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25 noviembre 2006

Emergiendo, pero poco

¿Sabéis eso que dicen que cuando vas a morirte toda tu vida pasa ante tus ojos? Bueno, pues es verdad.
Estos días, entre fiebres, toses y tisanas, he podido comprobarlo. Vi, perfectamente, aquel día en que me pinché con un clavo en unas caballerizas y me pusieron la vacuna antitetánica; me hizo una reacción malísima y pasé diez días, diez, a base de acelgas sin sal. Y vi el febrón que me dio por la noche del día de mi primera comunión, que yo creí que era porque estaba en pecado mortal (fui a beber agua antes de comulgar) pero resultaron ser unas anginas de campeonato.
Y recordé, con dolores y todo, aquella vez que se me cortó la digestión y estábamos en un camping a treinta kilómetros del médico más cercano que, encima, no estaba cuando llegamos y hubo que hacer otros nosecuantos kilómetros. Y otras cosas igual de malas que no os cuento porque no quiero fastidiaros el día.
También he visto algunas cosas buenas; como cuando fui a recoger mis primeros Reyes. Fue en un pueblo y allí organizaban una entrega multitudinaria en el Casino. Los Reyes Magos se subían a un estrado preparado a tal efecto y SS.MM. iban nombrando a los niños para quienes habían traído alguna cosilla. Y mi nombre no salía nunca y cuando ya estaba segura que se habían olvidado de mí, oigo ¡¡Trenzas...!! y creí que no llegaba hasta el escenario porque las piernas me temblaban tanto que no me sujetaban. Mi padre tuvo que ayudarme a recoger los regalos. Y me fui sin dar las gracias ni saludar ¡Qué vergüenza...!
Y el día de mi boda, que hacía tanto frío en la iglesia, que al bajar del altar y mientras ibamos de camino a la puerta entre besos y saludos ( yo tiritando) una de mis cuñadas me trajo un café con leche y allí mismo, en medio de todo el jaleo, me lo bebí; con absoluta falta de etiqueta, pero sin el menor remordimiento. Y cuando nació mi hermano pequeño, del que me separan quince años. Había estado acompañando a mi madre hasta el último momento antes de que me echaran y me quedé pegada a la puerta de la habitación de la clínica mientras daba a luz. No oía nada y me comía las uñas de impaciencia y de miedo; de repente, un llanto; un llanto de niño. Y tal como estaba, con la espalda apoyada en la pared, me dejé deslizar hasta el suelo y me puse a llorar a mares; de alegría y de alivio.
No sabía que se podían recordar tantas cosas por una gripe de nada. ¡Imaginaos si me da una pulmonía..! Porque os cuento solo una parte. Algunas cosas me las reservo porque no debo contarlas y otras porque no me parece justo machacar a los amigos.
¿Qué cómo me encuentro? ¡Mucho mejor, gracias...! Todavía me duelen hasta las pestañas y la cabra tiene que seguir pasándome los pañuelos, pero en un par de días más, espero estar dando guerra.
Dentro de un rato, voy a vuestras casas a ver que contáis, pero eso después de contestar a los comentarios del post anterior.
Os dejo una canción de esas que vienen bien siempre pero muy especialmente si uno está nostálgico, hay niebla espesa o ha estado viendo pasar toda su vida ante los ojos.
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"Noches de Moscú" Una canción tradicional rusa. La traducción literal es "Atardeceres de Moscú" pero ¿a quién le importa la literalidad con estas voces? Orquesta y Coros del Ejército Ruso " 2.51 megas. Formato .wma
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23 noviembre 2006

A prudencial distancia

Lamento deciros que tengo la gripe. Sí, la gripe. Eso que te pone la cabeza como un bombo, los huesos blandos y dolorosos y que consigue que te zumben los oidos y que te lloren los ojos como si hubieras estado cortando cebollas un mes entero.
Este año, a pesar de estar incluida en el grupo de riesgo, no me he vacunado. Los más nuevos de entre vosotros tendréis que leer el vínculo que os he puesto ahí arriba, para saber porqué.
No es que sea importante, pero así me ahorro teclear de nuevo la aventura "vacunera" del año pasado.
He pasado el día en una nube somnolienta, zascandileando del sofá a la butaca, de la butaca a la cama y de la cama al sofá, recogiendo aspirinas por el camino e infusiones calentitas (cosa que odio; las infusiones me gustan frías)
Y ahora resulta que me he despertado y no me puedo volver a dormir. ¡No sabéis como envidio a la Bella Durmiente en estos momentos..! Y no por ser bella, sino por lo otro.
Menos mal que la cabra se ha levantado a hacerme compañía y se ha tomado la molestia de hacerme un buen café con leche, que es lo que me gusta. ¡Que buena chica es Ágata..!
No sé como me las arreglaría sin ella en estos momentos de estornudos y carraspeos. Siempre está ahí alargándome la caja de pañuelos y limpiando el monitor.
¡Que diferente de los gatos y el canario que duermen como ceporros sin ni siquiera una palabra de comprensión en estos momentos tan duros!
En fin, amigos; cuidaos mucho y leed el post desde tan lejos como podáis, por si los virus, que ya sabéis lo propensos que son los ordenadores a coger infecciones.
Y me voy al sofá otro rato, que ya habrá descansado un poco.
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Estáis escuchando (o no) "Ebb Tide" en versión de The Righteous Brothers.
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30 octubre 2005

Parte médico

¿Cómo están ustedes..? Yo algo mejorada pero sigo como con el piano a cuestas; cansada. No puedo permanecer en la ociosidad eternamente y será mejor que retome el hilo del blog, a ver si me hace el mismo efecto que un frasco de vitaminas.
Comprenderéis que en estos días de reposo no me haya sucedido ninguna cosa extraordinaria. Mal podría, que no he hecho otra cosa que ir del sofá grande al sofá pequeño y cambiar los canales del televisor; por cierto, que no he visto nada interesante, aparte de ver ganar a Rafa Nadal el torneo de tenis de Madrid.
Y como no me ha pasado nada y no tengo nada que contar que valga la pena acerca de mí o de la cabra, os dejaré una leyenda que me contó el otro día un amigo senegalés.
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Ngai, creador del mundo y de todo lo que en él habita, estaba particularmente feliz por haber tenido la idea de llenar los ríos y lagos de bonitos peces. Le gustaba verlos deslizarse bajo las aguas y el brillo de sus escamas de colores cuando nadaban cerca de la superficie. Pasaba horas mirándolos y creía que todo estaba bien en su mundo cuando los peces le presentaron una queja; los hipopótamos eran muy desconsiderados con ellos y en cuanto tenían ocasión, se los comían. Las mamás peces perdían muchos alevines por culpa de esos enormes animales, los fondos del agua siempre estaban sucios y removidos, y le pedían que hiciera algo al respecto. Ngai se enfadó mucho con los hipopótamos y de inmediato les prohibió vivir dentro del agua; que ni se acercaran a sus amados pececillos. Los hipopótamos acataron la orden, pero al cabo de poco también ellos se quejaron: "No podemos vivir siempre fuera del agua. Tú nos has hecho grandes y torpes en terreno seco; nuestro propio peso nos aplasta si el agua no nos sostiene y además, nos morimos de hambre" Ngai comprendió que la queja también era justa. Él había creado a esos animales como eran y ahora estaban sufriendo. Tenía que buscar alguna solución. Reunió a peces e hipopótamos y les propuso un arreglo; los hipopótamos serían vegetarianos de ahora en adelante y los peces aprenderían a sacar partido alimenticio de los fondos removidos.
"¿Cómo vamos a pasarnos la vida sin probar el delicioso pescado?" decían unos; "¿Cómo vamos a ver la comida entre los desechos?", decían los otros y no paraban de discutir hasta que Ngai se cansó de oirlos y mandó a ambas especies de vuelta al agua. Los hipopótamos se quejaban de que las hierbas les molestaban entre los dientes y los peces de que no encontraban bastante comida. Y entonces Ngai ordenó que los hipopótamos mantuvieran abierta la boca y que los peces entraran en ella para comer los restos de vegetación que allí quedaran. Y fue una buena solución mientras los unos se iban acostumbrando a ser vegetarianos y los otros aprendían a aguzar la vista para encontrar su comida de siempre.
Aún puede verse entrar en la boca de los hipopótamos a los pequeños peces para comer entre sus dientes y si atendemos un poco más, quizás también veamos a Ngai vigilando para que esas bocas no se cierren hasta que todos los peces hayan salido de ellas.

22 octubre 2005

Niii nooo, niii nooo..

¡Ah, que día tan emocionante..! Ir en una ambulancia a toda velocidad (10 km/h) con los brazos acribillados de agujas, saltando en la camilla a cada bache y con la sirena sonando como una endemoniada, es una experiencia que no me habría perdido por nada.
La verdad, hubiera preferido ir de acompañante en vez de ser yo la que se caía de la camilla en las curvas, pero no se puede tener todo, así que me conformé con que me fuera sujetando un camillero gordo y simpático que me preguntaba a cada rato si tenía ganas de vomitar. No me extraña que pensara eso porque con tanto salto de bordillos y baches se me revolvía el estómago.
Bueno, eso fue el jueves a mediodía y suponemos que tuvo la culpa la vacuna de la gripe que me sentó fatal, o quien sabe qué.
Fue menos emocionante tener que esperar en los pasillos de Urgencias unas dos horas, y eso a pesar de que me mandaba el médico de cabecera con un pronóstico alarmante, y luego esperar otra horita larga a que apareciera un médico a preguntarme como me llamaba y otra horita más hasta que vino una enfermera a hacerme unas pruebas y luego hasta que apareció el especialista y luego..., etcétera, etcétera.
Total, que no tengo nada digno de mención, pero que estoy como si me hubiera pasado por encima una apisonadora de esas que aparecen en medio del desierto para planchar al pobre coyote que persigue al correcaminos.
La otra buena noticia, es que cuando volví de Urgencias, también había vuelto el ordenador de su revisión. Ahora le han cambiado el disco duro, con lo que OTRA VEZ, parto desde cero; sin direcciones, sin nada instalado, sin favoritos...
En cierta manera resulta reconfortante que a mí no hayan tenido que cambiarme el disco duro. ¿Os imagináis tener que volver a inventarse la cabra? ¡Uffff..., no quiero ni pensarlo!
No daremos más partes médicos hasta mañana o pasado, a menos que haya que ingresar a la cabra con un ataque de histeria por haberse perdido lo de la ambulancia y la sirena. Que parece que no, pero es muy envidiosa.

11 julio 2005

Achtung, virus..!

No, no es un estornudo a lo grande. Yo no sé ni torta de alemán, pero de vez en cuando veo películas de la II Guerra Mundial y siempre dicen eso cuando se quiere que se preste mucha atención y los soldados se pongan firmes. Pues eso, poneos firmes y estad atentos a los virus del verano, sobre todo a los que dan mucho dolor de estómago. Achtung con el agua, las bebidas heladas, las paellas muy calientes y las manos de los que hacen los bocadillos a pie de chiringuito o similares. Es que yo acabo de pasar por eso del dolor de estómago y se pone una fatal de malísima. Lo único que tienen de bueno esos virus es que no se contagian vía informática, así que podéis seguir leyendo tranquilos.
Hay otros dolorosos inconvenientes de verano; los precios, que suben hasta los pararrayos, el calor sofocante, la invasión, a veces no pacífica, de turistas, la cantidad de gente que circula por las calles a las horas que voy a trabajar, las piernas que te duelen, los zapatos que aprietan...
En fin, que puestos a desear imposibles, me gustaría un verano de tres semanas como mucho. Y eso para que no se me olvidara que se siente cuando hace calor.
Seguramente, en invierno dije algo parecido respecto al frío, pero así es la naturaleza humana; consiste en no estar conforme con nada que no podamos controlar con nuestra voluntad. Si se pudiera apagar el calor, el frío, o las tormentas como apagamos la luz del recibidor.., ¡uyssss.., que idea más genial...!
Ahora mismo me voy a hablar con la compañía de la luz y con el/la ministro del ramo, a ver que se puede hacer al respecto.
Ya os contaré.