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16 octubre 2006

Hojas amarillas y todo eso

Estamos entrando a galope tendido en la estación de la calma. O eso debería ser. Ya nos hemos vuelto a acostumbrar a las rutinas del trabajo, de los estudios, de las tardes en casa viendo llover o escuchando al viento aullar como un condenado entre las ramas de los árboles, mientras sacamos de los armarios la ropa de invierno y los edredones.
A mí me gusta el otoño. Aún no hemos cambiado el horario, así que cuando me levanto es noche cerrada, la calle es puro silencio y hay algo misterioso en la forma en que va levantando el día, despacito, entre la niebla que llega desde el mar.
En los bloques de enfrente las ventanas se van iluminando como con pereza y cuando se apagan las farolas, a las 7 en punto, parece que aumenta el silencio.
Y te dan ganas de volverte a la cama y seguir leyendo el libro que ayer noche quedó en lo más interesante porque se cerraban los ojos de cansancio. No se puede. El trabajo está esperando y hay que salir. Esta mañana llovía bastante; tanto como para ponerse las botas de agua y comprobar si son tan impermeables como decía el vendedor, metiéndose en todos los charcos.
Me lo he pasado genial chapoteando. Espero que no me haya visto ningún vecino o voy a perder la fama de persona seria. La poca que me queda.
Todo eso y leer. Leer mucho, sin distracciones de familiares aterrizando de improviso, sin interrupciones por fiestas de barrios, fuegos artificiales y cánticos de madrugada, cuando la juventud, en vacaciones, pasa por esta calle camino de las playas para acabar allí la fiesta.
Y encontrar lo nuevo en lo visto mil veces. Esa otra cara que tienen las cosas cuando hace tiempo que las miras sin verlas realmente.
Las tardes que estoy en casa, como hoy, en silencio, sin nada urgente que me reclame, sin que nada importante haya quedado por hacer, me reconcilio conmigo misma y, algunas veces, hasta me perdono los errores cometidos.
No sé cuanto durará, pero ahora mismo, estoy en paz.
*

11 octubre 2006

Y hablando de nubes...

Las nubes dan mucho juego. Hay nubes románticas, nubes despistadas, nubes amenazadoras, nubes de azúcar, nubes que parecen corderitos lanudos y nubes de mentira como las que dejan los aviones al romper el cielo.
También podemos estar en las nubes, ponernos por las nubes, subir los precios hasta las nubes, elevar a alguien hasta las nubes, andar entre nubes todo el santo día y caernos de las nubes.
Y hay más; nubes de pájaros, de insectos, de gente, de polvo o de humo.
Si trabajas con piedras preciosas, encontrarás alguna que otra nube que oscurecerá su brillo; puede que el oculista nos diga que tenemos una nube en el ojo y si tuviéramos unos ochenta años, seguramente tendríamos un chal tejido con agujas para envolvernos la cabeza al salir del teatro, al que llamaríamos nube.
Algunas nubes dan mucho miedo; nubes radioctivas, nubes químicas, nubes electrónicas, nubes ardientes, nubes artificiales...
Y están las de verdad; cirros, cirrocúmulos, cirrostratos, altocúmulos, altostratos, nimbostratos, estratocúmulos, estratos, cúmulos y cumulonimbos. Añadid las que me haya dejado y me ayudáis a refrescar la memoria :)
Pero había una nube especial en la que yo confiaba; era una nubecita azul suspendida solo unos pocos metros sobre mi cabeza. En esa nubecita podía apoyar una escalera e imaginar que iba subiendo peldaños, despacito, sin perderla de vista, sin mirar abajo nunca y pensando en lo agradable que iba a ser llegar y dejarse caer entre sus almohadillados vellones. La idea era que antes de lograr llegar a la nube, ya te habías dormido porque eso es un ejercicio de relajación para cuando cuesta conciliar el sueño.
Esta noche he perdido la confianza en las nubes que se dejan alcanzar por una escalera. Tenía que haber sabido que no se debe creer a nadie que te ofrezca un paraíso en las nubes.
Me apuesto cualquier cosa a que voy a pasar un día de nubarrones iracundos y muertos de sueño.

16 agosto 2006

Cogito ergo sum

Lo traduciré, con permiso de Descartes, por este otro enunciado: "llueve, luego soy"
Sí, amigos. Llueve con intensidad variable desde hace tres días y esta circunstancia despierta en mí el sentido filosófico de la vida.
Después de esta refrescante media semana, estoy convencida de que la existencia en la tierra, para los seres vivos, es mucho más que nacer, crecer, multiplicarse (o no) y morir. También está "llover". Lo que pasa es que no estoy segura de donde colocar la circunstancia. No sé si queda mejor entre nacer y crecer o entre multiplicarse (o no) y morir.
Otra fórmula, la más popular del famoso pensamiento, es "pienso, luego existo" pero esta variante no la he considerado porque sin lluvia refrescante, yo no puedo pensar. Y como según eso, si no pienso no existo, debo estar muerta cuando no llueve. Lo que no puede ser cierto porque me siguen pagando el sueldo, horas extras incluidas y mi jefe no es tan generoso como para pagarle a alguien que no acude al trabajo.
***
Y tres días después...
***
Ya no llueve y Descartes ha desaparecido de mi mente. Ya no "ergo sum" y mucho menos "cogito" He vuelto al limbo al mismo tiempo que ha vuelto el calor. No obstante, metida en esto del "no ser" y el "no pensar" que es cuando me da por ponerme a revolver cajones virtuales he encontrado este tango que, supongo, ya suena en vuestro ordenador y que se titula "Trenzas"
Esto de no pensar ni ser, es lo que tiene; que le da a una por el autobombo y la autoadulación.
Otrosí: prometo contestar a vuestros comentarios del post anterior en cuanto vuelva del trabajo esta noche.
*

28 septiembre 2005

Una vez más

Esto podríamos decirlo de todos los meses, de todos los días y de todos los espacios de tiempo, pero cuando septiembre acaba, siempre tengo la sensación de que empiezo de nuevo. Mucho más que con la primavera.
En este tiempo hay sosiego en las calles. Ya se han acabado los días de preparativos para las clases, las fiestas locales, las noches de acostarse tarde porque estamos de vacaciones y las visitas de familiares o amigos que se pasan por casa de visita o para breves estancias, dejando a su paso un revoltijo de muebles, viejas fotografías y recuerdos más o menos gratos.
Ha sido agradable encender la estufa esta mañana. No es que hiciera falta; es que la echaba de menos. La he tenido que apagar al momento, pero me ha puesto en situación; dentro de nada, el otoño más fresco; el de las calabazas, las castañas, los dulces caseros, las mermeladas y las mantitas para los gatos. No sé si tendré que hacer una manta para el canario. Este va a ser el primer invierno que tenga un pájaro y no tengo experiencia.
En fin, eso; que en nada vuelvo a clase y va a ser emocionante sentarse en una mesa para empezar algo nuevo. Claro que era más divertido cuando las trenzas eran de verdad y estaba loca de ganas por contar a las amigas de curso como habían sido los meses de verano y comprobar si el novio del curso pasado me seguiría sirviendo para éste. Igual se había quedado un poco enano o le habían puesto gafas o le había salido acné, en cuyo caso el enamoramiento bajaría muchos enteros.
Nada es lo que era entonces. O al revés; todo sigue igual visto desde otra perspectiva.
Creo que para dilucidar el problema voy a necesitar a la cabra.

08 septiembre 2005

Llegaron las lluvias

O nos morimos de sed o nos ahogamos: No hay término medio. Hace dos días que no para de llover, tronar, relampaguear..
Como de todos es sabido que el tiempo está loco, no insistiré más sobre el tema. Los ingleses lo hacen mejor que yo, porque tienen una práctica inmemorial. Si hay algún inglés entre vosotros, por favor, hacednos una demostración.
Y otra cosa terrible que tiene el tiempo, es que se va volando. Ni me había dado cuenta de que llevaba 5 días enteros sin postear aquí. Ya me notaba rara; así.., no sé.., como si me faltara algo. Y debía ser esto, porque ahora, que he tenido que levantarme de la cama, porque no hay quien duerma con tanto trueno y me he puesto a escribir, pues mira, como que me encuentro mejorcita.
Tenéis que avisarme, que a una ya le empiezan a flojear las neuronas y se le va olvidando el porqué de las cosas. Me ahorraréis un montón de horas preguntándome ¿que me falta que me encuentro tan "entontecía"? Un toquecito de vuestra parte, me acuerdo de que tengo que postear y ya está. Mejoro sensiblemente.
Y ahora que ya he soltado la cabra a que se alimente un poco, me doy cuenta de que lo que quiero de verdad, es hablar del maldito tiempo; de que he llegado a casa con los pantalones chorreando hasta las rodillas, los pies dentro de dos piscinas deportivas y el móvil nadando dentro del bolso. Y ojalá me de una gripe que me obligue a quedarme en casa hasta que aprenda que cuando está lloviendo a mares, una no puede ir de chula por la vida y tiene que ponerse las botas de agua, el impermeable y coger el odioso paraguas, Sí; ese que se me olvida en todas partes y tengo que volver a buscar.
Claro que no sé de que me quejo; si miro a otras partes del mundo, esto es la gloria y ya no hace calor y la vida es bella aunque no se pueda dormir.

28 agosto 2005

Último domingo de agosto

Empiezan a amarillear las hojas de los árboles. Disimulando; como quien no quiere la cosa. Primero se caen las que están mas dentro, las que tienen menos luz. Ya es posible ver muchas en la acera, así que tenemos el otoño a poca distancia. Un día de estos, un ventarrón se llevará por delante algunas ramas pequeñas y antes de darnos cuenta, las que queden, se agitarán vacías de follaje.
Algún día tengo que preguntar de que especie son estos árboles. Cuando pasa la brigada municipal a podarlos, siempre es a últimos de febrero o primeros de marzo; son inmisericordes y cortan hasta que casi solo queda el tronco; altura por debajo del primer piso; no sé como hacen para crecer tanto porque, ahora mismo, el árbol que está justo debajo de mi balcón, ya lo sobrepasa en casi tres metros y yo vivo en un segundo. ¡Ha crecido dos pisos en seis meses..!
Y algunos buenos años de lluvia, incluso crece más y las ramas, delgadas, entran a través del enrejado del balcón, cosa que me hace muy feliz. Y a mis gatos, que se entretienen dándoles zarpazos a las hojas :)
Total; último domingo de agosto. Tosiendo a ratos, con dolor de cabeza, buscando un poco de aire entre la humedad del ambiente, comentando con vosotros lo poco o lo mucho que se me ocurre.., viviendo, que no es poco; tranquila, que es muchísimo y dejando pasar el día porque no puedo evitarlo.
¿Y vosotros, que andáis haciendo..?

29 julio 2005

Menú de Trenzas

Horneadas, en salsa, con guarnición, al vapor o a la parrilla. Así me siento; a punto para servir porque cocinada ya debo estar, si atiendo a la temperatura que estamos soportando y que, literalmente, nos cuece en el agua que contiene el aire.
Cuando me reencarne, quiero ser oso polar. O hawaiana, que pueden andar en falditas de paja y collares de flores todo el santo día. Y no pillan una faringitis detrás de otra por culpa del aire acondicionado.
¿Se nota que estoy harta de tanto calor? ¡Como entiendo ahora a los ingleses y esa costumbre nacional tan arraigada de hablar del tiempo en toda ocasión!
Bueno; a ver que más se me ocurre. Hummm.., esto..., pues..., en fin, yo...,
Nada; los sesos licuados, las neuronas desaparecidas, las ideas aplastadas, la tensión arterial por los suelos. Conclusión; estoy muerta.
A pesar de ello os voy a dejar una música preciosa, compuesta por mi amigo Víctor Carbajo, que es una maravilla de músico. Es un tango, pero un tango sinfónico, que interpreta él mismo al piano. Si os gusta, podéis visitar su web aquí. Siempre tiene algún mp3 a disposición y también midis para que os podáis descargar. No necesita para nada estas palabras porque ya es un músico reconocido en el mundo mundial a pesar de su juventud, pero me encanta poder decirlas y agradecerle su gentileza por permitirme usar su trabajo en mis webs.
Ya me contaréis.

01 julio 2005

Estragos del verano

1 de Julio.
De pronto, la gente empieza a desaparecer tragada por el verano. Vacaciones, largas horas de "tumbing o panching" en el sofá del salón frente al aire acondicionado, días enteros de piscina con los peques, noches sin dormir por culpa del calor y también las rebajas.
"Estamos en rebajas" es una frase mágica; tanto o más que "ábrete, sésamo" o "cura sana, cura sana, si no te curas hoy te curarás mañana".
Las rebajas nos van a costar la paga extra y algo más pero podemos paliar los efectos negativos que tienen para nuestro bolsillo por el procedimiento de veranear en alguna gran superficie. Es relativamente fácil y cómodo. Por la mañana después de desayunar y con atuendo playero, excepto las gorras que no nos harán falta, cogemos la tarjeta de crédito, al marido, a los niños y nos acercamos al centro comercial que nos parezca más adecuado. Como el parking es gratis y está bastante bien vigilado podemos llevarnos el coche.
Una vez en el centro, cogemos un carrito o dos y a disfrutar del aire acondicionado y de las inmejorables oportunidades de diversión que nos ofrece la cantidad de cosas y gente que tenemos al alcance de la vista y de la mano. El tiempo se pasará como en un sueño. Podemos disfrutar de la naturaleza en la sección de plantas y mascotas, de un agradable descanso en las tumbonas y sillas expuestas, podemos soltar a los niños en la sección de juguetes, podemos leer algún libro o escuchar la música que nos apetezca todo el tiempo que queramos y ver la televisión, que ahí si que encuentro un fallo; todas las que están encendidas dan el mismo programa.
Cuando tengamos hambre, podemos dejar el carrito cerca de la caja central y salir a la cafetería o al Burguer, sin necesidad de poner un pie en la calle. Luego volvemos a entrar y si los niños se ponen pesados porque tienen sueño, se meten en los carritos y se les deja dormir la siesta, mientras los mayores disfrutan de un poco de paz. El papá se va a ver los precios de los neumáticos y de las baterías para el coche y la mamá se prueba cientos y cientos de blusas, camisetas y pantalones pirata.
Y cuando ya se comprenda que la temperatura exterior habrá bajado un tanto, se compran cuatro cosillas y se va uno a casa. Mañana será otro día y si dosificamos el dinero de la paga, podremos disfrutar de vacaciones como éstas hasta septiembre; por lo menos.