con la mano derecha, con la izquierda le exijo serenidad. Y son dos conceptos que se llevan a matar. Luego resulta que me caigo de sueño, pero no puedo dormir. Y lo que hago, cuando me queda un ratillo libre, es enfadarme por no poder desconectar.
A veces fantaseo con la idea de que soy otra Mary Shelley y me saco de la manga un Doctor Frankenstein capaz de crear un ser mucho más sofisticado que el que creó. Alguien con varias cabezas intercambiables. Digamos que cuando una cabeza estuviera muy agobiada, pudiera desenroscarla, guardarla en el armario y atornillarse otra de refresco; libre de tensiones y pensamientos negativos. Hasta se podría tener una cabeza para cada trabajo en concreto y así se estaría seguro de hacer en cada momento lo mejor para esa tarea específica, sin miedo a que interfirieran situaciones de otra. ¿Os podéis imaginar que adelanto? También se podría disponer de una cabeza para venir a postear, siempre llena de cosas agradables y originales que contar a los amigos, en vez de andar quejándose de sueño y del poco tiempo que queda libre. Sería imprescindible una cabeza para dormir. Y ya que estamos en ello, me gustaría otra para que mi gato la usara de almohada en vez de la que siempre llevo puesta, que me tiene frita ronroneándome en la oreja toda la noche.
Bueno, queda abierta la convocatoria para el proyecto de cabezas intercambiables. Si se os ocurre cualquier invento aceptable no dejéis de patentarlo; ni de mencionar de quién fue la idea, a ver si cae algún royalty por ahí y nos hacemos millonarios.

30 agosto 2007

¡Buenos días, buenos días...!

Esta madrugada me ha despertado el viento. Bueno, no exactamente. Me ha despertado el movimiento de las ramas y hojas de los árboles al ser movidas por el viento. Ya os he contado unas 1.800 veces, más o menos, que vivo en un segundo (y último) piso y que los árboles de la calle llegan hasta mis balcones y ventanas, cuando no los sobrepasan, como es el caso ahora mismo. Uno de ellos rebasa casi dos metros el balcón de este cuarto desde donde os escribo. Nunca me acuerdo de preguntar a los jardineros municipales de que especie son. Tienen multitud de pequeñas ramas flexibles que ondean como banderitas al menor soplo de aire y si aumenta el movimiento, el roce de unas con otras te hace creer que estás en medio del bosque cuando se prepara una tormenta.
Y aunque las tormentas no son mi debilidad precisamente, los prolegómenos me gustan. Cielos encapotados, rachas de aire fuerte, hojas que se desprenden y vuelan antes de llegar al suelo y ramas que se inclinan como para darte los buenos días en japonés: "Buenos días, buenos días, ¿qué tal has dolmido...? Nosotlas bien , glacias. Nos hemos acoldado mucho de ti y te tlaemos un poco de tiempo levuelto, SIN CALOL, pala que te lecupeles. Disculpa pol habelte despeltado a las 4 de la madlugada". Y yo: "¡Ah, no importa, no importa...! Prefiero despertar pronto que no poder dormir en absoluto. Es un placer encontraros tan contentas y refrescantes. ¡Muchas gracias..!" Y después de unas cuantas reverencias más, nos hemos separado. Tenía que prepararme para ir a trabajar, pero me hubiera gustado quedarme un rato más de conversación con ellas.
Esto me recuerda que ya casi es septiembre; ese mes que pone a la gente melancólica y atacada por el síndrome "se acabaron las vacaciones y llega el momento de apretarse el cinturón", tan conocido entre los que regresan de playitas y cruceros varios. A los que os sintáis así, "sindrómicos" perdidos, os recuerdo que, en cuanto pase octubre, ya os podéis poner a pensar en las vacaciones de Navidad y os animaréis mucho.
Y ahora, con vuestro permiso, voy a trabajar un poco más y a aprovechar el vientecillo. Ahora mismo, se cuela entre las rendijas de las persianas y casi juraría que me está llamando bajito: "Trenzaaasssss, Trenzaaaasssss, Treeeeennnnzasssssss...."

19 junio 2007

En vivo y en directo

Ya son tres los bloggers amigos que me han convocado a éste último (o penúltimo) meme que circula y en el que tienes que contar ocho cosas que definan un poco tu personalidad.
Creo que a lo largo y ancho de lo que escribimos y comentamos queda bastante clara nuestra forma de ser; qué nos preocupa, de qué nos reimos y cuales son nuestras preferencias vitales.
No obstante y para corresponder un poco a las confidencias que han dejado mis amigos en sus respectivos blogs, os contaré unas cuantas cosillas de las que nunca hablo aquí. O creo que no hablo, pero igual sí, y ni me he dado cuenta.
Veamos.
--No me gusta para nada hablar de moda. Para mí es un misterio lo que se llevó la temporada pasada o se llevará la próxima. Cuando tengo que comprarme ropa o zapatos, lo hago siempre obedeciendo a criterios de comodidad y funcionalidad y, si encuentro algo que cumpla esos requisitos, puedo comprar dos o tres pares de lo que sea (pantalones, zapatos, blusas...) exactamente iguales. Es un martirio tener que comprar algo especial para una boda o acontecimiento similar. Lo normal es que esa ropa especial acabe su vida olvidada en el armario, sin que me la ponga nunca más.
--No acostumbro a preguntar a las personas que conozco nada sobre su vida anterior al momento en que las conocí. Tampoco me gusta que me pregunten. Tiendo a suponer que, cuando nuestra mutua confianza se consolide, será el momento, no de preguntar, sino de contar libremente aquello que cada uno desee que el otro sepa.
--Soy una auténtica pelmaza en todo aquello que se refiere a mi trabajo. Repito una y otra vez las mismas cosas, todos los días y a todas horas. Siempre me asusta que algo se me escape, que no vea algún síntoma, que no me explique bien, o que no me entiendan.
--Odio el ruido de fondo con toda mi alma. Necesito silencio para leer, para escribir, para vivir.
--Me es imposible de todo punto ver la tele o escuchar música y no tener un trabajo entre manos. Suelo bordar, que es muy relajante.
--Me da mucha rabia no poder quedarme en la cama ni un minuto más que aquel en que me despierto. Al contrario que en la noche, cuando puedo pasar un buen rato leyendo antes de dormirme, por la mañana soy incapaz de quedarme acostada.
--Soy una obsesa del orden en mi casa. Aunque no siempre tengo tiempo para tenerlo todo como me gusta, cada cosa tiene su lugar establecido y ese lugar se conserva a lo largo de los años, aunque cambie los muebles o me cambie de casa. Libros, discos, películas, carpetas en el ordenador y todo aquello que lo admite, está colocado o guardado por orden alfabético de autor o título, según el caso. Quiero extender la mano y que allí mismo, en la punta de los dedos, esté lo que busco o necesito. Y para todo lo susceptible de ello, tengo una base de datos para consultar. Ya digo; una obsesa :)
--Nunca hago borradores de lo que escribo, ni aquí, ni en Trenzas y Rastas, ni en ninguno de mis otros espacios donde soy yo la que pone las palabras. O sale bien a la primera o adiós al posible escrito. Directo de la neurona a la pantalla. Sí que rectifico tildes, palabras repetidas y cosas así, pero nada más.
--No soy muy habladora, pero si el tema me gusta, puedo hablar hasta que me duela la lengua. Y si no sé nada de algo que me interese, y no sea personal, puedo preguntar hasta agotar la paciencia de cualquiera. En mi descargo decir que también sé escuchar muy atentamente y con toda la paciencia que se requiera.
--Lo peor que puedes hacerme es invitarme a salir cuando tengo un rato libre. No lo hagas, porque te diré que no. Mi casa es todo lo que necesito y el mejor lugar del mundo para mí. En todo momento. Y en su defecto, algún sitio perdido en cualquier montaña o campo lo más solitario posible.
Bueno, bueno..., creo que me he pasado y todo. No podréis decir los que me habéis convocado que no he cumplido.
Los demás, disculpadme por este alarde de personalismo. No lo haré más, lo prometo.
*
"Corazón, corazón" Versión de Chavela Vargas


12 abril 2007

La distancia, sabes, es como el viento.

"Apaga el fuego pequeño, pero enciende aquellos grandes"
Dicho de otra manera: os echo mucho de menos :(
Vuelvo pronto, espero. Mientras tanto, os doy permiso para que me añoréis :)

05 marzo 2007

Tribus y rituales


Ayer tuve comida familiar. De no muchos, porque cada día es más difícil reunir a las familias, pero suficientes para que salieran a relucir todas esas frases, bromas, muletillas y pequeños ritos que sólo tienen sentido para nosotros; que sólo a nosotros nos hacen reír o ponernos melancólicos. Cualquiera que nos oyera hablar, en momentos puntuales, pensaría que estamos mal de la cabeza o se le quedaría una cara de esas de "no entiendo nada" o de "¡que gente más rara!"
No es que seamos especialmente raros, es que somos una tribu, en esa acepción segunda del DRAE. " Grupo social primitivo de un mismo origen, real o supuesto, cuyos miembros suelen tener en común usos y costumbres"
Podemos suavizar un poco lo de primitivo si queréis, pero tampoco es que me importe ser considerada "primitiva", ni mucho menos. Ya he comentado otras veces que el sentido de pertenencia, es importante para mí. Nadie lo diría, sabiendo también lo mucho que me gusta vivir sola y cómo disfruto de cada minuto libre que obtengo.
Mucho antes de que el mundo fuera global (si es que lo es) estaban las tribus, los clanes o pueblos. Y cuando se dieron cuenta de que había más tribus en el mundo, intentaron diferenciarse de ellas. Así, no era igual la forma en que el apache colocaba las plumas en su cabeza que la forma en que lo hacían los soshones. Por poner un ejemplo muy visto en el cine :)
Y creo que estas cosas perduran siempre, aunque sea a otros niveles. Me llamó mucho la atención saber que en Escocia, esos tejidos de cuadros tan característicos llamados tartán, tenían unos colores y unas combinaciones especiales para cada clan. Si verde con una raya roja, eres del clan McDermott; si rojo con raya verde, del McFarlan. Y en las Islas de Arán, en Irlanda, las mujeres de los pescadores tejían sus jerseis con trenzados y combinaciones de puntos exclusivas para cada familia. Eran de lana blanca cruda, bastante visibles, y permitían saber de qué casa era cada quién. Imagino que todos los paises tienen ejemplos similares en su historia, antes de que la ropa se hiciera en China y las pizzas fueran la cena nuestra de cada día.
No sé si hemos ganado mucho con esto del "todos iguales" A mí me sigue gustando la idea de pertenencia a un clan chiquito, abierto a novedades que traigan una parte del suyo y así nos enriquecemos todos.
Y pregunto ¿Blogger, es un clan? ¿Somos una tribu los grupos de amigos que formamos en esta red? ¿O cuántos de los que nos visitamos tenemos esa sensación de "esta es mi tribu"?

"La Cumparsita" de G. Matos, interpretada por Aníbal Troilo.

24 septiembre 2006

Al comenzar el blog...

... hace casi dos años, escribí un post que titulé "Música que me contaban" en el que refería las primeras experiencias que recuerdo con la música clásica. Aquí lo amplío un poco.
Mi abuela mallorquina era una especie de Enciclopedia viviente. Y además, se abría justo por la palabra que necesitabas comprender, añadiendo todos los enlaces relacionados. Como la Wikipedia, solo que sin Internet.
"Pedro y el lobo" de Serguéi Prokófiev, fue el principio del encantamiento. Detrás estaban las estepas rusas, los correos del Zar, los húsares, los mujiks, los cosacos y los hermanos Karamazov. Y estaban las historias de amor y de guerra que discurrian bajo intensas nevadas y al amparo de bosques frondosos o en el desamparo de taigas desiertas. Una audición de media hora, podía convertirse en todas las horas libres de muchos días, soñando bajo los cielos de Rusia.
Luego, otro día, eran los Nocturnos de Chopin y era la enfermedad, la muerte prematura, el romanticismo de su amor por George Sand, que no era un hombre, sino una mujer llamada Amandine Aurore Lucie Dupin, pero que llevaba sombrero de copa y pantalones y que, mi abuela pensaba, que nunca amó mucho al buen Fréderic, aunque no la culpaba del todo porque había oído que el "buen chico" maltrataba a Amandine de vez en cuando. Y también era Polonia y los bisontes de Bialowezia, los únicos europeos. Y más tarde Varsovia y su ghetto.
Y así, de música en música, de cuento en cuento, de historia en historia, la vida y los paisajes de otros se cuelan bajo la piel y te estructuran.
En lo que se refiere a la música, me ha quedado un amor incondicional por la del norte de Europa y especialmente por eso que llamamos música descriptiva, donde te basta cerrar los ojos para ver como el río Moldava nace y crece imparable hasta encontrarse con el mar; para viajar con los gitanos húngaros hasta España; para extasiarse con los emigrantes al avistar un nuevo mundo, mientras su corazón canta la melancolía por lo que deja atrás.
Sé que he tenido mucha suerte; que "lo que soy y lo que tengo", lo poco que es, sería sólo "sombras de la China" (como dice Serrat en su magnífica canción) sin las personas que me enseñaron, desde muy pequeña, como ver un poco más allá. Y sin las que aún me enseñan, día a día.
No puedo pagar una deuda tan grande, pero puedo decir ¡gracias...!

24 marzo 2006

Adicciones

Lo primero que te preguntan cuando vas al médico es si eres alérgico y lo segundo si tienes alguna adicción. ¿Cocaína? ¿Marihuana? ¿Alcohol? ¿Tabaco? A lo último, no tengo más remedio que decir que sí, pero me gustaría poder decir que también soy jazzadicta o mejor aún, músicoadicta, pero eso nunca me lo preguntan y tampoco les interesa saber si soy lectoraadicta o cabraadicta. Imagino que esas cosas no les parecen peligrosas para la salud; y se equivocan.
Por ejemplo; esta tarde me he torcido un tobillo siguiendo el ritmo de una pieza de jazz. Y otras veces me he mareado bailando un vals, o ha faltado poco para que me atropellara un coche mientras iba leyendo por la calle.
Bien; lo que en verdad quería contaros, es que en esta ciudad mía, y vuestra, porque para eso es Patrimonio de la Humanidad, todos los años hay un festival de jazz. Dura unos 8 o 9 días y lo bonito es que las Jazz Band (o Jazzband) tocan durante todo el día en diferentes lugares de la ciudad, al aire libre y muchas veces al mismo nivel que los espectadores. O sea, que tienes al trombón de varas peligrosamente cerca de la nariz, si te paras a escuchar. Es estupendo que vayas a la compra o al trabajo y te llegue el ritmo electrizante de "St. Louis Blues" o de "Hello, Dolly" por citar solo dos de esas canciones primeras que nos acercan al Jazz.
No voy a ponerme a disertar sobre el Jazz y todos sus estilos porque no sé tanto, pero algo que sí sé es que me llega hondo; que lo siento en cada nervio y que no me costaría nada ponerme a bailar en medio de la calle, chasqueando los dedos y desfilando con un chaleco a rayas y un sombrero blanco.
Y es curioso porque el Jazz consigue de mí lo que ninguna otra música; que no necesito silencio para escucharla. No me importa, como ha pasado esta tarde, que los chiquillos corrieran y gritaran entre el grupo, numeroso, que se había formado ante los músicos; que las madres les llamaran al orden, que pasaran coches, que hubiera una camioneta descargando pescado con el motor en marcha, y todos los ruidos propios de una tarde de viernes ante la puerta del mercado central. Oía todo eso pero lo que "sentía" era solo "I can´t give you anything but love" Solo faltaba Ella Fitzgerald; pero eso ya era pedir demasiado.

17 marzo 2006

Rebelde

Ayer ya me acosté con ganas de proclamarme en rebeldía. Debe ser la crisis estacional o tal vez que estoy durmiendo fatal o que el blogger no me deja postear (aunque me pide muchas disculpas por los inconvenientes) o las tres cosas o alguna otra que no he detectado. Sea por lo que sea estoy harta y he decidido introducir algunos cambios en mi vida.
Lo llevo pensando unos cuantos días; muy intensamente. Tanto, que he consumido ya un par de cajas de Aspirina efervescente por culpa de eso.
Primero pensé en cambiar unos cuantos muebles de sitio; no pude porque la casa no admite otra distribución a menos que los tire y compre todo nuevo; descartado por flojera económica. Luego me dije que tal vez fuera mejor cambiar de trabajo; descartado porque después de hacer unas cuantas combinatorias entre las cosas a que podría dedicarme, resultó que el que tengo es el que más me gusta. Otra posibilidad era cambiar de ciudad; pensé en lo que me costaría embalar todos los libros para el traslado y me dió un ataque de pánico tal, que tuve que tomarme un calmante.
Después de darle muchas vueltas al tema, creí que no podría introducir ningún cambio en mi vida, pero estaba equivocada. Siempre se puede cambiar una vida y hacerla más interesante.
Esta mañana, en lugar de ducharme, me he bañado, he tomado té y no café, me he puesto las deportivas antes que los pantalones, y en lugar de poner la comida a los gatos antes que al canario, lo he hecho al revés; primero el canario y luego los gatos. Y no he vaciado la papelera hasta después de comer.
Debo decir que ha sido toda una experiencia; sobre todo eso de ponerse los pantalones después de las deportivas, porque he tardado un buen cuarto de hora en lograr pasarlas por las perneras del pantalón; este cambio tal vez lo suprima porque casi llego tarde al trabajo.
Ahora pasaré un par de semanas teniendo que pensar cada mañana qué cosas he cambiado y en que orden tengo que hacerlas con lo que se añadirá mucho interés a mi vida.
Y cuando lo tenga asumido, empezaré a pensar en las cosas que podría cambiar por la tarde.

01 febrero 2006

Soltar presión

Al hilo del post anterior y de los muchos otros que he leído contestando a la mini encuesta acerca de cosas más o menos raras que hacemos las personas, me gustaría decir que no he visto nada verdaderamente raro; lo que no debe darnos pie a pensar que somos perfectamente normales.
Y yo creo que es bueno que estemos un poco majaretas. Estoy segura de que todos soportamos mucha presión; en el trabajo, en la familia, en la ciudad o en el pueblo.
Vivir con la rapidez que requiere la vida que llevamos, con tanta exigencia y competencia tiene que crearnos tensión y sería mucho más difícil de soportar si no fuéramos capaces de asumir ese punto de locura o extravagancia que nos permite abrir la válvula de escape.
Y también creo que hacemos alguna de esas cosas por rebeldía; por el deseo de no estar metidos en el mismo saco que otras personas que no nos gustan o simplemente para negar el encasillamiento a que intenta someternos el diario existir.
Y otras cosas serán costumbres inculcadas desde la infancia, cosas familiares que no queremos dejar atrás porque nos ligan a nuestras raíces; o cosas que imitamos de personas a quienes hemos amado mucho o que admiramos profundamente. También puede ser al contrario; que hayamos deseado demostrar que somos capaces de hacer algo que otros que nos menospreciaban no han logrado.
Nuestra mente siempre tiene alguna razón para incitarnos a hacer lo que hacemos; y eso aunque no lo sepamos conscientemente.
Cuando ponemos en marcha ese mecanismo de autodefensa, estamos diciendo bajito, pero con firmeza: "éste (o ésta) soy yo y solo yo, y no hay nadie más que haga exactamente lo mismo"
Y nos ayuda muchísimo a mantenernos en paz con nosotros mismos y con el mundo en general, porque también nos permite aceptar la diferencia en las personas con quienes recorremos nuestro camino.
Bien; no sé si a todos, pero a mí sí que me ayuda.

24 enero 2006

¡Qué decepción..!

La verdad; esperaba de vosotros un mayor interés por mi vida amorosa y solo os habéis preocupado por solicitar mi colaboración para ordenar vuestros cachivaches.
Se nota que no me tomáis en serio y que os da igual si sufrí por un amor no correspondido. Ni uno de vosotros me ha preguntado como fue mi pasión por Fernando. ¡Y eso que la nombraba en primer lugar..!
Pero no os vais a librar de que la cuente, porque es algo que marcó mi vida de forma indeleble. Id a por la caja de pañuelos de papel, porque vais a llorar.
*
Fernando era el niño más guapo que había conocido nunca. Era como un palmo más alto que yo y me llevaba tres años. Vivía un par de casas más allá de la mía y como nuestras horas de colegio eran las mismas, yo bajaba diez minutos antes para verle pasar con aquel paso marcial y elegante, herencia de su padre que era comandante de aviación. Eso, que su padre fuera de aviación, me tenía acobardada porque pensaba que nunca iba a permitir que su hijo se fijara en alguien cuyo padre era policía.
Y no sólo su padre, su madre también me aterrorizaba. Era más marcial que su marido y se notaba a la legua que me miraba por encima del hombro. Total, que yo sufría una enormidad, agravada por el hecho de que Fernando nunca me había dicho ni hola; ni siquiera volvía la cabeza para ver como se me caían los ojos de tanto mirarle.
Por fin, un día en el Parque del Oeste, llegó la oportunidad que había estado esperando. Nos encontramos a solo un metro uno del otro. Y entonces me decidí, aunque las piernas me temblaban y me asaltó un tartamudeo brutal.
-Ho ho hola. Me llamo Trenzas y vivo cerca de tu casa.
Y él, marcando distancias:
-Bueno ¿y a mí qué? (Ahí ya se veía que era un chico con mucha personalidad)
-Pues nada, que la tata dice que si quieres una naranja. (Trenzas echándole la culpa a la niñera, por si las represalias)
Fernando se alejó unos pasos para verme en perspectiva, supongo, hizo unos cuantos molinetes con un sable de plástico que había sacado de su funda y la emprendió a sablazos con el césped. Me alegré de haberle dicho que era cosa de la niñera. Yo, naturalmente, me quedé allí como una idiota mirándole, hasta que se cansó del juego y dijo:
-Bueno.
Corrí al cesto de la tata a por la naranja, atropellando a mis dos hermanos, y me llevé la fruta, que le entregué sin demora. El cogió la naranja, le dió un par de vueltas en las manos y la estampó contra el respaldo del banco más cercano, donde quedó espachurrada.
Se me llenaron los ojos de lágrimas y la nariz de mocos y me fui corriendo a llorar a la falda de la niñera, que naturalmente, no se había enterado de nada. Creyó que me había caído y empezó a mirarme las rodillas y los codos a ver si tenía alguna herida. Pero no era allí donde me habían lastimado.
¿Habéis pensado que después de eso se me paso el enamoramiento? Pues no. Seguí enamorada de él hasta bien cumplidos los seis años. Se me fue pasando cuando se cambió de piso y hasta de barrio y ya no podía verle.
Comprenderéis que me costara mucho volver a enamorarme. Creo que ya tenía bien cumplidos los siete cuando sucedió la segunda vez, pero no tengo memoria de los detalles.
Es que nada se recuerda tanto como el primer amor :)
*
"Lo Juro" Al habla, Dyango. 3.60 megas