¿Sabéis eso que dicen que cuando vas a morirte toda tu vida pasa ante tus ojos? Bueno, pues es verdad.
Estos días, entre fiebres, toses y tisanas, he podido comprobarlo. Vi, perfectamente, aquel día en que me pinché con un clavo en unas caballerizas y me pusieron la vacuna antitetánica; me hizo una reacción malísima y pasé diez días, diez, a base de acelgas sin sal. Y vi el febrón que me dio por la noche del día de mi primera comunión, que yo creí que era porque estaba en pecado mortal (fui a beber agua antes de comulgar) pero resultaron ser unas anginas de campeonato.
Y recordé, con dolores y todo, aquella vez que se me cortó la digestión y estábamos en un camping a treinta kilómetros del médico más cercano que, encima, no estaba cuando llegamos y hubo que hacer otros nosecuantos kilómetros. Y otras cosas igual de malas que no os cuento porque no quiero fastidiaros el día.
También he visto algunas cosas buenas; como cuando fui a recoger mis primeros Reyes. Fue en un pueblo y allí organizaban una entrega multitudinaria en el Casino. Los Reyes Magos se subían a un estrado preparado a tal efecto y SS.MM. iban nombrando a los niños para quienes habían traído alguna cosilla. Y mi nombre no salía nunca y cuando ya estaba segura que se habían olvidado de mí, oigo ¡¡Trenzas...!! y creí que no llegaba hasta el escenario porque las piernas me temblaban tanto que no me sujetaban. Mi padre tuvo que ayudarme a recoger los regalos. Y me fui sin dar las gracias ni saludar ¡Qué vergüenza...!
Y el día de mi boda, que hacía tanto frío en la iglesia, que al bajar del altar y mientras ibamos de camino a la puerta entre besos y saludos ( yo tiritando) una de mis cuñadas me trajo un café con leche y allí mismo, en medio de todo el jaleo, me lo bebí; con absoluta falta de etiqueta, pero sin el menor remordimiento. Y cuando nació mi hermano pequeño, del que me separan quince años. Había estado acompañando a mi madre hasta el último momento antes de que me echaran y me quedé pegada a la puerta de la habitación de la clínica mientras daba a luz. No oía nada y me comía las uñas de impaciencia y de miedo; de repente, un llanto; un llanto de niño. Y tal como estaba, con la espalda apoyada en la pared, me dejé deslizar hasta el suelo y me puse a llorar a mares; de alegría y de alivio.
No sabía que se podían recordar tantas cosas por una gripe de nada. ¡Imaginaos si me da una pulmonía..! Porque os cuento solo una parte. Algunas cosas me las reservo porque no debo contarlas y otras porque no me parece justo machacar a los amigos.
¿Qué cómo me encuentro? ¡Mucho mejor, gracias...! Todavía me duelen hasta las pestañas y la cabra tiene que seguir pasándome los pañuelos, pero en un par de días más, espero estar dando guerra.
Dentro de un rato, voy a vuestras casas a ver que contáis, pero eso después de contestar a los comentarios del post anterior.
Os dejo una canción de esas que vienen bien siempre pero muy especialmente si uno está nostálgico, hay niebla espesa o ha estado viendo pasar toda su vida ante los ojos.
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"Noches de Moscú" Una canción tradicional rusa. La traducción literal es "Atardeceres de Moscú" pero ¿a quién le importa la literalidad con estas voces? Orquesta y Coros del Ejército Ruso " 2.51 megas. Formato .wma
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