Vale, vale, que ya sé que algunas veces tardo en cumplir lo que prometo, pero siempre cumplo, si es que antes no se me ha olvidado lo que prometí.
Café para todos. Las pastas no, que estáis pensando en las playitas y renegando de los michelines. No quiero agravar el problema.
Iré reponiendo tazas según se vayan vaciando estas, así que tranquilos que hay para todos.No sé vosotros, pero lo mío con el café es grave. Casi nunca lo bebo solo porque correría el riesgo de morir por sobrecarga cafeínica. Me encanta. Todo el santo día circulo por la casa acompañada de mi café con leche, servido en una taza de esas altas y anchas en las que cabe medio litro por lo menos. Y me llevo la misma dosis a la mesita de noche para que sea lo primero que vea por la mañana. ¡ A ver quién espera a llegar a la cocina para el primer café! Todos me dicen que soy mala bebedora de café porque lo tomo frío, con leche y endulzado pero yo no hago caso de habladurías. El café está ahí, a disposición, y nunca se queja por la forma en que lo prepares.
La planta del cafe es, según muchos estudiosos, originaria de Etiopía y Persia (el actual Irán) desde donde, alrededor del año 850 de nuestra era pasó a Arabia y de allí, a Venecia, para extenderse después por el resto de Europa, cuyos navegantes la extendieron, a su vez, por todo el mundo.
La más popular de las leyendas acerca del descubrimiento del café, refiere que un pastor etíope observó que sus cabras se volvían particularme inquietas (mucho más cabras que de costumbre) después de comer hojas y frutos de un determinado arbusto. Cortó una rama y la llevó hasta un convento cercano donde contó lo que había observado. Los monjes hicieron infusiones con las hojas y los frutos pero resultaron de un sabor tan amargo que decidieron que no servía para nada. Así que tiraron los restos de la cocción al fuego. Y sucedió que el calor del fuego destruyó la envoltura vegetal del fruto, las semillas empezaron a tostarse y un delicioso olor se expandió por el aire. Ser recolectado, tostado y consumido, ya solo fue "un pequeño paso para el hombre y un gran paso para la humanidad".
Después vino la historia de siempre; si es bueno, hay que prohibirlo. Muchas veces se ha vetado el consumo del café en el mundo y otras tantas ha vuelto con las banderas desplegadas, victorioso. De lo que me alegro infinitamente.
La Cabra se siente muy orgullosa de que sus antepasadas tuvieran un papel tan decisivo en el descubrimiento del café. Lo que me recuerda constantemente, por cierto.





