19 junio 2007

En vivo y en directo

Ya son tres los bloggers amigos que me han convocado a éste último (o penúltimo) meme que circula y en el que tienes que contar ocho cosas que definan un poco tu personalidad.
Creo que a lo largo y ancho de lo que escribimos y comentamos queda bastante clara nuestra forma de ser; qué nos preocupa, de qué nos reimos y cuales son nuestras preferencias vitales.
No obstante y para corresponder un poco a las confidencias que han dejado mis amigos en sus respectivos blogs, os contaré unas cuantas cosillas de las que nunca hablo aquí. O creo que no hablo, pero igual sí, y ni me he dado cuenta.
Veamos.
--No me gusta para nada hablar de moda. Para mí es un misterio lo que se llevó la temporada pasada o se llevará la próxima. Cuando tengo que comprarme ropa o zapatos, lo hago siempre obedeciendo a criterios de comodidad y funcionalidad y, si encuentro algo que cumpla esos requisitos, puedo comprar dos o tres pares de lo que sea (pantalones, zapatos, blusas...) exactamente iguales. Es un martirio tener que comprar algo especial para una boda o acontecimiento similar. Lo normal es que esa ropa especial acabe su vida olvidada en el armario, sin que me la ponga nunca más.
--No acostumbro a preguntar a las personas que conozco nada sobre su vida anterior al momento en que las conocí. Tampoco me gusta que me pregunten. Tiendo a suponer que, cuando nuestra mutua confianza se consolide, será el momento, no de preguntar, sino de contar libremente aquello que cada uno desee que el otro sepa.
--Soy una auténtica pelmaza en todo aquello que se refiere a mi trabajo. Repito una y otra vez las mismas cosas, todos los días y a todas horas. Siempre me asusta que algo se me escape, que no vea algún síntoma, que no me explique bien, o que no me entiendan.
--Odio el ruido de fondo con toda mi alma. Necesito silencio para leer, para escribir, para vivir.
--Me es imposible de todo punto ver la tele o escuchar música y no tener un trabajo entre manos. Suelo bordar, que es muy relajante.
--Me da mucha rabia no poder quedarme en la cama ni un minuto más que aquel en que me despierto. Al contrario que en la noche, cuando puedo pasar un buen rato leyendo antes de dormirme, por la mañana soy incapaz de quedarme acostada.
--Soy una obsesa del orden en mi casa. Aunque no siempre tengo tiempo para tenerlo todo como me gusta, cada cosa tiene su lugar establecido y ese lugar se conserva a lo largo de los años, aunque cambie los muebles o me cambie de casa. Libros, discos, películas, carpetas en el ordenador y todo aquello que lo admite, está colocado o guardado por orden alfabético de autor o título, según el caso. Quiero extender la mano y que allí mismo, en la punta de los dedos, esté lo que busco o necesito. Y para todo lo susceptible de ello, tengo una base de datos para consultar. Ya digo; una obsesa :)
--Nunca hago borradores de lo que escribo, ni aquí, ni en Trenzas y Rastas, ni en ninguno de mis otros espacios donde soy yo la que pone las palabras. O sale bien a la primera o adiós al posible escrito. Directo de la neurona a la pantalla. Sí que rectifico tildes, palabras repetidas y cosas así, pero nada más.
--No soy muy habladora, pero si el tema me gusta, puedo hablar hasta que me duela la lengua. Y si no sé nada de algo que me interese, y no sea personal, puedo preguntar hasta agotar la paciencia de cualquiera. En mi descargo decir que también sé escuchar muy atentamente y con toda la paciencia que se requiera.
--Lo peor que puedes hacerme es invitarme a salir cuando tengo un rato libre. No lo hagas, porque te diré que no. Mi casa es todo lo que necesito y el mejor lugar del mundo para mí. En todo momento. Y en su defecto, algún sitio perdido en cualquier montaña o campo lo más solitario posible.
Bueno, bueno..., creo que me he pasado y todo. No podréis decir los que me habéis convocado que no he cumplido.
Los demás, disculpadme por este alarde de personalismo. No lo haré más, lo prometo.
*
"Corazón, corazón" Versión de Chavela Vargas


13 junio 2007

13 de Junio del 323 adC

Si no me he equivocado contando, hoy se cumplen 2.330 años de la muerte de Alejandro Magno.
No podemos llevarle flores porque no sabemos donde está enterrado. Ni falta que hace. Así está a salvo el mito de este hombre que, en 13 años, conquistó el mundo.
A estas alturas y con todo lo que ha llovido desde que Alejandro montaba a Bucéfalo por casi toda la tierra conocida, yo no quisiera enterarme de si se le caía el pelo o de si tenía episodios de gastroenteritis, por ejemplo. Y lo sabríamos si se encontrara su tumba. Sacarían sus restos y se los repartirían los laboratorios del mundo entero: carbono 14, ADN, teorías sin fin sobre la causa de su muerte..., asesinato, intoxicación etílica, fiebre amarilla...
Supongo que entendéis que no digo que la ciencia no deba avanzar ni que no se deba llegar al fondo de cualquier cuestión que planteen los nuevos descubrimientos arqueológicos. Y tampoco digo que veamos la Historia en plan Hollywood, donde los malos son malísimos y los buenos, unos angelitos, pero me da pena dejar los mitos en manos de los científicos, la verdad.
Cuando era pequeña leía mucha historia (y sigo haciéndolo) pero me detenía con especial atención en la griega. Les tenía un poco de miedo a los espartanos, no me gustaba nada Filipo II por más que le diera tan buena educación a Alejandro, admiraba a Pericles que hizo de Atenas una auténtica maravilla y que amó a una mujer pública sin avergonzarse por ello, me daba rabia Platón que me parecía que sólo copiaba a su maestro, y me enfadaba a cada rato con los dioses del Olimpo que eran mucho peores que los mortales que creían en ellos y les adoraban. Y era una fan incondicional de Alejandro. Lamento decir que me alegró llegar al momento en que Pausanias mataba a Filipo II y se hacía posible que mi héroe subiera al trono macedonio.
Luego vinieron otros héroes: Saladino, Ricardo Corazón de León, El Cid, Jaime I...
Pero ninguno, ninguno como Alejandro Magno. Era mi héroe más amado, y ni siquiera el hecho de haberse casado con Roxana, consiguió que lo desterrara de mi corazón.

Quede este post como testimonio de que, alguna vez, fui una romántica empedernida.

*

08 junio 2007

Charlando con Teresa III

Teresa no recibe como todo el mundo. No dice buenos días, ni hola, ni nada parecido. Antes de dejarme entrar en su casa, tengo que contestar a una especie de encuesta acerca del tiempo, las noticias que ayer tarde escuchó en la tele, y si luego, cuando me vaya de su casa, tengo que ir a casa de otros enfermos o no. Así que, después de llamar al timbre, me apoyo tranquilamente en el marco de la puerta y me dispongo a mantener la diaria conversación previa a la entrada a su recibidor, donde me espera otra batería de preguntas, pero donde ya puedo descargar el peso del bolso y la carpeta de ejercicios que toca realizar. Luego, mientras me persigue por el pasillo, o yo la persigo a ella, según el día, me va contando las novedades que, básicamente, consisten en lo que vio, o creyó ver, las docenas de veces que se asomó a la ventana desde que la dejé el día anterior. Un hombre estuvo a punto de caerse al cruzar la calle, una mujer pasó cargada con muchas bolsas, una monja entró en la farmacia de enfrente, un guardia vino con la grúa a llevarse un coche...
Lo que su mente deduce de cada una de esas cosas da para escribir una novela. Casi puedes ver como le trabaja el cerebro sacando conclusiones a cual más peregrina, al mismo tiempo que gestualiza cada momento de la acción que desarrolla.
Poco a poco se va centrando en lo que hacemos y hoy tocaba tema filial: sus hijos,sus nombres, su fecha de nacimiento, cuántos viven, cuántos y cómo murieron. Y me ha contado ésto:
El primero que me nació, era precioso, pero precioso... ¡ay, que precioso era...! Todo el mundo tenía que ver con él. Tú sabes..., tenía los ojos azules, así, grandes, y antes se hacía una procesión dando vueltas alredor de la iglesia y todos los que lo vian, tenían que decirle algo. Yo le llevaba con un gorrito, así, para el sol, que no le quemara, y ese, el día de la procesión, era el primer día que le trajimos al pueblo. ¡Qué día tan bueno que pasamos...! Comimos allí y todo, que conocíamos gente mu maja y a la tarde, pero ya tarde, nos vinimos a casa. Y cenamos, y el niño también cenó, y se reía todo el rato y estaba precioso y cenó bien. Y se durmió, y mi marido y yo también nos acostamos y nos dormimos.
Un silencio y unos movimientos de cabeza, como negando, me han dado a entender, porque la conozco, que lo que seguía iba a dolerle, pero ha continuado hablando.
Al día siguiente, cuando amaneció Dios, mi marido se levantó para ir al campo, y miró la cuna. Tú ya sabes; antes las cunas las poníamos así, cerca de la cama grande, y mirábamos a los niños cuando nos levántabamos. Y mi marido vino a tocarme y me dijo: No te lo quería decir, pero el niño está muerto. ¡Mira...! ¿Pero cómo...? Sí, sí, está muerto... Y estaba, estaba.
Me mira y veo la incredulidad aún retratada en sus ojos. Me pregunta: Oye, ¿tú sabes de qué se moriría? Yo, que tengo un nudo en la garganta, apenas alcanzo a decir: No sé, Teresa. Va a mirar por la ventana un momento, mueve un poco la cabeza y vuelve a su silla.
El marido cogió la bicicleta y fue al pueblo a por el médico, pero cuando vino ya dijo que sí, que estaba muerto y que ya podíamos enterrarle. Pero, ¿cómo pudo ser eso? ¡Si era un niño precioso y había cenado bien...! Pero luego, mira, tú sabes que hay que ir a ver al cura para el entierro, pues el marido fue y el cura le dijo que no se podía enterrar en el cementerio porque no había hecho la comunión el niño. ¡Qué tío sinvergüenza, el cura...! ¿Qué te parece, eh, qué te parece?
Mal, me parece muy mal. No se podía negar a enterrarle en el cementerio. ¿No estaba bautizado?
¡Ah, claro que sí! ¡Menuda fiesta que armamos para el bautizo! ¡De todo había! Y el mala sombra del cura ese fue quien le echó las aguas. ¿Qué te parece, eh? Nos dijo que lo enterráramos en el corral. Y el marido lo enterró, con su cajita y todo, que nosotros la hicimos, pero yo no podía, no podía... ¡ay, Dios!, yo no podía ni pasar por la puerta del corral. ¡Es que no podía..!
Se le ahoga la voz en un llanto profundo que ya no tiene lágrimas y yo tengo que levantarme y hacer como ella; ir a mirar por la ventana un momento; a respirar.
Y al desotro día, el marido se fue en bicicleta a la capital, al juez, y el juez le dijo que teníamos derecho a que nos enterraran al hijo en el cementerio y le dio un papel y con los civiles, los guardias, sacaron al niño que estaba en su cajita, en el corral y se lo llevamos al cura, que ya se calló y nos lo enterró como Dios manda. ¿Qué te parece lo que nos hizo el tío ese, qué te parece? ¿Eso le estaba bien a un cura, eh? ¿A que no?
No Teresa, no le estaba bien, claro que no. Mueve la cabeza y se muerde los labios. Se frota los ojos con rabia; como si les castigara por no estar inundados.
¿Y tú no has estudiado eso? Eso de que los niños se mueran así, sin estar malos ni nada. Es que no sé que le pasó. ¡Si había cenado muy bien, y era un niño precioso, precioso, con cinco meses ya...!
Estoy a punto de hablarle sobre la muerte súbita en los niños, de decirle que se dan bastantes casos y que es algo para lo que aún no se tiene una causa clara, pero al final sólo le digo:
Teresa, usted no tuvo la culpa.
Y sé que no es ningún consuelo, porque ella me mira, mueve la cabeza en un gesto de negación y vuelve a secarse a manotazos unas lágrimas que no acuden a sus ojos.

05 junio 2007

Lo que no es política

Porque el terror no es política.
Porque amenazar no es política.
Porque matar no es política.
Porque el chantaje a un estado democrático no es política.
Porque intentar que vivamos con miedo no es política.
Porque estoy harta de encapuchados defendiendo lo indefendible.
Porque estoy harta de ver la sangre inundar las calles de mis ciudades.
Porque estoy harta de tanta palabrería inútil.
Porque estoy cansada de acudir a manifestaciones que a los asesinados ya no les sirven.

Y porque quiero a estos indeseables lejos de mi vida para siempre...



¡ETA, fuera...!

*

31 mayo 2007

A propósito de nada

Y es que es verdad. No tengo nada sobre lo que escribir. Bueno, quizá decir, por si aún no lo sabéis, que yo también HE GANADO LAS ELECCIONES. No se porqué voy a ser menos que todos los demás. ¿O es que no tengo derecho a ganarlas? Pues eso.
Y luego está el tema de la música, que no sé si estáis oyendo o no, porque es algo pesadita en kb (más bien en megas). Eso sí; es buena. Más detalles en Trenzas y Geranios , uno de mis otros espacios en la red. Es que en el servidor ya no me queda sitio para dos piezas musicales diferentes.
Si dejáis el blog en segundo plano y seguís con vuestra vida como si nada, en algún momento la música empezará a sonar :)
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Segundo día de intento de postear.
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Son las cinco de la madrugada así que perdonad si os he despertado con el ruido del tecleo. No es que esté desvelada. Es que ayer estaba tan cansada que me quedé dormida a las nueve de la noche, en el sofá, y mientras veía a Rafael Nadal jugar un partido contra un italiano llamado Flavio Cipolla, que también el nombrecito se las trae. Después de partirme de risa, sin mala intención, eso sí, dijeron los comentaristas que Cipolla se traducía al castellano por cebolla (menos mal) y ya no me reí más, porque las cebollas son, en sí mismas bastante insulsas y no dan mucho juego mental. Pero el apellido me recordaba algo y en cuanto me he despertado he ido a las estanterias de la biblioteca a revolver, y allí estaba; un libro muy divertido de un señor llamado Carlo M. Cipolla. El título: "Allegro ma non troppo" que, contrariamente a lo que pueda pensarse, no trata de música, sino de cocina. Bueno, más concretamente del papel de las especias en el desarrollo económico de la Edad Media. Lo escribe en clave de humor y el libro resulta muy ameno. Mucho más que las cebollas en su conjunto. Os transcribo una cita de Felipe de Vitry, secretario de Felipe VI de Valois, rey de Francia, y que Cipolla toma para ejemplificar lo que viene explicando en su libro.
"Para escapar de las calamidades que la amenazaban, la sociedad se organizó en tres estamentos. Uno se encargó de rezar al Señor Dios Padre. El segundo, se dedicó al comercio y a la agricultura. Y, por último, para proteger de las injusticias y agresiones a las dos clases antes mencionadas, se crearon los nobles"
A simple vista, no parece tan diferente de la forma en que hoy día se organiza nuestra sociedad. Salvo por "el cuarto poder", que entonces ni se sospechaba que pudiera llegar a existir, los otros han llegado con bastante salud hasta nuestros días. Con los nombres ligeramente cambiados, eso sí, pero en el fondo, en el fondo..., yo creo que son los mismitos. Y naturalmente que los poderes primero y tercero de esa lista, en la Edad Media y ahora, no se puede decir que cumplan exactamente con sus cometidos. La cita del señor de Vitry sigue vigente, en su sentido contrario, tal y cómo dice Cipolla en su texto.
Pensándolo bien, creo que las cebollas van a empezar a gustarme.

30 mayo 2007

¡Upsss...!

Iba a postear alguna cosa y ahora resulta que tengo que irme.
Luego vuelvo. O no; ¡yo que sé...!

26 mayo 2007

A vuestra solicitud

¡Y menos mal que habéis insistido en que viniera, porque si tuviera que esperar a que Trenzas me dejara escribir aquí motu propio, ya podía sentarme...!
Lo que no me ha quedado claro es sobre lo que queréis que opine, porque hay varias posibilidades. Veamos:
-Que opine sobre el post de Trenzas "La Opinión".
-Que opine sobre lo que vosotros opináis de la opinión de Trenzas.
-Que opine sobre la opinión, también llamada doxa.
-Que opine sobre la oportunidad, o no, de traer a colación a los griegos muertos hace 2000 años en relación con el ambientillo electoral que vivimos ahora que, por otra parte, es como de segunda división porque no son elecciones generales
¡Ah, no! Ésto último, descartado, que hoy es jornada de reflexión y no quiero influir de ninguna manera en el voto que tengáis pensado emitir.
Cómo Trenzas sale a trabajar dentro de poco y tiene la costumbre de desconectar el ordenador para que los gatos no se dediquen a mirar páginas con encantadoras gatitas, parcialmente desprovistas de su pelaje, tengo que darme prisa en opinar sobre algo, y he decidido opinar sobre las ovejas.
Ahora que lo pienso mejor, creo que no, que tampoco voy a opinar sobre las ovejas. En estos días la cosa ésta del rebaño (ir a votar como un rebaño, comportarse como un rebaño, ser tan estúpidos -los oponentes- como un rebaño, etc. etc..) puede herir susceptibilidades. Alguien podría sentirse identificado. Hasta me da apuro hablar sobre "El silencio de los corderos" no sea que me acusen de hacer apología de la abstención.
Creo que de una cosa sí puedo hablar tal día como hoy y es sobre las cabras que, como todo el mundo sabe, siempre tiramos al monte. Nos chifla lo montaraz y lo de "ir por libre" y después de cumplir con nuestra obligación sobre la cuota de leche, queso y cabritillo por año, en el resto no nos gusta que se meta nadie.
Y eso bien lo sabe Trenzas que, inútilmente, pierde el tiempo intentando llevarme al redil. Al redil, van sólo las ovejas, obedientemente seguidas por sus corderitos. Nosotras, las cabras, dormimos en cualquier parte y comemos lo que haya, pero gozosamente sueltas.
Claro que unas buenas manzanas, nunca sobran.

17 mayo 2007

La opinión

La Opinión es un buen nombre para un periódico. De hecho, creo que habrá unos cuantos cientos en el mundo que lo lleven, porque si hay algo que nos vuelve locos de entusiasmo a los humanos es dar nuestra opinión, nos la hayan pedido o no.
Esto es particularmente visible en época de elecciones. Ya sabéis que procuro no hablar del tema, porque soy un animal apolítico, casi del todo. El casi que falta es el necesario para intentar no caer en estupideces varias, que no es que lo consiga siempre, ni mucho menos.
Tampoco suelo escribir sobre religión, ni sobre fútbol, ni sobre otros asuntos que no se presten fácilmente a divertirse un poco sin ofender a nadie. Ese es, al menos, mi propósito.
Básicamente, intento reírme de mí misma cuando vengo a dejar aquí parte de mis pensamientos que, en puridad, no son tales, porque jamás pienso antes de escribir, lo que voy a escribir.
Tampoco hoy he pensado nada antes de venir a teclear, pero supongo que el "ambiente" me ha podido y me ha sido imposible evitar la idea de "la opinión".
Los griegos la llamaban doxa y era uno de los grados del saber. Un hombre ilustrado sabía que su doxa no era un dogma inamovible; era consciente de su valor relativo y de que era equivocado darle a su opinión un valor de verdad objetiva o absoluta.
La opinión es, en principio, una forma de saber y, por ello, requiere un determinado grado de conocimiento sobre aquello de lo que opinamos. Y también es requisito imprescindible para opinar, tener la conciencia clara de nuestra falibilidad. Mi opinión no tiene porqué ser la buena, ni la mejor, ni la única. Lo imprescindible, al dar nuestra opinión, es estar dispuestos a escuchar la de los demás, a respetarla e intentar comprenderla. Y si no la comprendemos, no nos pongamos a pontificar interminablemente sobre la verdad de la nuestra, por favor, porque hasta resulta un tanto ridícula la insistencia de muchas personas en imponer su opinión a los demás.
Las ideas que tengamos son las nuestras y no debemos olvidar que el resto del mundo tiene las suyas propias. Y no sólo eso, sino que son tan dignas de ser tenidas en cuenta como las que nosotros defendemos.
Mi opinión sobre cualquier asunto, es la mía y estará basada en lo que sé y, en mayor medida, en lo que ignoro. Si tengo esto claro, ya sé que me habré equivocado (y me equivocaré en el futuro) las veces suficientes como para no empecinarme en mantenerla a toda costa.
Y aún sabiendo que no sé nada, no me digáis lo que debo opinar, si no queréis que me enfade.
Acepto, eso sí, y en cualquier momento, escuchar atentamente vuestras opiniones.
Lo que piensa la cabra de todo esto, os lo cuento otro día.

08 mayo 2007

El miedo es libre

Dejé el teléfono en su soporte, me volví y ahí estaba. Mirándome. Justo en el centro de la salita, que es como decir tapándome todas las salidas. Lo único que podía hacer era esconderme detrás del mueble del televisor pero como es más bien pequeño y bajito, no servía de mucho.
Los gatos no se veían por ninguna parte. Los llamé bajito: "Gatos, gatos, gatos.."
Nada. Estarían durmiendo como ceporros debajo de alguna manta, que no entiendo como pueden llegar a ser tan frioleros los dichosos gatos.
No sabía que hacer. La situación era peligrosa y yo estaba descalza y totalmente desarmada, si exceptuamos el teléfono, pero no iba a poner en peligro toda la agenda de direcciones, que no veas lo que me cuesta volver a ponerlas en la memoria.
No me atrevía ni a respirar, esperando el próximo movimiento del/la intruso/a, porque a la distancia que estaba, unos dos metros, no podía distinguir si era un él o un ella.
Con sumo cuidado, alargué el brazo y levanté el cajón forrado de peluche que usan los gatos para dormir, cuando no están dormidos en ningún otro sitio. Lo dejé en el suelo, a mi lado y luego, extremando las precauciones, me subí encima. ¡Ufffff...! Mi posición había mejorado considerablemente. Ahora ya podía arriesgarme y grité. "¡Gatosssss..!"
Al minuto, más o menos, aparecieron los dos, bostezando y estirando las patas como si fueran a emprender una competición. Yo lo que quería era que sacaran las garras, pero nada. Se sentaron delante de mi, mirándome. Una muda interrogación se reflejaba en sus tres ojos (recordad que uno es tuerto) Sé que pensaban: "Y ahora, ¿qué tripa se le ha roto a ésta?"
Yo les señalaba, desesperadamente, al intruso/a, y les azuzaba un poquitín. "¡Vamos, vamos, dad una carrerita por ahí en medio a ver que hace...!"
Por fin, el tuerto, que es el más grandote, dio un par de pasos marcha atrás, volvió a sentarse y arrastró el rabo por el suelo en un movimiento de vaivén, justo en las narices del intruso/a.
Como no se movió, me arriesgué a bajar del taburete y cogí un zapato. En ese momento, el gato, que seguía mis movimientos con la vista, se dio cuenta de lo que pasaba y alargó una zarpa hacia el enemigo, dándole un buen empujón. Yo dí un grito y me subí al sofá, pero enseguida vi que no hacía falta. La cucaracha estaba muerta. Allí, en medio de la salita, se le había ocurrido venir a morirse, justo mientras yo hablaba por teléfono de espaldas a todas las puertas. Le di un buen zapatazo, por si acaso, y la tiré al inodoro, tirando agua cuatro o cinco veces para mayor seguridad.
Con el miedo y las prisas, se me olvido comprobar si era un él o una ella, aunque tampoco hubiera servido de nada, porque el idioma es limitado y no existen, de momento, los cucarachos. Por lo menos hasta que alguna agrupación machista lo reivindique. Claro que me producirán el mismo terror, se llamen como se llamen.

28 abril 2007

Publicidad subliminal

Estos días tengo muchísimo trabajo, como ya estáis hartos de saber. Por ese motivo ando las calles más despistada de lo que acostumbro y sin tiempo para ir leyendo todo lo que se pone al alcance de mis ojos y no me obligue a parar. Normalmente, no necesito comprar el periódico, porque en mis recorridos callejeros hay tantos kioscos que, titular a titular, me voy enterando de lo importante y así, cuando llego a casa, ya sé que ganó el Chelsea, o que otro coche bomba ha estallado en Bagdad.
Pero hoy he visto un panel publicitario que me ha hecho frenar en seco. Ocupaba toda la parte trasera de un autobús y rezaba:
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"¿Tu novi@ te ha puesto los cuernos?
Véngate vendiendo sus posesiones más preciadas"
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Más abajo, la dirección del establecimiento donde puedes vengarte a placer vendiéndoles el modelito de Armani o la Harley Davidson de tu infiel pareja.
El caso es que se me ha quedado el cuerpo rarito y el cerebro echando humo. Si lo que se proponía el anuncio era dar que pensar, conmigo ha funcionado. Llevo toda la mañana dándole vueltas. Y cuando el humo ya amenazaba con pasar a mayores y convertir mi materia gris en una pura llama, he logrado entender el fin que persigue tan prodigiosa publicidad.
Supongamos que me entero de que mi novio me está engañando y, supongamos también, que ese engaño se produce mientras yo tengo al alcance alguna de sus "preciadas posesiones". Como estoy rabiosa por su comportamiento puede urgirme el deseo de meterme con la pobre Harley Davidson y rayarle la pintura, echarle azúcar en el depósito de la gasolina o ácido sulfúrico en el motor, con lo cual me vengaría aunque no obtendría beneficio económico alguno. Estaría vengada pero igual de pobre. Además, esos daños pueden repararse, y mi satisfacción duraría poco. En cambio, si vendo la moto, la cosa es diferente. Mi novio va a tener muchos más problemas para recuperar su preciada posesión y se va a enfadar tantísimo que es posible que me insulte a gritos y que amenace con trocearme y tirar mis pedacitos al mar para que sean pasto de tiburones, lo que me dará ocasión para ponerle una demanda por malos tratos y daño psicológico grave (se entiende que a partir de ese momento, voy a tener miedo hasta de mi sombra) y haber imposibilitado mis futuras relaciones de pareja, con lo que, sencillamente, me habrá destrozado la vida. El daño comparado entre objeto (moto) y persona (yo) infaliblemente inclinará la balanza a mi favor en el juicio subsiguiente. Y según fuera la relación mantenida, hasta tendría derecho a una pensión alimenticia y a quedarme con el pisito.
Al llegar a este punto, ya me han quedado claros los contenidos subliminales del mensaje publicitario.
1-Es mucho mejor tener un novi@ adinerad@.
2-Procura que sus "preciadas posesiones" estén a tu alcance.
3-Tú sólo vende la moto y conserva la sangre fría. No le insultes ni le amenaces. Eso dejáselo a él.
4-En cuanto se ponga histérico, echa leña al fuego para que los vecinos oigan sus palabrotas y amenazas.
5-Llama a la policía o denuncia inmediatamente. Mejor si puedes demostrar que ese granito en la nariz, te ha salido por culpa del susto.
6-La tienda que te ha comprado la Harley, tiene a tu disposición un gabinete jurídico que llevará tu defensa por un módico porcentaje (40%) de lo que te concedan.
(Huelga decir que lo mismo vale para el modelito de Armani, pero me hacía ilusión eso del ácido sulfúrico en el motor)
Y si no permito que "se me vaya la olla" tengo que ponerme a calibrar si será cierto que la venganza es la única solución a los conflictos, o si lo que pasa es que anunciante y publicista son idiotas de nacimiento. Porque si me da por pensar que ese tipo de publicidad es reflejo de lo que la sociedad demanda, voy a tener que suicidarme.

17 abril 2007

Manu militari

No quiero escribir un post beligerante (o sí, ya veremos) pero lo cierto es que me duele en el alma que en Argentina, hace ya un par de siglos, obligaran a unos pobres soldados a cortarse las trenzas. Y como no quisieron, fusilaron a unos pocos.
Le he dejado leer la historia a la Cabra y mejor no os digo cómo se lo ha tomado. Ya estaba bastante mosca con lo del motín de Esquilache y todo el lío de las dimensiones que debían tener las capas de los ciudadanos y ahora, las trenzas al paredón. Ha concluído, con cierta dosis de razón, que no hay derecho a que uno no pueda llevar las capas arrastrando o las trenzas hasta el trasero, si le da la gana.
Y encima, que se impongan las prohibiciones manu militari
Ya le he dicho que esas cosas pasaron hace mucho y que no hay porqué preocuparse. Y que, de todas maneras, ella no lleva capa y mis trenzas son virtuales. Podría decirse que estamos relativamente a salvo. Pero no la convenzo. Insiste en que la manu militari sigue existiendo, disimulada bajo leyes, ordenanzas, decretos, manipulaciones informativas, directrices políticas y disciplinas de partido. Y que puede que sea verdad que ya no nos fusilen el cuerpo, pero el alma, nos la fusilan todos los días.
Yo no quiero meterme en esos berenjenales. Que se meta ella, que no tiene que salir a trabajar y puede estar rumiando ideas y hojas de ficus todo el santo día. A mí no me da tiempo sino para ducharme y salir zumbando con el flequillo al viento.
Y por cierto, que hoy no ha sido posible lo del flequillo. Ha amanecido un maravilloso día de primavera en calma total.

***
A mis amigos argentinos, entendiendo por argentinos toda la extensión que Argentina tenía en 1810, decirles que la Cabra y yo sabemos que no fueron sólo las trenzas lo que provocó que Belgrano ordenara fusilar a algunos miembros del Regimiento Patricios, que, por cierto, cumplió 200 años en 2006 y este 2007, recordará su heroica defensa de Buenos Aires.

Regimiento Patricios para saber más.

12 abril 2007

La distancia, sabes, es como el viento.

"Apaga el fuego pequeño, pero enciende aquellos grandes"
Dicho de otra manera: os echo mucho de menos :(
Vuelvo pronto, espero. Mientras tanto, os doy permiso para que me añoréis :)

02 abril 2007

Mach 1 versus Trabch 1

Mach 1 era una ilusión que tenían los que se dedicaban a la aeronaútica hace bastantes años. Y la consiguieron. Romper la barrera del sonido, conseguir ese Mach 1, está tan superado que creo que algunos aviones ya van por el Mach 7 y casi nadie le da importancia.
Y es que es mucho más dificil conseguir velocidad en la tierra y, en particular, si hay que conseguirla trabajando.
Estoy en ello, estoy, tranquilos. Como Mach 1 es un nombre registrado, me he inventado ese Trabch 1 (Trabajo a 333 m/s) y un día de éstos consigo hacer todo el trabajo que me echen y que me sobre tiempo para dormir, comer, y hasta para ir con tranquilidad a haceros una visita y charlar un poco.
Y es que la primavera, fuera de El Corte Inglés, es un auténtico martirio, digan lo que digan. Todos mis abuelos adoptados (excepto Teresa) están malitos o muy malitos o peor y no hay otra sino conseguir ese Trabch 1 para ir llegando a todas partes.
Igual me queda tiempo para haceros alguna visita, o resulta que con tanta adrenalina suelta, una noche no puedo dormir y os visito a todos, pero si no es así, que sepáis que ando por aquí, por la tierra, intentando conseguir ese Trabch 1.

18 marzo 2007

La Imaginación toma el Poder

El título es una frase anónima (que yo sepa) que apareció en las paredes de la Facultad de Ciencias Políticas, en París. Mayo del 68, el famoso mayo francés. Es que he estado leyendo el libro "Último Round" de J. Cortázar y hay una parte dedicada a reflexiones y poemas que le inspiraron aquellas fechas. Normalmente decimos la frase abreviando un poco para darle más fuerza impositiva. Algo así:

"¡¡¡LA IMAGINACIÓN AL PODER!!!"

Y sin tantos signos de admiración, es el título de un libro, escrito al alimón por Daniel Cohn-Bendit (el pelirrojo estudiante de todas las fotos), Jean Paul Sartre y Herbert Marcuse, dándole vueltas a las causas y los efectos de aquella explosión de libertad, que luego quedó en poco más que un cólico político. Eso creo, al menos.
Y ya sé que os estáis preguntando a que viene tanta palabrería sobre el siglo pasado.
La culpa es de mi amiga Palabras errantes que ayer, cuando yo presumía, en un comentario en su blog, de hablar bien el argentino, me contestó ésto:
"Argentiñol!!!!! A ver...sólo te salió bien el "che" . Ops! :)"
Hay que ver que desconsiderada es, con lo mucho que yo me esfuerzo en decir "¿viste?", en lugar de "¿has visto?" que sería lo correcto, o "vos sabés" cuando debiera decir "tú sabes".
En un primer momento, os confieso que pensé "¡pues ahora voy y ya no le hablo más, ea!", pero claro, eso es imposible, porque yo no puedo pasar sin Palabras errantes . Pensé un poco más y entonces fue cuando me acordé de Cortázar, y de todo eso del poder y la imaginación.
Así que, por el poder que me otorga el ser la destinataria de la palabra imaginada-inventada por mi amiga, declaro que en este blog se permite comentar en Argentiñol, Uruguañol, Mexicañol, Chileñol, Peruañol, Catalañol, Valenciañol, Gallegañol, Español y cualquier otro idioma susceptible, sin grave daño, de llevar los sufijos "ñol o añol"
Quedan excluidos aquellos idiomas para los que sea necesario cambiar el teclado a cirílico, japonés o árabe porque eso sí iba a ser una complicación.
Y ya sin más, queda inaugurado este pantano, digo, este post.