Hace años, mi amigo F. pasaba por el trago de una separación matrimonial; traumática como todas, pero mucho más para él, porque estaba muy enamorado de su esposa. Con esa facilidad que da la comunicación via ordenador (queda para otro momento si se es sincero o no) sin habernos visto nunca, se creó un vínculo muy especial. Él me contaba su drama y yo intentaba serenarle y hacerle sonreír.
Empecé a escribirle disparatados cuentos y a ponerle letras cómicas a las canciones de cuna. Me divertí mucho y creo que a él le sirvió, en algunos momentos.
El "cuéntame un cuento" o "cántame una canción" se convirtió en una petición frecuente. Y allí mismo, en el directo de un canal de IRC, le escribía historias que siempre empezaban con el "Érase una vez.., una linda princesa, un apuesto príncipe, una malvada bruja.." Y todos, o casi todos, acababan felizmente.
Algunas veces, los cuentos tenían que quedar a medias, porque se hacía tarde y al día siguiente, allí estaba F. preguntando "¿y que pasó después?"
Imagino que lo último que se les pasaba por la cabeza a los frecuentadores del canal de IRC en que nos leíamos, es que la cosa fuera tan inocente como eso, porque en cuanto aparecía alguno de los dos, entrábamos en un privado a seguir con nuestros cuentos. Cuentos; en su versión más blanca.
F. se me perdió cuando, en un momento trágico de mi vida, tuve que dejar toda actividad que no fuera la supervivencia; y no sólo la mía, que eso no hubiera sido tan malo. Cuando pude volver, no logré encontrarlo. Siempre he lamentado no saber, al menos, su dirección electrónica. Habría querido explicarle porqué ya no podía cantarle nanas o encontrar princesas para él.
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"Loco Soñador" Los Tamara, sobre un poema de Rosalía de Castro. 3.39 megas
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