Después de más de tres años de ocultarme y disimular, comprendo que ya no puedo seguir viviendo con este engaño sobre mi conciencia. Es hora de decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad.
Desde hace dos posts que estoy en un sinvivir. No duermo, no como, y tengo que recurrir al mechero si quiero encender el hornillo de la cocina porque, de la misma angustia, no me sale ni una chispa de fuego por las fauces. Me da mucho corte haberos llevado al huerto con eso de; "Soy Trenzas, y tengo un gato y un canario..." etcétera, etcétera. Disculpadme, por favor.
La verdad pura y dura, es que soy un Dragón. Bueno, una Dragona. De las de verdad; de esas verdes con escamas, garras imponentes y una cola espinosa que para qué os cuento lo molesta que es. Durante mucho tiempo me hice la ilusión de que era humana y hasta intenté haceros creer, cuando metí la garra y escribí el post sobre mis iguales, que los Dragones no existen. Ahí fue donde la lié, porque Cartaphilus me desmintió y de pronto, el peso de mi culpa se hizo insoportable. De alguna manera, el engaño ya no me servía; no me sentía cómoda llevando el flequillo de la inexistente Trenzas.
Si alguna excusa tengo, es que la vida de Dragona es dura; muy dura. Tiene algunas ventajas también, no voy a negarlo. En primer lugar, vas al supermercado y ya puede ser larga la cola de la caja que, en cuanto apareces, te dejan todo el sitio libre. Y está lo de encender los cigarros y los fogones soplando un poquito sólo; y en dos zancadas, te plantas en cualquier sitio, y también me han dicho mis parientes chinos que, si quiero, puedo hacer que llueva. Lo he intentado, pero no me sale. Debe ser porque tengo poca sangre china. Los Dragones europeos no jugamos a hacer llover. Según parece, nos dedicamos más a dejarnos matar por los Príncipes Rescatadores de Princesas y por San Jorge. Lo que no me parece justo, todo sea dicho.
Pero existen muchos inconvenientes. ¿Os podéis creer que en este país no hay ni una sola incubadora para Dragones? Ni guarderías, ni universidades. Nada de nada en materia de educación ni de sanidad. Y de las viviendas ¿qué me decís?. No puedo dar ni un paso sin que tiemble todo el bloque y los vecinos se pongan de los nervios: "¡A ver si te quitas los tacones, que hay que dormir...¡" Culpa del piso, porque tacones no llevo; ni zapatos, si apuramos un poco. Pero lo que más me duele es que, a veces, se pasan de la raya. Han llegado a llamarme foca grasienta y vaca deforme. Insultos totalmente fuera de lugar, porque los Dragones no somos mamíferos, y que solo demuestran la ignorancia de esas personas que no han visto un Dragón en condiciones en toda su vida.
Os dejo la última foto que me tomaron en las prácticas de "Fuego Draconiano". Sólo conseguí soltar un poco de humo, pero el profesor me dijo que tranquila, que donde hay humo, hay fuego, y que ya aprenderé.
Para reconciliarme con mi familia, os dejo aquí la dirección de las galerías de sus fotos. Me han dado permiso para enseñarlas porque han visto que mi arrepentimiento es sincero ¡Ay...!


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